Una médica de 30 años deja la pública: 10 guardias de 24 horas al mes
¿Cuántas guardias de 24 horas aguanta un especialista antes de plantearse mandarlo todo al carajo? En una comunidad gobernada por el PP, una médica de 30 años, especialista quirúrgica, ha dejado su plaza de interina en un hospital público para irse a la privada. No es un caso aislado: en su especialidad hay vacantes sin cubrir en todos los hospitales de la comunidad, y eso obliga a quienes quedan a un régimen de
9 o 10 guardias mensuales de 24 horas, días de desplazamiento a hospitales comarcales y peonadas por las tardes.
El goteo no se limita a la privada. Hay compañeros que se marchan a otras comunidades con mejores condiciones laborales, y hay profesionales de otras categorías, como una enfermera del entorno cercano, que también ha cambiado de destino: cobra menos, pero tiene mejores horarios y mejor ambiente. El resultado es el de siempre: cuanto más se vacía la plantilla, más carga cae sobre quien se queda.
¿Qué son las guardias localizadas y cuánto se pagan?
No todas las guardias implican dormir en el hospital. En las localizadas, el médico está disponible sin necesidad de estar presencialmente, y le pueden llamar al busca a cualquier hora del día. Se abonan a unos
200 euros diarios. Si le llaman tres veces o más, se paga como si la jornada hubiera sido presencial.
¿Se arregla con más plazas MIR y más facultades?
La oferta formativa crece, según los datos que manejan quienes participan en el debate: el número de plazas MIR ha subido en los últimos diez años hasta superar las
8.600, y se apunta a un aumento de
1.500 plazas en el cupo de acceso a Medicina en los próximos años. Quien defiende esta vía sostiene que a más residentes formados, más probabilidad de que se queden, y recuerda que la sanidad es de los pocos sectores donde se cubren todas las plazas: con más oferta, se cubrirían igual.
El escepticismo viene de otro lado. Formar especialistas no garantiza retenerlos: hay quienes renuncian a la plaza asignada y quienes, tras uno o dos años de residencia, la dejan para volver a examinarse y elegir otra especialidad. Y hay destinos a los que nadie se muda ni con el mejor sueldo. En la elección de Medicina de Familia, según se sostiene en el debate, la Comunidad de Madrid fue el único territorio donde se cubrieron todas las plazas en primera ronda.
El sueldo del médico público, ¿bueno o malo según con quién se compare?
Aquí el desacuerdo es total. Se argumenta que los sueldos de la sanidad madrileña son bastante buenos comparados con los de cualquier otro sector, y que en Castilla se cobra más, aunque el problema no sea el salario sino el destino: en los pueblos no quiere trabajar nadie, por mucho que se pague. La comparación con el conjunto del mercado laboral, sin embargo, plantea dudas: no es habitual que una profesión con título universitario encadene ese volumen de guardias, y hay quien menciona ofertas fuera de España y el caso de una cardióloga que se quedó en Estados Unidos con un contrato muy superior como posible explicación del flujo de salida.
MUFACE: la puerta que los funcionarios ya usan para elegir privada
El caso de los funcionarios añade una capa de ironía. MUFACE es un sistema de aseguramiento público en el que se puede elegir entidad sanitaria, o el sistema público o una entidad privada concertada, con la misma cartera de servicios garantizada en ambos casos. De ahí sale la acusación recurrente de que hay quien abandona su propio sistema. La respuesta de quienes defienden lo público es que la sanidad privada española no es un hospital de referencia internacional: trabaja a menudo con los mismos médicos, con tecnología no siempre mejor, y su ventaja real es la barrera de entrada del pago, que le quita presión asistencial. Cuando el caso se complica, es el propio especialista privado quien manda al paciente de vuelta a la
sanidad pública.
El mismo problema, con acento británico
La escena tiene precedente. En el Reino Unido el servicio público de salud arrastra años de falta de personal, con médicos de baja y centros de salud incapaces de admitir nuevos pacientes. Se sostiene que el desmantelamiento progresivo busca hacer más atractivo el negocio privado, sospecha que quienes la plantean admiten como sospecha y que no viene respaldada por ninguna prueba. También se discute el modelo: hay quien sostiene que los sistemas de cobertura universal financiados con impuestos quedan expuestos a la presión de quienes acceden a ellos sin haber cotizado, mientras que los esquemas contributivos, tipo alemán o francés, permitirían sostener la sanidad sin esos agujeros. Es un debate que ningún país ha cerrado.
El balance, por ahora, es el de una cuenta que cuadra por el lado equivocado. Cada especialista que se va deja una vacante que no se cubre y engorda la lista de espera del que se queda.