Su mujer ignoró la crisis en 2007: hoy le pide 40.000 euros
Avalar un coche de lujo se firma en un rato y se paga durante años. Comprar media casa en la playa para que un banco no ejecute la otra mitad, ya es otro nivel. Entre esos dos extremos discurre la economía doméstica de un matrimonio que en 2007 se peleó por adquirir un piso en plena burbuja inmobiliaria, que lleva desde entonces discutiendo por dinero y que, según su propio relato, acaba de cerrar otro préstamo interno:
17.000 euros entregados tras una petición inicial de
40.000, a devolver en 17 mensualidades de 1.100 euros. El autor del relato dice trabajar en Avon y describe su papel, con ironía, como el de un expendedor de leuros en su propia casa.
El piso especulativo de 2007 y dos BMW consecutivos
El primer desencuentro fue inmobiliario. En 2007 ella quiso comprar un piso «en plan especulatorio». Él se negó alegando la crisis que ya se intuía. Ganó ella:
los pisos nunca bajan y se venderían cuando quisieran. El hombre aportó
10.000 euros contra su voluntad. La suerte, y un promotor que no terminó a tiempo, devolvieron el dinero con intereses. Es el único capítulo de esta historia con final feliz.
Ese mismo año, ella adquirió un
BMW de 40.000 euros puesto a nombre de él. Tres años después quiso repetir la jugada con otro BMW del mismo importe. Él puso la línea roja: ni avales ni titularidades. Vino entonces lo que el afectado describe como guerra psicológica diaria, con el argumento de que él no quería verla con un coche bueno. El desenlace fue el contrario del prometido: acudió a la financiera con sus nóminas y firmó el aval. Resultado,
700 euros al mes de cuota por un capricho, mientras él sigue comprando vehículos de segunda mano.
¿Cuánto cuesta mantener una casa de 350 metros cuadrados?
La foto del día a día no es más tranquilizadora. Tres hipotecas vivas, un coche, otro préstamo del negocio y un alquiler comercial de
7.000 euros mensuales. La cifra que resume el conjunto es la que aporta el propio afectado: haría falta ingresar cerca de
35.000 euros al mes para sostener el ritmo. Con ese panorama, la casa —350 metros, cuatro habitaciones, tres baños y jardín— se completa con un cerramiento de aluminio para poder planchar,
3.000 euros de obra que él considera innecesaria. El propio afectado insiste en que lo necesario es comer y que, a ese ritmo, se pasará hambre. Y una habitación entera de ropa con etiquetas, además de unos 200 pares de zapatos, completan el cuadro.
La casa de la playa, el cuñado instalado y 127.000 euros
El capítulo más caro empezó con un negocio montado por la mujer con su hermano, sin consultar ni pedir consejo. Al separarse del socio hubo que abonarle la mitad:
22.000 euros puestos por él y un préstamo firmado de
40.000. Después llegó la ruina del cuñado, descrito como derrochador de manual, con un Mercedes CLS comprado en cuanto vio caja el primer día y un Jaguar que cedió a un amigo. Como su casa de la playa avalaba el negocio familiar, hubo que comprarla para evitar la ejecución:
127.000 euros más 12.000 de gastos por un inmueble que hoy vale menos de
80.000. Y desde el verano anterior, el cuñado vive allí con su nueva pareja sin trabajar, con los impuestos, la luz y el agua a cargo de la casa.
Dejar de firmar, separar bienes o divorciarse: tres salidas sobre la mesa
La conversación derivó rápido hacia el terreno patrimonial. Una corriente defiende la separación de bienes inmediata, incluso con cesiones, porque el objetivo es desvincularse de los avales antes de que llegue el susto. Otra apunta a un camino intermedio: mantener el matrimonio y cortar la financiación, aceptando que el conflicto doméstico será peor durante una temporada. Y una tercera sostiene que el problema no es ella sino él, un consentidor crónico que confunde el amor con la firma. Varios intervinientes subrayan que el peso de las cuotas y los intereses es lo que desangra el patrimonio.
El relato termina sin una decisión tomada: el afectado admite que sigue cediendo y que el conflicto permanece abierto.