Los tests de ADN étnico cambian tus resultados: ¿ciencia, negocio o invención?
Una persona que se hizo un test de ADN hace tiempo comprueba que, tras una actualización del algoritmo, sus porcentajes de origen étnico cambian por completo: desaparece un 15% sardo, aparece un 8% francés, y su progenitora, que tenía un 20% griego, no le ha transmitido ni una muestra. No es un caso aislado: decenas de consumidores reportan cambios drásticos en sus resultados sin que haya cambiado su genética.
El algoritmo que reescribe la historia
Las empresas de análisis genético actualizan sus algoritmos para interpretar la ancestría. La principal señalada es MyHeritage, que según los afectados, modificó sus categorías de «españoles étnicos» a «españoles modernos». El resultado: muchos españoles ahora ven aparecer genes amerindios o joven en su perfil, mientras que en Bélgica los usuarios con aspecto europeo reciben genes jovenlandeses o joven.
Otro consumidor narra que en su primer análisis aparecía como «70% ibérico» y ahora es «80% español», con categorías que mezclan territorio y política. Una pareja vio cómo ambos recibían el mismo desglose (8,4% escocés, 6,2% Grecia/Italia, 5% Italia) a pesar de no tener antecedentes conocidos.
El negocio de los datos genéticos
El precio del kit es la pista más reveladora: hace años costaba casi 100 euros, hoy se encuentra por 30 euros y en oferta por 19 euros. Si el margen por venta se desploma, el valor real de la empresa está en la base de datos de ADN de sus clientes. Pagar por entregar tu información genética más privada es, para muchos, un mal negocio.
A esto se suma la desconfianza. Se recuerda la filtración de una de esas empresas en la que se metían «diversidad» inventada en los resultados. Otros advierten de webs donde subir el fichero genético, pero con bases de datos obsoletas.
¿Qué hay de cierto tras los porcentajes?
La genética de poblaciones es una ciencia compleja, pero los resultados al consumidor son inferencias estadísticas basadas en muestras de referencia. La mayoría de los análisis se venden como estimaciones, no certezas. Sin embargo, la magnitud de los cambios (de 15% a 0%) es difícil de explicar solo por variación estadística.
La regulación comparada añade otro dato: en Israel, este tipo de pruebas está fuertemente restringido. No se pueden comprar kits libremente y se requiere una orden judicial. Así se evita que se usen para probar paternidad o descendencia alubia. La facilidad con la que aquí se cede esta información contrasta con esa cautela.
La oferta por 19 euros deja la pregunta más incómoda: ¿cuánto vale tu ADN para una empresa que no te cobra caro el kit? Quizá la respuesta no esté en el porcentaje de sardo o griego que te asignan, sino en el negocio de guardar tu saliva para siempre.