Los incels que se casan con rusas son un peligro para Occidente. Parece que es frecuente entre los militares casarse con una espía rusa. Rusia es un problema y siempre lo será hasta que sea dividida y reducida a 100 microestados controlados.
theobjective.com
La alerta saltó en Rheindahlen, el gran complejo militar del Reino Unido y la OTAN en Alemania. Ubicada en Mönchengladbach, en el estado federado de Renania del Norte-Westfalia, se trata en realidad de una ciudad militar. En su momento de máximo apogeo durante la Guerra Fría, el complejo funcionaba como una pequeña localidad independiente de más de 400 hectáreas, donde vivían unas 12.000 personas, la gran mayoría militares británicos junto a sus familias. Contaba con más de dos mil edificios, que incluían sus propias escuelas, iglesias, cines, centros comerciales y zonas residenciales. En 2013, toda esta vasta base militar fue cedida al Ejército alemán dentro de un plan de reducción de presencia militar británica en tierras germanas tras la reunificación del país.
Una noche de 2009 se organizó en Rheindahlen una fiesta con oficiales de países aliados. Un mando español destinado en las oficinas de la OTAN decidió llevar a su esposa rusa, con la que se había casado un poco antes en su anterior destino en Roma. Los británicos se quejaron de su presencia al Gobierno español y el Ministerio de Defensa ordenó investigar el perfil de todos los militares españoles que tuvieron acceso a documentos sensibles de la Alianza Atlántica y estuviesen casados o emparejados con rusas y otras mujeres de la antigua URSS.
El resultado es que a ocho de ellos se les retiró de un plumazo la llamada Habilitación Personal de Seguridad (HPS) que el CNI expide a altos cargos, diplomáticos y mandos militares que, por sus respectivos puestos, deben acceder a información clasificada como confidencial, reservada o secreta. Este permiso se renueva con cada cambio de destino o, en su defecto, cada cinco años. Aquella decisión se tomó con Alberto Sáez aún al frente de los servicios secretos y en plena psicosis por el caso Roberto Flórez.
Una fiesta alemana desató una caza de brujas contra militares españoles casados con rusas
Corría el año 2009 y el servicio secreto español aún digería el caso Roberto Flórez, el espía detenido dos años antes por vender documentos confidenciales
La alerta saltó en Rheindahlen, el gran complejo militar del Reino Unido y la OTAN en Alemania. Ubicada en Mönchengladbach, en el estado federado de Renania del Norte-Westfalia, se trata en realidad de una ciudad militar. En su momento de máximo apogeo durante la Guerra Fría, el complejo funcionaba como una pequeña localidad independiente de más de 400 hectáreas, donde vivían unas 12.000 personas, la gran mayoría militares británicos junto a sus familias. Contaba con más de dos mil edificios, que incluían sus propias escuelas, iglesias, cines, centros comerciales y zonas residenciales. En 2013, toda esta vasta base militar fue cedida al Ejército alemán dentro de un plan de reducción de presencia militar británica en tierras germanas tras la reunificación del país.
Una noche de 2009 se organizó en Rheindahlen una fiesta con oficiales de países aliados. Un mando español destinado en las oficinas de la OTAN decidió llevar a su esposa rusa, con la que se había casado un poco antes en su anterior destino en Roma. Los británicos se quejaron de su presencia al Gobierno español y el Ministerio de Defensa ordenó investigar el perfil de todos los militares españoles que tuvieron acceso a documentos sensibles de la Alianza Atlántica y estuviesen casados o emparejados con rusas y otras mujeres de la antigua URSS.
El resultado es que a ocho de ellos se les retiró de un plumazo la llamada Habilitación Personal de Seguridad (HPS) que el CNI expide a altos cargos, diplomáticos y mandos militares que, por sus respectivos puestos, deben acceder a información clasificada como confidencial, reservada o secreta. Este permiso se renueva con cada cambio de destino o, en su defecto, cada cinco años. Aquella decisión se tomó con Alberto Sáez aún al frente de los servicios secretos y en plena psicosis por el caso Roberto Flórez.