Santos Cerdán, el pichón que ya cayó
El 14 de octubre de 2024, un mensaje abría la veda: «Que el cara cerdo tenga cuidado. Y no os sorprendáis si Víctor de Aldama fallece repentinamente en la cárcel». Ocho meses después, el juez del Supremo Leopoldo Puente enviaba a prisión incondicional a Santos Cerdán por organización criminal, tráfico de influencias y cohecho. La advertencia inicial no era una profecía, era un aviso con nombre y apellidos. En medio, un reguero de sospechas sobre la Agencia Tributaria, una trama de hidrocarburos con 180 millones de IVA defraudado y la certeza de que nadie tira de la manta si no le aprietan de verdad.
De la advertencia al banquillo: cronología de una caída anunciada
El primer mensaje del hilo no dejaba lugar a dudas: «Se viene algo GORDÍSIMO». Y lo que vino fue una investigación que, según el relato que se fue construyendo, llevaba meses cociéndose a fuego lento. La periodista Ketty Garat publicaba noticias sobre Cerdán casi un año antes de que el Supremo moviera ficha. El propio autor del mensaje inicial lo recordaba al reflotar el asunto: «Abrí este hilo en octubre 2024 cuando ya era evidente que Cerdán estaba de mierda hasta el cuello y ha tardado 8 meses en caer».
La evolución no fue lineal. Primero fueron las indirectas, las críticas veladas dentro del propio partido, los rumores sobre un hermano con domicilio en Portugal coincidiendo con sociedades interpuestas que defraudaron 180 millones de IVA en hidrocarburos. Después llegó la UCO, el informe que lo cambió todo, y la imputación. El final de esta primera fase lo puso el juez Puente con una orden de prisión incondicional que dejó al PSOE sin uno de sus hombres fuertes en la organización territorial.
¿Por qué la Agencia Tributaria no vio nada hasta que la UCO levantó la liebre?
Una de las preguntas más repetidas en el análisis posterior a la detención apunta directamente al organismo recaudador. «En la AEAT hace muchos años que se hace análisis automatizado de todos los ingresos y saltan alarmas por desviaciones minúsculas», sostenía un participante. «Sin cooperación desde lo más alto de la AEAT, un fraude tan gigantesco como ese habría saltado el primer día».
La tesis que subyace es incómoda: no se trata de un fallo técnico, sino de una omisión deliberada. Se recuerda que la trama de los hidrocarburos, con 180 millones de IVA defraudado, no la descubrió Hacienda. Tampoco los comisionistas de Air Europa ni el caso de las mascarillas. En todos los casos fue la UCO, el organismo dependiente de la
Guardia Civil, el que puso la lupa donde el fisco no miraba. La coincidencia geográfica en Portugal —el hermano del exministro Ábalos domiciliado en la misma localidad que las sociedades pantalla— se interpreta como algo más que una casualidad.
El fiscal que señala al líder para salvar al jefe
El movimiento del Ministerio Fiscal tras la detención de Cerdán generó un consenso inusual entre analistas de distinto signo. «El Fiscal (que depende de Sánchez) afirma que Cerdán es el LIDER de la trama corrupta, tratando así de exonerar a Sánchez», resumía un mensaje. La jugada se lee como un intento de cortocircuito: si el chivo expiatorio es el número tres del partido, el número uno queda a salvo.
La duda que flota es si esa estrategia resistirá el empuje de la UCO. «A ver quién empieza a tirar de la manta, puede ser divertido y repugnante a la vez», se apuntaba. La hipótesis de que Cerdán guarde pruebas comprometedoras —«las debe tener guardadas como si tuviera el Santo Grial»— añade un elemento de incertidumbre sobre hasta dónde está dispuesto a llegar el partido para proteger a su cúpula. La figura de María Jesús Montero, señalada en varios mensajes como posible siguiente pieza, aparece en el horizonte sin que nadie se atreva a ponerle fecha.
Las voces que piden cárcel para todos
El tono del análisis se endurece cuando se menciona a los que aún no han caído. «Esta zorra es la que debería caer. Yo no me creo que toda la banda robe a lo grande, incluyendo todos los cientos de millones en la trama de los hidrocarburos, y a una agencia que no se le escapa ni 30 euros que le hagas en bizum a un colega, se le pase desapercibido todo hasta que la UCO no levante la liebre». La frase, más allá del exabrupto, condensa una sospecha extendida: la estructura de control fiscal funciona con precisión quirúrgica para el ciudadano medio y con laxitud sospechosa para los grandes fraudes.
Otro mensaje apunta a la posibilidad de que el propio Cerdán acabe siendo una pieza sacrificable: «Pues lo mismo se queda solo, hasta tendrá que divorciarse». La metáfora del pichón en la mina —el pájaro que se usa para detectar gas y que muere primero— recorre todo el análisis. La pregunta implícita es si el sistema está dispuesto a sacrificar a más piezas para mantener el relato o si, por el contrario, el efecto dominó acabará alcanzando a los que hoy parecen intocables.
La detención de Santos Cerdán no cierra nada. Abre la puerta a una fase en la que las pruebas acumuladas durante meses pueden convertirse en el material más explosivo de la legislatura. Queda por ver si el fiscal sostiene su tesis del líder único o si la UCO sigue tirando del hilo. Y sobre todo, queda por ver si alguien se atreve a comprobar si el pichón en la mina era solo el primero.