Frente Obrero y el tuit que ya no está
¿Por qué se acusa a Frente Obrero de ser un partido separatista y antiespañol? La polémica estalla cuando se difunde un tuit de Santiago Armesilla que asegura que la formación considera a
Ceuta y Melilla territorio ocupado y a Canarias una colonia, además de defender el derecho de autodeterminación de Cataluña, País Vasco y Galicia. El mensaje, según quienes lo difunden, formaba parte del programa del partido y fue borrado de sus redes para no dejar rastro. La fecha que se maneja es 2021.
El asunto no es menor. Frente Obrero se presenta como una alternativa obrera y patriota, pero el texto que se le atribuye lo sitúa en las antípodas del discurso territorial que exhibe en campaña. La acusación de separatismo no viene de un rival cualquiera: Armesilla es una figura conocida en el ecosistema soberanista y su tuit se ha convertido en la prueba central de quienes sostienen que el partido oculta su verdadero programa.
Qué decía el tuit de Armesilla sobre Ceuta, Melilla y Canarias
El mensaje atribuido a Santiago Armesilla es explícito. Afirma que el autodenominado Frente Obrero es un partido separatista y antiespañol porque considera a Ceuta y Melilla territorio ocupado y a Canarias una colonia. Añade que defienden el derecho de autodeterminación de Cataluña, País Vasco y Galicia. La conclusión del tuit es tajante: no son patriotas.
La difusión de ese texto ha reavivado una discusión que llevaba tiempo latente. Hay quien sostiene que el partido ha ido modulando su discurso territorial según el escenario, y quien recuerda que el propio Armesilla tiene sus propias contradicciones. La acusación de separatismo es especialmente grave en un partido que se reclama patriota.
El borrado de redes y la teoría del chiringuito preelectoral
El mensaje inicial del debate es claro: «Ellos colgaron esto en su twitter en 2021 y lo llevaban en el programa de partido. Cobardemente borraron las redes para no dejar rastro, doy fe que fue real la publicación». Esa afirmación, que no se ha verificado de forma independiente, es la piedra angular de la acusación. A partir de ahí, se despliega una tesis más amplia: Frente Obrero sería un chiringuito creado para dividir el voto antiprogresista.
La teoría del partido impulsado desde los medios tiene recorrido en el debate. Se argumenta que a Frente Obrero se le da espacio en televisiones y plataformas mientras a otras formaciones se les limpia de un plumazo las cuentas a la menor insinuación. El contraste, según esta lectura, no es casual: responde a una estrategia de gestión del descontento.
El eje prorruso: de la sospecha al lugar común
La acusación de estar pagados por Rusia aparece pronto y se repite con distintas formulaciones. Un participante ironiza: «¿Comunistas pagados por Rusia? NO ME LO PUEDO DE CREER». Otro responde que más que comunistas pagados por Rusia ve «sociatas hijosdeputa de toda la vida, pagados por la OTAN». La discusión deriva hacia el clásico debate sobre quién financia a quién.
Hay quien sostiene que la estrategia del partido es desmoralizante y que coincide con la línea de propaganda rusa. La acusación se extiende a toda la disidencia: «Prácticamente toda la llamada disidencia es así», se afirma. Es una generalización sin pruebas, pero refleja un clima de sospecha mutua que recorre todo el espectro.
El programa económico y la trampa del mal menor
Más allá del ruido territorial, el debate entra en el programa. Un participante resume las condiciones que le harían votarles como mal menor: derogación inmediata de la ley de violencia de género y de todas las leyes con perspectiva de género, salida inmediata de la UE y desvinculación total de la OMS con denuncia del fraude del COVID. «Espero sentado, ¿no?», remata.
La respuesta es escéptica. Se argumenta que ningún partido nuevo escapa a la trampa: «todos meten una pifia gorda, cuando crees que das con uno del más mínimo sentido común, lo destrozan con las patas de atrás». La conclusión que se impone es que no hay alternativa limpia.
La cuestión territorial: Ceuta, Melilla y el efecto dominó
El debate sobre Ceuta y Melilla ocupa buena parte de la discusión. Un participante advierte: «Empiezas entregando Ceuta y Melilla por la puta cara siendo tuyas desde siempre y acaban pidiéndote Canarias y Andalucía también». La tesis del efecto dominó se repite: ceder territorio abre la puerta a más cesiones.
Frente a eso, otra voz introduce un matiz incómodo: «Si no me han informado mal, España en aquellos tiempos pasados era de los moros y por lo que se ve los echamos de muy malas maneras». Es una provocación, pero obliga a los demás a justificar por qué unos desplazamientos históricos son legítimos y otros no. La discusión no se cierra.
Al final, la pregunta que sobrevuela todo el debate no es si Frente Obrero es de fiar. Es si queda algo que lo sea. Y la respuesta, por lo que se lee, es que no.