Muguruza se retira: dos Grand Slams y 25 millones en premios
Se retira con
dos Grand Slams, una WTA Finals y el número uno del ranking en su día. Y con unos
25 millones de euros brutos en premios, la cifra que se maneja sobre su carrera. Con ese balance, el adiós de Garbiñe Muguruza debería haberse cerrado con un aplauso y una despedida. Ha ocurrido lo contrario: el anuncio ha abierto una discusión en la que el tenis pesa menos que la talla de la camiseta.
Muguruza confirmó su retirada con una frase que resume su decisión:
«Quiero recuperar ese tiempo perdido». Tres líneas y una cifra detrás —los 25 millones— que deberían zanjar cualquier duda sobre si la carrera mereció la pena. Fuera de la pista, se abrió la otra conversación.
Cuánto dinero ha ganado Garbiñe Muguruza
La cifra en bruto que circula es de
25 millones de euros en premios deportivos. Sobre esa base, el escenario más generoso suma patrocinios hasta acercarse a los
35 millones facturados entre torneos y acuerdos publicitarios. Aplicando un escenario conservador —retención del 20%— quedarían limpios unos
7 millones. Son estimaciones, no cuentas auditadas, y conviene leerlas como tal.
Lo que sí apunta el caso es que su residencia fiscal juega a favor. En Suiza, donde al parecer reside, el tratamiento impositivo de este tipo de ingresos es más favorable que el español. La pregunta económica es razonable: cuánto de ese patrimonio aterriza en la Hacienda española y cuánto se ha beneficiado de una fiscalidad distinta. Nadie lo concreta, y el margen de error es amplio.
Con el dinero, el otro marcador: dos Grand Slams y una WTA Finals no están al alcance de casi nadie. La trayectoria se apagó pronto —ahí está la decepción real, no en el rendimiento—, pero el palmarés de una exnúmero uno es un dato, no una opinión.
Qué ha dicho Muguruza sobre las críticas a su cuerpo
Su respuesta ha sido tan breve como directa:
«Bueno, si ya no entreno, ¿qué voy a hacer? Yo quiero vivir la vida, quiero disfrutar». La frase, recogida por Europa Press, zanja por la vía del humor una polémica que no pidió. Y deja el asunto donde estaba: en el hueco entre el cuerpo de una atleta de élite y el de una mujer que deja de competir.
Muguruza tenía
30 años cuando colgó la raqueta. Que el fin de los entrenamientos de alto rendimiento se note en la báscula no es una anomalía biológica: es lo que le pasa a cualquiera que deje de moverse seis horas al día. La exigencia estética no se le aplica igual a un exfutbolista retirado.
Gordofobia y machismo: la reacción política
La respuesta pública no tardó. La secretaria de Estado de Igualdad, Ángela Rodríguez Pam, publicó un mensaje en redes que resume el eje de la crítica: que una deportista de gran éxito tenga que responder por su aspecto demuestra lo normalizada que está la sospecha ante un cuerpo no delgado. Lo calificó de
gordofobia y de machismo, y recordó que ese mismo cuerpo ha ganado premios.
Es el punto en el que el asunto deja de ser deportivo. La exigencia recae de forma asimétrica y no depende de los resultados: aquí la sospecha se dispara contra alguien que ya demostró en la pista lo que tenía que demostrar.
Por qué se dice que el tenis femenino perdió tirón
El caso sirve a algunos para colocar su tesis sobre el circuito. Se sostiene que el tenis de mujeres alcanzó su pico de popularidad cuando combinó calidad y un perfil estético que el público asociaba con ciertos referentes mediáticos, y que la irrupción de jugadoras con un juego y una presencia física más potentes desplazó ese atractivo.
El argumento mezcla dos cosas que no tienen por qué ir juntas. Una es una preferencia del público, discutible y con fecha. La otra es un juicio sobre el nivel deportivo que el propio palmarés desmiente. Atribuir el descenso de audiencias a la apariencia de las jugadoras dice más de quien lo sostiene que del circuito.
Lo que nadie ha resuelto
El azar jugó su parte: más de uno entró al tema creyendo que se hablaba de otro Muguruza, el músico, y salió del error con una mueca. El detalle resume el tono. La retirada, el patrimonio y la libertad de administrarlo han quedado aparcados por una conversación sobre kilos.
Queda una predicción con reservas: si el patrón se repite, dentro de unos años se hablará menos de los dos Grand Slams y más de cómo envejeció. La única forma de torcerlo es la que ella ya ha elegido: no responder a lo que no tiene respuesta.