Un fondo compra 30 bloques y dispara los precios en Puerta del Ángel
Un bloque entero reformado de arriba abajo, apartamentos de diseño
low cost, cocina abierta y una foto bien iluminada en la plataforma de
alquiler de turno. En Puerta del Ángel, pegado al río y a diez minutos andando de Madrid Río, eso se alquila solo. El problema no es la foto: es quién firma el contrato. Un fondo de inversión ha ido comprando bloque a bloque hasta sumar
una treintena y, con cada operación, se han encarecido la compraventa, el alquiler y hasta el comercio de la zona. Los vecinos quieren frenar el impacto y ya se han organizado para intentarlo.
¿Qué ha pasado en Puerta del Ángel?
El punto de partida es una cifra redonda:
30 bloques de viviendas adquiridos por un mismo fondo en el barrio. Con ellos ha llegado un triple efecto que el vecindario resume en tres frentes: precios de venta y alquiler al alza, una proliferación de pisos turísticos y un comercio que también se ha encarecido. No es un fenómeno nuevo en Madrid —el centro lleva años en esa dinámica—, pero sí es nuevo aquí, en el barrio que hasta hace poco funcionaba como alternativa barata al centro. La respuesta ha sido organizarse para tratar de detener la operación, y en ese punto Puerta del Ángel se ha convertido en un pequeño campo de batalla entre el relato del mercado y el de quienes viven en él.
El mecanismo: comprar, reformar y alquilar rápido
El procedimiento se repite con pocas variantes. Se compran bloques de
50 o 60 años, se reforman, se convierten en apartamentos de diseño asequible y se alquilan sin apenas esfuerzo porque, como repite quien detalla la operación, «andando se tarda 10 minutos en llegar a Madrid Río». La cercanía al río y al centro hace el resto. De ahí a los pisos turísticos hay un paso, y ese paso se llama plataforma de alquiler vacacional:
Airbnb y sus imitadores. «Ahí hay negocio, no son pisos para vivir, son para alquilar a los turistas», zanja una de las voces que interviene en el caso. La tesis de fondo es sencilla y nadie la discute del todo: donde un inversor pone el ojo, los precios se disparan.
¿Cuánto costaba alquilar aquí antes de todo esto?
Aquí aparece el dato que más incomoda. Se citan
600 euros por dos habitaciones, un precio que en Puerta del Ángel no se veía desde hacía años, y rentas de 600 a 700 euros por pisos de tres dormitorios que ya solo existen en la memoria del barrio. La referencia de lo que se consideraba asequible en el centro —
400 euros al mes— sirve para medir la distancia recorrida. Esa brecha, más que cualquier informe, es lo que ha empujado a buena parte del vecindario a hablar abiertamente de expulsión y a mirar con recelo cada nuevo cartel de reforma.
Prohibir a los grandes tenedores: la propuesta que divide
La medida estrella que se pone encima de la mesa es tajante:
prohibir a los grandes tenedores comprar vivienda. Se citan ejemplos europeos y alguna intervención de urgencia aplicada en Bélgica como prueba de que existe margen legal para hacerlo. En el lado contrario se despliega el argumento liberal de siempre: si restringes la oferta, la demanda no baja y el precio sube igual o más. Hay una tercera pieza que suele pasarse por alto. La norma que limita a
diez viviendas el patrimonio en manos de personas físicas, pensada para frenar a los grandes, habría empujado al pequeño propietario a vender su cartera a fondos: la regulación acabó jugando a favor de quien decía combatir. Nadie ha demostrado ese efecto con números en este barrio, pero el mecanismo da que pensar.
Inseguridad, okupación y otras derivadas del caso
No todo lo que se discute tiene que ver con el precio. Una parte del vecindario introduce la inseguridad y los altercados en la calle como problema propio de la zona, aunque no hay ningún dato que vincule esos episodios con la llegada del fondo ni con la subida del alquiler. Otra corriente sostiene que hay ayuntamientos que dejan degradar barrios enteros para comprar después a precio de saldo, sospecha que tampoco se acompaña de pruebas. Y una tercera defiende que la subida de precios, por incómoda, filtra hacia arriba a los inquilinos que mejor cuidan el barrio. Son tres capas que se cruzan y explican por qué el asunto de los 30 bloques ha dejado de ser un problema de ladrillo.
Lo que queda del barrio
Los números seguirán ahí mañana:
30 bloques, 600 euros que ayer eran un
chollo y hoy son una quimera, un fondo con paciencia infinita y un vecindario que se pregunta cuánto de su precio es obra de esa treintena de operaciones y cuánto del simple paso del tiempo.