El F-35 israelí con bomba nuclear que solo sostiene un tuit
Para dejar sin corriente a un país entero con una sola bomba habría que detonarla a entre
300 y 500 kilómetros de altura, según el cálculo que esgrime uno de los participantes más críticos del hilo, para quien ningún caza de combate es capaz de portar una carga hasta esa cota. El origen de la alerta nuclear que ha circulado estos días es, literalmente, un tuit.
El mensaje, atribuido al analista geopolítico
Pepe Escobar y difundido como exclusiva, asegura que Israel envió un
F-35 cargado con una bomba nuclear hacia el este, sobre Jordania, para provocar una detonación a gran altitud sobre Irán capaz de fundir su red eléctrica. Es el guion de un ataque EMP. Y hasta la fecha de esta discusión, ni las partes implicadas lo han confirmado ni lo han desmentido.
Qué sostiene la exclusiva y de dónde sale
El texto original habla de una fuente de inteligencia de «muy alto nivel», situada en Asia y ajena a Rusia y China, con la información «confirmada y reconfirmada». Escobar remata con una mención a Sy Hersh, el periodista con Premio Pulitzer que publicó que el Nord Stream no lo volaron los rusos, y deja abierta la pregunta de qué contará el estadounidense desde sus fuentes en Washington.
Ahí acaba el rastro. No hay documento, ni informe, ni declaración oficial. Quien sostiene que el episodio ocurrió se apoya en la palabra de un analista;
fiabilidad, en este mercado, es una palabra elástica.
Por qué un F-35 no puede lanzar un ataque EMP
El argumento técnico más repetido es demoledor. Un pulso electromagnético de alcance continental exige detonar el artefacto a gran altitud, y para subir hasta ahí hace falta, según esta lectura, un cohete de al menos dos etapas. Un caza no es un cohete.
Hay más. Para un EMP realmente efectivo se habla de al menos
1 megatón, y esa potencia solo se logra con un arma termonuclear, es decir, de hidrógeno, con diseño de fisión-fusión-fisión: más compacta que las antiguas, sí, pero no transportable en la bodega de un avión táctico sin renunciar a todo lo demás. A eso se añade un detalle geográfico incómodo: una detonación a esa altura sobre Irán también salpicaría a Israel.
El contraargumento: cualquier caza-bombardero moderno
La objeción tiene respuesta. Casi cualquier caza-bombardero medio moderno, de 1970 en adelante, puede portar un misil con esas características, y lanzarlo desde el aire ahorra los
10 primeros kilómetros de trepada, que son los más costosos. A partir de los 20, apenas queda aire ni rozamiento.
Es lo que hacen los MiG-31 con los Kinzhal. Y sobre el gatillo, la frase que resume la postura: Israel es el Estado con el dedo más flojo del planeta, con independencia del bando que cada cual defienda. También se recuerda la víspera del ataque iraní, cuando un portavoz israelí anunció que la respuesta sería «algo nunca visto» y pidió a la población que no se acostara.
Del tuit al rumor: la duda que no se cierra
La réplica más citada es simple: la fuente original no aporta pruebas, solo su palabra. Por tanto, es un rumor, aunque mañana se confirme. Y hay un dato que nadie rebate: ni Rusia, ni Estados Unidos, ni China, ni Israel han salido a desmentirlo.
En el otro extremo, el sentido común más pedestre:
el que monta un consulado y luego manda cuatro drones no está jugando a la guerra nuclear. La respuesta de Israel, apunta esta lectura, fue frustrada de algún modo, y el plan del EMP encaja como hipótesis. Es una hipótesis. No un hecho.
Lo que sí sobrevuela el intercambio es un patrón que algunos participantes recuerdan: operaciones de este tipo ya se atribuyeron durante la Guerra Fría y nunca se aclaró qué ocurrió en realidad. La diferencia, ahora, es que el aviso se lanza en abierto y a los cuatro vientos.
Lo que sí está documentado: el precedente de 1967
Aquí el debate deja de ser especulación. El Centro Woodrow Wilson de Washington difundió documentos sobre el programa nuclear israelí y la guerra de 1967, entre ellos una entrevista de 1999 con un general que reconoció haber preparado el uso de la bomba atómica en el Sinaí por si Israel se veía acorralado. El caso se recoge en medios como
Público.
Eso es un papel. Lo demás, de momento, es una cadena de mensajes que empieza y termina en un tuit sin verificar.
Con estos mimbres, la única conclusión defendible es que nadie ha enseñado una prueba y que la escalada sigue. ¿Cuánto tiempo aguanta una alerta nuclear sostenida solo por la palabra de quien la firma?