Madrid activó el ES-Alert y el ciudadano no pudo evitarlo
La alarma masiva que sonó en los móviles de la
Comunidad de Madrid el domingo 3 de septiembre no fue un accidente ni un fallo técnico. Fue una decisión política tomada al más alto nivel y ejecutada con un protocolo que recuerda a los submarinos nucleares de la Guerra Fría: dos operadores, dos llaves, una orden. El resultado, un pitido estridente en cada smartphone de la región a las 14:26, casi tres horas después de que la AEMET hubiera declarado el aviso rojo. Y un detalle que ha encendido todas las alarmas: si la alerta es de nivel 1, el ciudadano no puede desactivarla. Ni silenciarla. Ni configurar su teléfono para no recibirla.
Quién pulsó el botón y por qué tardó tres horas
La Sala de Crisis del número 1 del Paseo del Río, en Pozuelo de Alarcón, reunió a las 11:45 a los cinco hombres que gestionan las emergencias madrileñas: el director de la Agencia de Seguridad y Emergencias, el director general de Protección Civil y 112, el director general de Emergencias, el jefe de Bomberos y el jefe del 112. Sobre la mesa, un aviso rojo de la AEMET que implicaba riesgo muy alto para la población. La DANA estaba prevista para las 12:00. La reunión arrancó quince minutos antes.
El pitido no llegó hasta las 14:26. Tres horas y cuarenta y seis minutos de deliberación. El director de la Agencia de Seguridad y Emergencias,
Pedro Ruiz, explicó que no quisieron precipitarse: «Estuvimos analizando las previsiones y verificando las predicciones». Cuando las lluvias coincidieron con lo previsto, Ruiz tomó la decisión de activar el sistema. Pero no lo hizo solo. Solicitó permiso al consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior,
Carlos Novillo, que a su vez consultó con la presidenta
Isabel Díaz Ayuso. Con el beneplácito de la presidenta, se activó el protocolo.
El procedimiento, según el jefe de Sala del 112, José Luis Monteleón, exige dos personas: «Una que lo redacta y otra que lo verifica». El sistema ES-ALERT pertenece al Ministerio del Interior, que delega en las comunidades la emisión, pero es un módulo central del ministerio el que ordena a las antenas de telefonía que hagan aparecer el mensaje. «Ni el tipo de pitido ni su volumen están bajo nuestro control», admite Monteleón. Lo que sí se configura es el texto —máximo 600 caracteres—, la duración —cuatro horas—, el territorio y la criticidad. Se eligió
nivel 1 para que nadie pudiera desactivar el aviso.
¿Se puede desactivar el ES-Alert en el móvil?
No, si la alerta es de categoría 1. Esa es la conclusión que recorre el debate y que confirma la propia Comunidad: las alertas de nivel 1 avisan de peligros inminentes y suenan aunque el sistema esté desactivado en el teléfono. En iOS existe una opción para desactivar las ES-Alert, y en Android también hay menús de alertas de emergencia, pero la criticidad máxima se impone a la configuración del usuario. La única forma de evitar el pitido es apagar el teléfono o dejarlo en casa.
Hay quien sostiene que el sistema está bien diseñado para catástrofes reales —un volcán, un incendio con desalojo, un vertido químico— y que el problema no es la herramienta sino el uso. Otros advierten de un riesgo mayor: que la alarma se convierta en rutina y que, cuando llegue algo grave de verdad, nadie la tome en serio. La doctrina del miedo, resumida en una frase que circula: «Si es alerta categoría 1 suena aunque lo tengas desactivado».
El coste de una alerta que no se corresponde con lo que pasó
La AEMET había avisado de hasta 200 litros por metro cuadrado en Madrid. El SMS ordenó no salir de casa. En la capital no cayó nada. En Toledo hubo incidencias. La comparación con la Comunidad Valenciana, donde las lluvias torrenciales son anuales y no se emiten avisos invasivos de este tipo, aparece en el análisis como un argumento contra el exceso de celo. Y el dato que más se repite: la alerta se emitió cuando los modelos ya habían rebajado las previsiones a la insignificancia.
El ejecutivo regional defiende lo contrario: «Era una situación histórica. La Comunidad de Madrid nunca había estado cubierta en su totalidad por una alerta roja de la AEMET. Había que activar el sistema para evitar colapsos en el transporte y salvar vidas». La réplica es inmediata: si el aviso se da cuando ya no llueve, el mensaje que cala es que la alarma sirve para cubrirse las espaldas, no para proteger.
Qué pasa si el sistema se usa para todo
La preocupación más repetida no es esta DANA concreta. Es la siguiente. Si el ES-ALERT se activa para una lluvia que no llega, ¿qué impedirá que se use para una ola de calor, para los niveles de polen o para cualquier comunicado que convenga amplificar? La herramienta está pensada para emergencias graves —atentados, bombardeos, catástrofes—, pero su valor depende de que se reserve para eso. Cada uso innecesario la devalúa.
El escenario que más inquieta es el de la falsa alarma. Un sistema que llega al 95% de los teléfonos de una región y que no se puede silenciar es un objetivo apetecible para cualquiera que quiera generar pánico. Un aviso de ataque inminente, con impacto en media hora, en todos los móviles a la vez. No hace falta que sea cierto para que el daño esté hecho.
La predicción, con todas las reservas: si el ES-ALERT se sigue usando para episodios que no lo justifican, la próxima vez que suene de verdad una parte de la población lo ignorará. Y entonces el problema no será el pitido, sino el silencio.