El Corte Inglés: calidad de marca blanca a precio de Primark
El Corte Inglés ha vuelto a colarse en la conversación económica por una vía incómoda para sus rivales: hay compradores que sostienen que su relación calidad-precio es hoy la mejor del comercio español. La tesis no se apoya en la nostalgia de la tienda de los noventa, sino en tres cosas muy concretas: rebajas que dejan la ropa media a precios de moda rápida, un
3x2 real, sin subir tarifas antes de aplicarlo, y una marca blanca de
alimentación que aguanta la comparación con la de las grandes cadenas. Todo elogio tiene su reverso, y aquí el reverso es sustancioso.
¿Es El Corte Inglés más caro que Primark o Zara?
En ropa de temporada y en rebajas, no necesariamente. Es el punto donde más insisten quienes defienden la casa: precios «prácticamente un poquito más» que los de la moda rápida, pero con una
calidad muy superior que se nota al lavar. La prenda aguanta los ciclos de lavado sin deshacerse, algo que se atribuye como ventaja frente a cadenas donde la ropa, según esta lectura, se va «a tomar viento» en pocas semanas. El argumento no es universal: hay quien recuerda que el gigante textil español ya no es lo que era y que sus mejores piezas se concentran en colecciones especiales, mientras la línea media del gran almacén mantiene el tipo sin sobresaltos.
La marca blanca del súper, el punto donde el consenso se rompe
Aquí la unanimidad desaparece. Una parte defiende que la etiqueta propia de alimentación tiene una calidad notable y que sus precios, sin ser baratos, están lejos de lo que sugiere su reputación. Se pone el ejemplo de la fruta con procedencia identificada —melones de cooperativa frente a producto sin origen declarado en otras cadenas— y se compara el surtido con el de las enseñas más populares. Hay incluso quien sostiene que la marca blanca de la competencia no le llega a la suela. La otra mitad responde con dureza: fruta floja, carnes correctas pero a precios desorbitados y una etiqueta propia que sitúan entre las peores del mercado. Dos compradores, dos supermercados distintos.
¿Qué tallas ofrece El Corte Inglés que Zara no tiene?
El argumento menos discutido es el del tallaje. Una clienta habitual de la 46 lo tiene difícil en las cadenas de moda rápida, donde buena parte del vestuario femenino se corta en la 42. El departamento de tallas especiales del centro comercial cubre esa franja con surtido propio, y eso explica fidelidades que no se rompen ni en rebajas. No es un nicho pequeño: es el motivo por el que muchas compradoras han dejado de peregrinar por tiendas donde, directamente, su talla no existe. El diseño puede ser más conservador. El producto, en cambio, está.
Servicio postventa, cultura y el caso de Linares
Más allá del precio, se defiende el ecosistema: servicio postventa que responde cuando hay un problema, espacios culturales propios, una fundación que publica a autores noveles y una contribución fiscal en España. El cierre de un centro en una ciudad minera en decadencia se cita como ejemplo del efecto que deja su marcha en el comercio de alrededor. No todo el mundo firma ese retrato: hay quien califica la atención al cliente de lamentable y quien reprocha a la compañía su gestión y su vínculo con el dinero público, siempre en términos genéricos y sin concretar.
Cosmética, electrónica y los precios que no cuadran
No todo es una ganga. Perfumes y cosmética están habitualmente más caros que en las cadenas especializadas e incluso que en farmacia para los mismos productos de parafarmacia, protectores solares incluidos. En rebajas se agotan rápido los artículos más buscados. Donde sí se reconoce ventaja es en electrónica e informática, con ofertas online competitivas y una gestión de incidencias mejor que la de otros distribuidores. Fuera de ahí, los outlets de marcas italianas en Canarias siguen dejando botas de cuero por 25 euros y chaquetones por 20, precios que la moda rápida rara vez iguala en producto equivalente. La letra pequeña sigue ahí: buena parte de esa ropa se fabrica fuera, en Tánger o Vietnam.
Por qué la fama de caro sigue pegada a la etiqueta
La percepción tarda más en cambiar que los precios. Durante años el grupo fue el ejemplo de comercio anclado en el pasado, arrollado por la moda rápida, el mueble desmontable y las cadenas de descuento. La reacción llegó después de 2014, según la cronología que manejan los propios compradores, con una modernización gradual mientras la relación calidad-precio de sus competidores se deterioraba. La etiqueta
caro sobrevive, y a una parte de la clientela le conviene: menos afluencia, menos colas y una experiencia más tranquila.
Con estos mimbres, lo razonable es esperar que la compañía arañe cuota en ropa media y alimentación, sobre todo entre compradores que la moda rápida ha decidido ignorar. La duda es si eso basta para sostener un modelo de gran superficie en ciudades que pierden población y comercio. Puede que sí. Pero conviene no darlo por hecho: la misma clientela que hoy elogia el 3x2 es la que ayer dejó de entrar.