terrylacoste
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SS El término médico correcto…
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La hipersexualidad femenina, que afecta a un 3% de las mujeres, se caracteriza por una compulsión sexual más que por un alto deseo, y a menudo se oculta por el estigma social y la facilidad de anonimato en internet.
El término médico correcto para lo que popularmente se ha dado en llamar "ninfomanía" es hipersexualidad femenina o trastorno de comportamiento sexual compulsivo. Se estima que alrededor del 3% de las mujeres sufren esta condición. Esto significa que, de todas las personas diagnosticadas con adicción al sexo, una de cada cinco son mujeres, aunque la proporción general de hombres diagnosticados suele ser mayor.
Identificar la hipersexualidad femenina en el día a día no es tarea fácil. Hay razones psicológicas, sociales y biológicas que lo complican. Para empezar, el estigma social juega un papel crucial. A diferencia de los hombres, a quienes a menudo se les valida o incluso se les alaba una alta actividad sexual, las mujeres que padecen hipersexualidad se enfrentan a un fuerte juicio moral y al rechazo. Esto genera en ellas una profunda vergüenza y culpa, empujándolas a mantener su conducta en secreto. De hecho, estudios de centros especializados como El Prado Psicólogos señalan que, aunque el 3% de las mujeres lo padece, solo un 0,8% llega a buscar ayuda formal, atenazadas por el miedo a ser juzgadas.
Además, es muy fácil confundir esta condición con un simple "alto deseo sexual". Son cosas muy distintas. Un alto deseo sexual es saludable, busca el placer, la conexión y se disfruta. La hipersexualidad, en cambio, es una conducta compulsiva y mecánica. La persona no busca placer, sino aliviar una ansiedad, un vacío emocional o un trauma subyacente, como abusos pasados o estrés severo. El sexo se convierte en una vía de escape incontrolable que, paradójicamente, genera malestar después de practicarlo.
Las dinámicas modernas han facilitado que esta adicción se traslade en gran medida al entorno digital. El uso de aplicaciones de citas, la pornografía en línea, los chats y las nuevas tecnologías permiten a la persona mantener encuentros rápidos, mecánicos y anónimos desde la comodidad de su dispositivo móvil. Esto les permite ocultar su situación ante amigos, parejas estables o familiares.
Mucha gente cree erróneamente que "pillar" a alguien con hipersexualidad implica descubrir una infidelidad común. Sin embargo, en el trastorno compulsivo, los actos, que a veces se limitan a la masturbación solitaria o a interacciones virtuales, ocurren porque la corteza prefrontal del cerebro pierde el control inhibitorio. No se trata de una elección recreativa, sino de un impulso químico y neurobiológico difícil de frenar sin terapia especializada.
Es comprensible que exista el temor a que vivir con una persona que padece hipersexualidad implique infidelidad. Sin embargo, la realidad científica es distinta. Ser "liberal" es una opción; la hipersexualidad es un trastorno. Hay una diferencia radical entre la ideología de una persona y una adicción conductual. Una persona liberal o poliamorosa elige libremente tener múltiples parejas o relaciones abiertas bajo el marco del consenso, el placer y la honestidad. Quien sufre hipersexualidad no actúa por libertad ni por ideología; su conducta es compulsiva, involuntaria y dolorosa. Es una adicción similar a la ludopatía o al alcoholismo; la persona usa el sexo como un mecanismo desadaptativo para adormecer la ansiedad, la depresión o traumas severos.
La necesidad compulsiva de aliviar la tensión no siempre se vuelca hacia la infidelidad física. En muchísimos casos, la hipersexualidad se canaliza de formas completamente individuales o virtuales para evitar el riesgo de ser descubiertas. Esto puede incluir masturbación compulsiva (muchas veces al día, interfiriendo con la vida laboral), consumo excesivo de pornografía, o cibersexo y chats virtuales anónimos.
A diferencia de alguien que busca aventuras por diversión, las personas con este trastorno suelen experimentar una profunda culpa, vergüenza y pánico a perder a su pareja estable. Saben que su conducta es destructiva, por lo que muchas intentan luchar desesperadamente contra sus impulsos para proteger su relación. Si una persona sufre este trastorno, una relación tradicional basada en la desconfianza o el control no funcionará. Al ser una enfermedad neurobiológica y psicológica, requiere terapia especializada, como la psicología cognitivo-conductual y, a veces, apoyo psiquiátrico con fármacos que regulen la impulsividad. Cuando la persona recibe ayuda y aprende a gestionar la ansiedad de raíz, la conducta compulsiva disminuye drásticamente, permitiendo construir una relación monógama y estable si ese es el acuerdo de la pareja.
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