Lavanderías 24h y gimnasios: los negocios que crecen con la inflación
El agua y la luz cada vez cuestan más. Y hay quien ya ve en ese encarecimiento una oportunidad de negocio: lavanderías de autoservicio abiertas 24 horas, gimnasios que no cierran, duchas comunitarias con temporizador. La tesis que recorre el debate es que el coste de mantener un electrodoméstico en casa empieza a ser un lujo que muchos no pueden permitirse, y que compartir lavadora, secadora o incluso nevera dejará de ser una excentricidad para convertirse en la norma. La cita previa, dicen, sustituirá al bar de toda la vida.
De la lavandería de barrio al modelo estadounidense
El punto de partida es una observación de calle: en barrios que no son precisamente humildes ya se ven lavanderías de autoservicio, el modelo que en Estados Unidos lleva décadas funcionando. La lógica que se maneja es sencilla. Si la factura de la luz y el agua sube, tener una lavadora propia en un piso pequeño deja de compensar. Se comparte.
Con cita previa, como los gimnasios de bajo coste que ya operan 24 horas.
La comparación con el parque de electrodomésticos domésticos no se sostiene igual en todos los casos. Hay quien señala que
una lavadora consume unos 500W/hora a temperatura media, pero que los verdaderos devoradores de electricidad son los frigoríficos, que funcionan todo el día en intervalos cortos, seguidos de placas eléctricas y sistemas de climatización. Compartir nevera, sin embargo, se ve complicado salvo entre familia o gente muy bien avenida. «Se hace el sacrificio por tu frigorífico y ya está», resume una de las intervenciones.
El negocio que ya existe en Bangkok y Madrid
No es una predicción de futuro. En Bangkok, según el testimonio de alguien que estuvo allí, las lavanderías de autoservicio han proliferado «como setas» en apenas dos años, con clientela constante en calles donde antes no había nada. En España, el fenómeno se concentra por ahora en grandes ciudades y en usos concretos: lavar nórdicos y edredones que no caben en una lavadora doméstica. Un caso citado:
casi 40 euros por lavar y secar tres nórdicos en una lavandería tradicional frente a
12 o 14 euros en una de autoservicio. Dos horas de espera con el Kindle, y a otra cosa.
La otra cara del negocio es menos confesable. Varias voces apuntan a que las lavanderías de autoservicio son, por su propia naturaleza, un vehículo ideal para el blanqueo de dinero: locales que pueden facturar sin control de aforo, sin stock perecedero y con horarios imposibles de auditar. El mismo argumento se aplica a los kebabs y a las agencias de viajes. Son sospechas, no condenas, pero el patrón se repite en el análisis.
Del gimnasio 24 horas a la ducha comunitaria
El catálogo de negocios en auge que se dibuja va más allá de la colada. Gimnasios que no cierran, estudios de entrenamiento personal combinados con fisioterapia de alto nivel técnico, duchas comunitarias con temporizador en polideportivos y grandes instalaciones deportivas. En esos mismos espacios, se apunta, acabará viviendo gente desahuciada. Con sus lavadoras comunitarias. Con cita previa.
El diagnóstico de fondo es que el país se encamina hacia una suerte de
cubanización de la economía: mercados de segunda mano que se revalorizan, coches con 300.000 o 400.000 kilómetros que hace una década eran cosa de miserables y hoy se venden a precios relativamente altos, juguetes de los años 60 y 70 que aparecen en los mercadillos porque se están muriendo los coleccionistas de cierta edad. La segunda vida de los objetos caros como sector en expansión.
¿Y si el coche de combustión no desaparece en 2035?
La fecha de 2035 para la prohibición de vehículos de combustión aparece en la conversación, pero no todos la dan por hecha. Hay quien sostiene que no se ejecutará tal cual: que la movilidad en España no es solo la de las capitales, que los acuerdos internacionales se han ido posponiendo cuando chocan con la práctica y que lo más probable es un aplazamiento continuo. En el escenario opuesto, se argumenta que el coche privado de combustión quedará reducido a un organismo estatal para agricultura y transporte de mercancías y personas. Para lo demás, olvídate.
El corolario de esa transición, si llega, es otro negocio: el desvalijamiento y reciclaje de vehículos, el mismo ciclo que ya se aplica a pisos y edificios enteros. Cobre, aluminio, muebles de segunda mano. La desaparición de los grandes muebles de montaje o su reinvención. Demolición de edificios desvalijados. Atención, ingenieros de minas.
El negocio de la muerte y la soledad
Hay un segmento que no sale en las presentaciones de startups: levantamiento de cadáveres, incineración, limpieza de pisos de gente sola que muere abandonada. El modelo japonés. Reparación y reciclaje de bicicletas y patinetes, mercado de segunda mano, limpieza de zonas urbanas, marinas, rurales y forestales con reciclaje de basura incluida. Y en el lugar donde se demolió el edificio, un parque natural o una huerta, como en Detroit.
La educación también aparece en la lista. Con la natalidad en caída, se plantea la fusión de escuelas e institutos, niños de 0 a 16 años en el mismo espacio. Al menos, se ironiza, aprenderán a leer, escribir, sumar, restar, dividir y multiplicar, más valores. La sanidad pública, según una previsión que circula, adaptará los derechos de un contrato según las cotizaciones: nivel A, jubilación, desempleo y eutanasia; nivel B, desempleo y eutanasia; nivel C, eutanasia gratuita.
El punto exacto donde el análisis se atasca
La conversación deriva hacia territorios más oscuros: la carne de rata como alimento, el uso de perros y gatos para detectar objetos, la plaga de ratones, el transhumanismo, el tráfico ilegal de animales para peleas. Es el momento en que el hilo pierde el hilo. Y sin embargo, debajo de todo eso hay una pregunta económica que nadie termina de cerrar: si compartir electrodomésticos, duchas y coches es la respuesta racional al encarecimiento de la energía, ¿por qué el negocio no despega con la fuerza que debería? Las lavanderías de autoservicio llevan años en España. No han sustituido al bar Paco. Todavía.