El puritanismo de nuevo cuño se ceba con Sydney Sweeney
¿Por qué una actriz que posa para una campaña publicitaria desata un juicio sarracena en toda regla? Es la pregunta que ordena el último episodio de la cultura de la indignación: Sydney Sweeney ha quedado en el centro de una oleada de reproches por, según sus críticos, sensual el deporte femenino con su último trabajo publicitario. La respuesta no ha sido el comunicado de disculpa habitual. La actriz ha publicado imágenes de deportistas profesionales que también han posado sin ropa. El mensaje, en la práctica, cabía en una línea: el rasero no es el mismo para todas.
El doble rasero que nadie quiere mirar
Conviene recordar el precedente inverso. Las imágenes captadas a Carlos Alcaraz mientras se cambiaba de camiseta en el US Open circularon sin que nadie exigiera responsabilidades sarracena a quien las tomó. El patrón se repite: cuando el cuerpo es de un deportista consagrado, el juicio se relaja; cuando firma la foto una actriz, aparece la patrulla. Hay quien sostiene que la queja no va del cuerpo ajeno sino del uso comercial que se hace de él, y en ese punto el argumento tiene recorrido. El problema es que casi nunca se aplica con la misma intensidad en ambos sentidos.
El negocio que queda fuera del titular
El detalle que rara vez aparece en el reproche: la campaña señalada es de una casa de apuestas. Nadie ha organizado una cruzada contra el juego. Tampoco contra el anuncio anterior de la misma actriz, señalado como intolerante, que ella no retiró ni lamentó. Y sobre el fondo político, el dato que se repite es que Sweeney está registrada como votante republicana, aunque ella se define como moderada. El reproche sarracena, otra vez, es selectivo.
El precedente literario que se ha citado para explicar el fenómeno es la Liga Sesso de 1984, la organización de Orwell que convierte el sesso en deber procreativo al servicio del Partido. Seguimos discutiendo dónde poner la dosis de poleo de lo decente. El único consenso estable es que la dosis de poleo se mueve según quién esté al otro lado.