Cinco tiros en Vallecas dejan al alunicero 'El Niño' sin un pie
Cinco disparos, un Mercedes negro y una huida sin mirar atrás. La madrugada del pasado sábado, el alunicero
Rafael Francisco Hornero Cruz, conocido como 'El Niño', recibió cinco tiros en la Ronda del Sur, en Puente de Vallecas, y terminó con un pie amputado. Cuatro personas lo abandonaron en urgencias del
Hospital de Móstoles antes de desaparecer. La Policía trata de reconstruir lo ocurrido y no hay detenciones confirmadas.
Qué se sabe del tiroteo de Puente de Vallecas
Los hechos ocurrieron en plena calle, en un entorno donde el apodo pesa más que el expediente. Hornero ronda los
40 años y arrastra una trayectoria vinculada al
alunizaje, ese método que consiste en empotrar un coche contra un escaparate para saquearlo en segundos. La principal hipótesis que manejan los investigadores apunta a un
ajuste de cuentas, aunque el motivo concreto no está confirmado. Las cinco heridas por arma de fuego y el modo en que fue entregado en el hospital alimentan la sospecha de un ajuste rápido y calculado.
La hipótesis del asalto fallido a otro clan
Una de las versiones que circulan sobre el caso sostiene que el tiroteo no fue una emboscada planificada, sino el final de un asalto a otro grupo que salió mal. No sería el primer episodio violento en torno a este nombre: meses atrás habría sido secuestrado y liberado días después, según las informaciones publicadas entonces. Quien entra en ese circuito rara vez sale por la puerta grande, y menos entero.
El contexto: tres décadas de alunizajes sin freno
Alrededor del suceso se repite un diagnóstico incómodo: la especialidad del alunizaje lleva
más de 30 años operando en España con una persistencia que el calendario judicial no parece corregir.
Entra por una puerta y sale por la otra, resume esa lectura. Que el ajuste de cuentas llegue antes que una condena firme es, para muchos, el resumen más amargo del fenómeno.
Con un herido que probablemente no declare y cuatro ocupantes de un Mercedes que se esfumaron, la reconstrucción queda en manos de las cámaras de la Ronda del Sur y de la memoria de un barrio que ya lo ha visto casi todo.