Indemnizan con 1,5 millones a un niño que quedó parapléjico tras operarse los testículos
Un millón y medio de euros. Esa es la cifra que el CatSalut ha puesto sobre la mesa para cerrar el caso de un niño que quedó parapléjico tras una intervención aparentemente menor: el descenso de un testículo no descendido. La operación, practicada con anestesia caudal —similar a la epidural pero entrando por el hiato sacro, cerca del ano—, derivó en una infección que acabó dañando la médula. La familia cobra. El hospital no reconoce nada. Y el crío, mientras tanto, no vuelve a andar.
El asunto tiene todos los ingredientes del desastre silencioso: una técnica que se practica a ciegas, guiada solo por el tacto; un paciente con pañales que se caga encima cada dos por tres; y una bacteria, la
E. coli, que vive tranquilamente en el intestino de cualquiera. La combinación era explosiva. Nadie la desactivó.
Qué falló en la anestesia caudal
La anestesia caudal es segura. Se hacen miles al año en hospitales pediátricos de todo el mundo y las complicaciones graves son excepcionales. Eso no significa que sean imposibles. La técnica se ejecuta a ciegas: si el paciente no está bien colocado, si hay obesidad, edema o escoliosis, es fácil que el anestesista no acierte a la primera. A veces se desiste y se pasa a anestesia general. Otras veces se insiste. Y ahí empieza el problema.
La clave está en la asepsia. La zona perianal de un bebé con pañales acumula restos fecales que se deslizan entre la piel y el pañal. Una toallita húmeda no basta. Hace falta baño previo, agua y jabón, y después clorhexidina. Si queda una biopelícula bacteriana o restos orgánicos —sudor, heces, sebo—, el antiséptico pierde eficacia. Es un protocolo que en cirugía ambulatoria se explica a los padres: ducha o baño a conciencia, incluso con jabón de clorhexidina que regala el propio hospital. Si eso falla, la aguja entra en un terreno contaminado.
Por qué se opera a niños tan pequeños
La criptorquidia —testículo no descendido— se opera pronto por dos motivos: riesgo de infertilidad y riesgo de malignización. Cuanto antes descienda, mejor. Si el testículo está muy alto, se interviene antes; si está más bajo, a veces baja solo y se puede esperar. La ventana quirúrgica es estrecha y la presión asistencial, real.
El problema es que la anestesia caudal se elige precisamente para evitar la general en niños pequeños. Es menos invasiva, permite cirugía ambulatoria y el postoperatorio es más llevadero. Pero exige una higiene que en un bebé con pañales no siempre se garantiza. Hay quien sostiene que el hospital es responsable de esa limpieza previa; otros apuntan a que la familia también debería haber sido instruida con más detalle. El caso es que la infección llegó a la médula y el daño fue irreversible.
Quién paga y por qué 1,5 millones
La indemnización la asume el CatSalut, pero probablemente el desembolso lo haya adelantado el seguro de responsabilidad civil del anestesista. Un millón y medio es la cifra típica máxima en estos casos. El anestesista cobra unos 50 euros netos por esa técnica. La proporción entre lo que ingresa y lo que puede costar es obscena.
Cuando hay seguro de por medio, el juez suele fallar a favor del paciente aunque no haya certeza absoluta de culpabilidad. En daños graves durante una intervención, la carga de la prueba recae sobre el hospital o el médico. No es que la mala praxis esté probada: es que la estructura legal empuja a indemnizar. La familia cobra. El profesional sigue trabajando. Y el niño, parapléjico.
El dinero no arregla nada
Adaptar una casa, comprar un vehículo adaptado, pagar rehabilitación de por vida. Un millón y medio suena a mucho hasta que se desglosa. Y hay una pregunta que planea: ¿tributan las indemnizaciones? En teoría están exentas, pero el abogado se lleva su parte. Lo que queda, si se gestiona bien, puede cubrir lo esencial. Si se gestiona mal, se evapora.
La familia del niño ha declarado que el hospital nunca pidió perdón. Alegan mala suerte. Que esas cosas pasan. La medicina tiene un margen de error que ningún protocolo elimina. Pero cuando el error deja a un crío sin moverse, la palabra «suerte» suena a insulto.
Queda por ver si el caso sienta precedente o se archiva como una anomalía estadística. Los seguros seguirán cubriendo, los jueces seguirán fallando a favor del paciente y los anestesistas seguirán pinchando a ciegas. La única variable que puede cambiar es la higiene previa. Si eso no se corrige, el siguiente niño ya tiene fecha.