Debate por las bajas docentes al inicio del curso
El curso arranca y en el material del debate se repite la cifra de
1.600 bajas de docentes para las que no hay sustitutos. La cifra, atribuida a un mensaje del hilo, sirve de detonante para una sospecha más vieja que la LOGSE: que una parte del profesorado público cronometra el estornudo. En Cataluña, el curso ha empezado con casi
200 bajas de docentes sin sustituto asignado, según el enlace que circula en el propio material. Y a partir de ahí, el resto es la vieja pelea española entre el que aguanta el tipo y el que tiene plaza.
Hay quien lo cuenta como si fuera un mecanismo de relojería: coger el alta en verano, disfrutar de la academia propia o del segundo trabajo, y volver a pedir la baja cuando suena el timbre de septiembre. La práctica, según varios relatos, se repite cada año y no es leyenda urbana.
El que sabe, sabe, resume uno de los mensajes, a propósito de un cargo público que fue profesor, sacó plaza, trabajó dos semanas y encadenó dos años de incapacidad.
El 10% de bajas en la pública frente al 2% en la privada
El dato que más se repite en el material es la brecha entre sectores: en la enseñanza pública las bajas rozan el
10% del total, mientras en la privada apenas llegan al
2%. El mismo patrón se extiende a la sanidad pública, donde solo en la plantilla de enfermería las bajas rondan el
30%. La comparación se usa como prueba de que el problema no es el estrés, sino la rigidez del sistema: en la pública no se puede echar a nadie, en la privada sí.
Frente a esa lectura, otra corriente sostiene que la comparación es tramposa. Los clientes no son los mismos. Un aula pública concentra alumnos con problemas de conducta, desventaja social y familias desestructuradas que la concertada deriva o filtra. El
bullying sistemático a profesores y entre alumnos, la ansiedad y la depresión con niveles que se describen como estratosféricos, serían el motivo real de que cada vez se presenten menos candidatos que plazas. La pregunta, en ese lado, es otra: ¿por qué no se echa a la calle al alumno que agrede y se deja caer todo el peso sobre el docente?
El precedente de 2012: cobrar la mitad de la baja
La discusión se engancha a un debate regulatorio concreto. El Gobierno prepara el fin del recorte que data de
2012, cuando se aprobó que las bajas se pagaran entre el
50% y el 75% del salario durante los primeros veinte días de ausencia. Aquella medida, vigente entre
2012 y 2018, se justificó como freno al absentismo. La anécdota que se repite es la de los supuestos enfermos que se curaron milagrosamente al día siguiente de aplicarse el tijeretazo.
El argumento de fondo es siempre el mismo: si la baja no cuesta, se abusa. Y el contraargumento también: si la baja cuesta, se trabaja enfermo y se contagia al resto. En medio, el cálculo del despilfarro. Cada baja docente obliga a contratar un sustituto que a veces no llega ni a conocer el centro, que en algunos casos no aparece el primer día, y que en otros encadena la suplencia con su propia baja. El coste se duplica sin que nadie haya pisado el aula.
¿Por qué el absentismo se concentra en el sector público?
Porque en el sector público la plaza es inamovible y las consecuencias de no ir a trabajar son menores que en cualquier empresa privada. Es la tesis que domina el material. En la privada, un absentismo del 10% se traduce en despido; en la pública, en un expediente que rara vez prospera. La consecuencia, según esta lectura, es un sistema que paga dos veces por el mismo puesto y que traslada el coste al contribuyente vía impuestos.
La objeción a esa tesis es que el sector público también concentra los puestos de mayor desgaste emocional y los peores ratios de personal. Un profesor con treinta adolescentes hostiles, sin apoyo de la inspección y con la amenaza de una denuncia si reprende, no está en la misma situación que un administrativo. Y la estadística de bajas por ansiedad, sostienen, es el termómetro de esa realidad, no un fraude.
La predicción, con reservas: mientras el debate se plantee como una pelea entre vagos y explotados, la cifra de sustitutos sin cubrir seguirá creciendo cada septiembre. Si el recorte de 2012 se deroga sin tocar el sistema de sustituciones ni la autoridad del docente en el aula, el resultado previsible es más gasto y el mismo agujero. Nadie ha explicado todavía cómo se cubre una baja el primer día de curso sin pagar dos nóminas por el mismo puesto.