Un colegio de Pontevedra aloja a migrantes y el consejo sobre la falda atribuido a la dirección
¿Qué se sabe realmente de lo que ocurre en un colegio de 700 habitantes? El
Colegio Marcote, situado entre Ponteareas y
Mondariz-Balneario (Pontevedra), alberga en su residencia a un grupo de personas migrantes llegadas desde Malí, según el relato difundido junto a un vídeo grabado por una madre. El mismo material sostiene que la dirección del centro ha aconsejado a las familias de las alumnas que no lleven falda. Y sobrevuela una tercera pieza incómoda: la sospecha, negada con dureza, de que todo sea un montaje.
Qué muestra el vídeo grabado en el centro
Las imágenes recorren zonas comunes de un colegio con internado. Aparecen literas en algunas salas y adultos circulando por las instalaciones con la toalla puesta. La mujer que graba asegura que paga
600 euros al mes por su hija, una cifra que ella misma pone sobre la mesa y que no consta verificada en documento alguno. El material tampoco permite confirmar cuántas personas están alojadas ni bajo qué régimen.
El punto que más se ha replicado es el de la indumentaria. Se atribuye a la dirección el consejo de que las niñas no vayan al centro con falda. Conviene precisarlo: ese extremo aparece en el texto que acompaña al vídeo, no en una comunicación oficial, y
no consta que el colegio lo haya confirmado. De ser cierto, sería una indicación difícil de encajar en cualquier protocolo escolar conocido.
El Colegio Marcote: internado, hotel y refugiados ucranianos
La peculiaridad del centro explica buena parte del lío. Se trata de un colegio privado, con internado para alumnos del entorno de Vigo, de esos en los que la familia paga por plaza. Con el internado cada vez menos ocupado, esa zona se reconvirtió también en una suerte de alojamiento. Un par de años antes ya había acogido a refugiados ucranianos. Ahora, el mismo espacio alberga a personas llegadas de Malí.
La convivencia de usos —colegio, residencia y hospedaje— es lo que ha encendido las alarmas. Hay quien sostiene que las instalaciones se comparten y que los adultos se mueven por el mismo bloque que los menores. La réplica es que el alojamiento ocupa la zona de residencia, separada del uso escolar ordinario. Nadie ha enseñado todavía un plano que zanje la discrepancia.
Alojamiento temporal y tutela de una ONG: qué dice la información publicada
Frente a la etiqueta de
bulo, un usuario del hilo cita un texto publicado que sí concreta el marco: «Estas personas se hospedarán temporalmente en la residencia del colegio Marcote y serán tutelados y atendidos por la
ONG Accem en todo lo necesario».
Lo que no resuelve esa nota es el número exacto de personas ni el calendario. La cifra de
200 se repite en el relato inicial, pero no aparece respaldada por ninguna fuente oficial en el material difundido. Y sobre un municipio de 700 habitantes, el matiz no es menor: no es lo mismo un dispositivo temporal que una llegada permanente.
El bulo, el contra-bulo y el desgaste de la protesta
Una parte del análisis insiste en que la historia es un fake. El argumento: que se escolarice a menores en instalaciones compartidas con adultos no se sostiene, y difundirlo solo sirve para desacreditar a quienes protestan contra la inmigración masiva. Una ironía amarga, porque el resultado —dicen— es regalar munición a quien niega el problema de fondo.
Enfrente, la lectura contraria: que llamar bulo a lo que se ve en un vídeo es la nueva forma de negar la realidad. Que el espacio es el mismo y que los hechos son los que son. Entre ambas posiciones, el único acuerdo es que la falta de datos oficiales alimenta las dos versiones a la vez.
Del caso local al conflicto político de fondo
Como suele pasar, el asunto local deriva al terreno nacional. Aparecen las fronteras y la sospecha de que ningún partido del arco parlamentario vaya a cambiar nada. Hay quien defiende el voto como única herramienta disponible y quien responde que las urnas ya no sirven para esto. Se cita también una detención previa por tocamientos en la zona, un extremo del que no consta confirmación oficial y que
no debería darse por probado.
Qué puede pasar ahora
El asunto se queda, de momento, sin desenlace. Ni cifras oficiales cerradas ni confirmación del centro sobre la recomendación de la falda. Lo único nítido es que un municipio pequeño se ha convertido en el escaparate de una discusión que llevamos años teniendo a gritos y sin papeles.
Al final, la escena es la de siempre: todos discutiendo sobre un vídeo de dos minutos, y nadie con el documento donde ponga cuántos son, hasta cuándo y en qué condiciones.
Todo muy claro.