No llueve y esto no es normal, tenemos un problema serio

Campo seco con hierba rala y un rebaño de ovejas al fondo bajo luz natural, ilustración editorial sobre la sequía
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

No llueve. Y eso, que debería ser una obviedad meteorológica, se ha convertido en el eje de una discusión más incómoda: la de si el campo vive de las ovejas o de grabar ovejas. La sequía es real —los mensajes hablan de noviembre sin lluvias, de hierba que no crece y de alpacas por las nubes—, pero el foco se desplaza rápido hacia otra anomalía: canales rurales con cientos de miles de suscriptores que denuncian la…

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He visto el último vídeo de Nazaret y me parece que tiene un futuro interesante como pregonera de fiestas patronales, encargada de anunciar el cierre del mercado municipal o presentadora de un concurso de lanzamiento de alpacas. Tiene una capacidad para transmitir preocupación que no se veía desde que el encargado del bar anunciaba que se había terminado el vino peleón.

Lo de la forma de hablar es llamativa. Tiene una voz muy potente, de las que se oyen desde lejos. No necesita micrófono: se coloca en mitad de la plaza, carraspea dos veces y se entera de la sequía hasta el último jubilado que está jugando al dominó en el casino.

Como pregonera y verdulera tiene futuro. La veo perfectamente en el mercadillo de los jueves, detrás de un puesto de tomates, anunciando las ofertas a pleno pulmón:

«¡VENGA, QUE ME QUEDAN CUATRO KILOS DE PIMIENTOS! ¡Y COMO NO LLUEVA SE NOS VA A IR TODO A TOMAR POR SACO!».

Y lo mejor es que no necesita megafonía. Con esa proyección de voz puede anunciar el fin del verano desde Torre de Don Miguel y escucharla media provincia de Cáceres.

El vídeo, por otra parte, es una auténtica obra maestra de la meteorología rural. Empieza explicando que el tiempo está muy raro, que el […] existe, pero que una cosa es el […] y otra su utilización política. Todo ello con ese tono de quien está a punto de revelar que detrás de la falta de precipitaciones hay una trama internacional de intereses que todavía no puede explicar porque tiene que hablar «semicodificado».

A ver, Nazaret, que estamos hablando de que no llueve. No hace falta convocar una comisión de investigación en el Congreso. Si el campo está seco, está seco. Si no hay hierba, no hay hierba. Y si las ovejas tienen hambre, habrá que buscar comida y echar cuentas, que para eso existe la ganadería desde antes de que YouTube inventara los vídeos de quince minutos.

Pero aquí cada fenómeno meteorológico viene acompañado de una reflexión existencial.

Que si el cumpleaños del 5 de noviembre suele venir con lluvia y frío. Que si este año parece que vas a celebrarlo en manga corta. Que si llevamos seis meses de verano. Que si solamente han caído dos episodios de lluvia. Que si las tormentas fueron muy fuertes. Que si las previsiones anuncian frío, pero no agua.

¡Señora, que estamos viendo el parte meteorológico de una explotación ganadera, no el último capítulo de una serie de misterio!

Lo del cumpleaños me ha parecido especialmente entrañable. Resulta que el calendario meteorológico de referencia es el cumpleaños de Nazaret. AEMET debería tomar nota y contratarla como observadora oficial. En lugar de instalar estaciones meteorológicas, bastaría con preguntarle qué ropa se puso el 5 de noviembre.

«¿Qué previsión tenemos para este otoño?».

«Pues mira, yo normalmente por mi cumpleaños ya voy con chaqueta, pero este año estoy en manga corta. Y eso es una cosa que hay que analizar».

Mientras tanto, en la sede de la Agencia Estatal de Meteorología, veinte científicos revisando modelos numéricos, imágenes de satélite y mapas de presión atmosférica. Y en Torre de Don Miguel, Nazaret mirando si el día de su cumpleaños se puede salir a la calle sin chaqueta.

También me encanta la parte de los refranes y las señales de los animales. Que si el pájaro hace tal sonido, que si el chapín anuncia lluvia, que si los animales se comportan de determinada manera cuando va a cambiar el tiempo... Pero ahora ya no se puede confiar en nada porque la naturaleza está intervenida.

Esto ya no es ganadería: es Expediente X, edición Sierra de Gata.

Yo quiero saber quién está interviniendo la naturaleza. ¿Es una oficina de Bruselas? ¿Un departamento secreto de la ONU? ¿Hay un funcionario con una palanca que pone el anticiclón cuando Nazaret tiene que sacar las ovejas?

Porque si resulta que alguien está manipulando el comportamiento del chapín, tenemos un problema bastante serio. El pobre pájaro lleva miles de años intentando avisar de que va a llover y ahora resulta que tiene que consultar el BOE antes de cantar.

Y mientras se desarrolla esta investigación meteorológica de primer nivel, las ovejas siguen teniendo hambre. Que es, probablemente, la parte más importante de todo el vídeo. El ganado necesita hierba, la hierba necesita agua y el agua no aparece por mucho que uno mire al cielo con expresión de haber recibido una factura de 600 euros.

Eso sí, la solución narrativa siempre es magnífica: nos reiremos por no llorar. ¡Qué frase! Ya tenemos el lema oficial de la explotación.

«Nos reiremos por no llorar».

Podría ponerlo en una pancarta a la entrada de la finca, junto a otra que diga «Se ruega no alimentar a los animales con previsiones de AEMET».

Pero hay otro asunto que me tiene intrigado: la saga familiar de los Martín Crespo.

Porque aquí no tenemos simplemente a una pastora que sube vídeos. Tenemos prácticamente una productora audiovisual familiar especializada en cabras, ovejas, gallinas, huertos, reivindicaciones rurales y declaraciones espontáneas.

Primero estaba el tío, Jesús Manuel, el Autóctono, que fue el pionero de la familia en YouTube. Después apareció Feli, el padre de Nazaret, con su propio canal. Y finalmente llegó ella, que pasó de aparecer en los vídeos familiares a convertirse en protagonista de su propio canal.

La cosa empezó como una actividad para enseñar la vida del campo y ha terminado pareciéndose a una franquicia familiar. Falta que abran una tienda de merchandising y vendan camisetas con «Trabajo hecho no mete prisa», una taza con la cara del Autóctono y un calendario con las fases lunares para saber cuándo se puede sacar el ganado.

Y aquí viene lo divertido: en los foros ya se hablaba de posibles tensiones familiares en 2022. Algunos usuarios comentaban que al tío no le habría gustado demasiado que toda la familia se incorporase a las redes sociales. En 2023 apareció otro comentario sobre un vídeo de Nazaret en el que se quejaba de que le habían destrozado el huerto y una usuaria sospechaba que el responsable podía ser un animal del tío.

No sabemos si aquello fue así, si hubo discusión o si todo quedó en una simple coincidencia. Pero imaginad el panorama: una familia que comparte apellido, afición ganadera y plataforma de vídeo, y que encima compite por conseguir seguidores.

El tío fue el primero en llegar, el padre montó su canal y la sobrina terminó adelantándolo en suscriptores. En diciembre de 2023 incluso apareció una noticia local destacando que Nazaret había superado a Jesús Manuel.

¡La guerra de los Martín Crespo!

Esto tiene más posibilidades que una serie de Netflix. La sucesión del trono ganadero. El tío fundador de la dinastía digital, el padre que abre su propio canal y la sobrina que conquista el algoritmo.

Me imagino las reuniones familiares:

—¿Cuántas visitas has tenido esta semana?

—Pues yo he subido un vídeo de las ovejas.

—Ya, pero ¿cuántas visitas?

—No sé, unas cuantas.

—Pues yo he superado los cuatro millones.

Y de fondo una cabra mordiendo el huerto, que es como empiezan las guerras civiles en las familias ganaderas.

Por supuesto, no hay que confundir los rumores de los foros con hechos demostrados. Pero la historia del huerto y las especulaciones sobre el mal rollo familiar son material de primera para quien disfrute del culebrón rural.

Lo que sí está claro es que el mundo rural se ha convertido en un negocio audiovisual bastante peculiar. Hay gente que se dedica a enseñar técnicas agrícolas, maquinaria, manejo de ganado, alimentación, costes y cuestiones realmente útiles. Y luego tenemos los vídeos en los que alguien sale a la puerta de casa, mira al cielo, anuncia que no llueve y consigue convertirlo en un acontecimiento de interés nacional.

El contenido de hoy: no llueve.

El de mañana: sigue sin llover.

El del jueves: las ovejas tienen hambre.

El del viernes: he mirado el cielo y sigue sin llover.

El domingo: el chapín ha hecho un ruido extraño, pero no me fío porque la naturaleza está intervenida.

Y así hasta conseguir una temporada completa de veinte episodios.

Eso sí, hay que reconocerle una cosa: tiene personalidad delante de la cámara. No es la típica influencer que habla como si estuviera leyendo un trinc de una clínica dental. Tiene un registro muy suyo, una expresividad tremenda y una manera de contar las cosas que parece que está a punto de llamar al encargado de la cooperativa para exigir explicaciones.

La veo presentando las campanadas de Nochevieja:

«¡QUE SE ACABA EL AÑO! ¡Y A VER SI ESTE AÑO LLUEVE DE UNA VEZ!».

Y a continuación, doce uvas, dos alpacas y un chapín haciendo señales desde el campanario.

En fin, que mucho ánimo con la sequía, porque el problema del campo es serio y los ganaderos no viven precisamente de contar anécdotas en YouTube. Pero entre la meteorología, los refranes, las señales de los pájaros, las sospechas sobre la naturaleza intervenida y el culebrón familiar de los canales, esta gente tiene material para producir más temporadas que Aquí no hay quien viva.

Yo solo pido una cosa: que algún día hagan un vídeo conjunto el tío, el padre y Nazaret. Los tres sentados a una mesa, con un mapa meteorológico detrás, discutiendo sobre quién tiene más seguidores y quién ha provocado que el huerto termine destrozado.

Y que al final aparezca el chapín, se pose sobre la mesa y anuncie que va a llover.

Sería el primer vídeo de la saga que tendría un argumento cerrado.
 
Hay una cosa que me llama muchísimo la atención de toda esta familia de ganaderos y youtubers: después de haber visto cientos de vídeos suyos, sigo sin tener ni idea de cómo se vive realmente de las ovejas. Y eso que, por lo visto, llevan años dedicándose a ello.

Mucho vídeo mirando al cielo porque no llueve, mucho lamentarse de que no hay hierba, que si las alpacas están carísimas, que si el campo está abandonado, que si los políticos no ayudan, que si los animales tienen hambre. Pero a la hora de enseñar el oficio, los números y el funcionamiento de una explotación ganadera, ahí se acaba la programación.

Porque yo no quiero ver a una persona salir de casa, ponerse delante de la cámara y contarme por enésima vez que lleva dos semanas sin llover. Eso ya lo sé mirar por la ventana. Lo que quiero saber es cómo se gana la vida con las ovejas.

¿Cuánto cuesta mantener un rebaño durante un año? ¿Cuánto gastan en alimentación? ¿Cuánto cuesta una alpaca de heno? ¿Cuántas necesitan para pasar el invierno? ¿Cuánto se paga realmente por un cordero? ¿Qué margen queda después de descontar pienso, veterinario, combustible, seguros, instalaciones, maquinaria y demás gastos? ¿Cuántas ovejas hacen falta para que una explotación sea rentable? ¿Cuántas horas de trabajo requiere? ¿Qué ayudas reciben? ¿Qué inversión inicial necesita alguien que quiera empezar?

Silencio administrativo.

De todo eso, que es precisamente lo que podría resultar útil para alguien que quisiera dedicarse a la ganadería, parece que hay bastante menos contenido que de mirar al horizonte y anunciar que se avecina una desgracia.

Y no será por falta de oportunidades. Tienen animales, explotaciones, experiencia y canales con los que podrían enseñar el trabajo diario. Podrían explicar cómo se organiza una paridera, cómo se seleccionan los animales, cómo se gestiona la alimentación, qué enfermedades son habituales, cómo se calcula la rentabilidad, cómo se negocia con los compradores o qué errores cometieron cuando empezaron.

Pero no. Parece que el gran conocimiento ganadero que vamos a recibir hoy es que las ovejas necesitan comer y que, si no llueve, crece menos hierba. Dentro de poco nos explicarán que las gallinas ponen cigot y que los gorrinos no suelen hacer la declaración de la renta.

Lo más llamativo es que siempre están con el mismo discurso: el campo está fatal, no hay futuro, los costes se disparan, los políticos nos abandonan, nadie valora nuestro trabajo y la ganadería está al borde del abismo.

Pero luego los ves con sus canales, sus vídeos, sus seguidores y su actividad en redes sociales, y parece que el negocio audiovisual tiene bastante más protagonismo que la divulgación del oficio. No digo que no trabajen ni que no tengan problemas económicos, porque eso no lo sabemos. Lo que digo es que, si pretenden representar la vida ganadera, podrían enseñar algo más que el catálogo de dificultades de cada temporada.

Porque una cosa es explicar las dificultades del sector y otra muy distinta es utilizar las dificultades del sector como argumento permanente para producir contenido.

Y hay una contradicción que me resulta llamativa: se pasan el día diciendo que vivir del campo es durísimo, que nadie debería meterse en esto sin saber dónde se mete y que la situación es insostenible. Perfecto. Pues explicadlo con datos. Enseñad las cuentas. Mostrad los ingresos y los gastos, aunque sea de manera aproximada. Contad qué parte de la renta familiar procede de la ganadería y qué parte de otras actividades. Explicad qué hace viable vuestra explotación.

Porque si alguien ve cien vídeos vuestros y sigue sin saber cómo se puede vivir de las ovejas, habéis conseguido algo bastante extraordinario: convertir la ganadería en un misterio.

Y luego está el asunto de las redes sociales. Da la impresión de que algunos canales familiares se han convertido en una especie de patio de vecinos digital. Mucha indirecta, mucho comentario, mucho protagonismo y mucha competición por ver quién tiene más razón, más seguidores o más visitas.

Lo que empezó supuestamente para enseñar el mundo rural termina pareciendo un programa de tertulia de dehesa.

El espectador entra buscando información sobre ganadería y acaba encontrándose con un episodio de la guerra de los canales familiares. Que si uno dijo, que si el otro hizo, que si aquel tiene más seguidores, que si este se ha molestado, que si el otro ha publicado una indirecta... Solo falta que pongan una pantalla partida con los tres reaccionando al vídeo del cuarto.

Mientras tanto, las ovejas esperando a que alguien les explique cómo funciona el negocio.

Es que resulta hasta irónico. Se supone que son personas que han elegido vivir de una actividad tradicional, que conocen el campo desde dentro y que podrían aportar muchísimo conocimiento práctico. Sin embargo, sus canales no parecen estar especialmente interesados en enseñar a nadie a seguir sus pasos.

No hay una guía completa de cómo empezar. No hay una explicación seria de la rentabilidad. No hay una serie dedicada a los costes reales de una explotación. No hay un análisis de los distintos modelos de negocio. No hay una explicación detallada de cómo comercializan sus animales. No hay una transparencia mínima que permita al espectador hacerse una idea de si aquello da para vivir o si se sostiene gracias a otras fuentes de ingresos.

Eso sí, para contar que no llueve siempre hay tiempo.

Yo no les estoy pidiendo que regalen su trabajo ni que publiquen sus declaraciones de Hacienda. Pero entre enseñar absolutamente todo y no enseñar prácticamente nada existe un término medio. Se puede divulgar sin revelar secretos comerciales ni poner las cuentas bancarias encima de la mesa.

Y si no quieren enseñar el oficio, estupendo. Que hagan entretenimiento, que cuenten su vida y que suban los vídeos que les dé la gana. Pero entonces que no vendan la película de que están transmitiendo los secretos de la vida rural a las nuevas generaciones.

Porque después de cientos de vídeos, lo único que he aprendido es que:

  1. Si no llueve, no crece la hierba.
  2. Si no hay hierba, las ovejas tienen hambre.
  3. Si las ovejas tienen hambre, hay que comprar alpacas.
  4. Si compras alpacas, te quejas de que son caras.
  5. Si tienes un canal, grabas todo lo anterior y vuelves a empezar.
Eso no es enseñar a vivir de la ganadería. Es hacer una serie documental sobre cómo mirar al cielo y enfadarse con él.

Y lo llamativo es que todos parecen tener una opinión sobre cómo está el campo, cómo debería funcionar el país, qué hacen mal los demás y quién tiene la culpa de sus problemas. Pero cuando llega el momento de explicar con números cómo se sostiene una explotación ganadera, parece que se ha ido la cobertura.

En definitiva, mucho discurso sobre la dignidad del trabajo rural, mucha reivindicación y mucho presumir de vida auténtica, pero poca información útil para quien quiera aprender el oficio.

A mí me gustaría ver menos vídeos de gente discutiendo por Internet y más vídeos enseñando a trabajar. Menos tertulia familiar y más ganadería. Menos mirar al cielo y más enseñar las facturas, los animales, los procesos y las cuentas.

Porque el campo no necesita otra tertulia de youtubers enfadados. Necesita gente que explique cómo se trabaja, cuánto cuesta, qué se gana y qué dificultades reales tiene montar una explotación.

Y si después de cientos de vídeos sigo sin saber cómo se puede vivir de las ovejas, igual el problema no es que yo no haya prestado atención.

Igual es que me he tragado cientos de horas de televisión rural y todavía estoy esperando el primer tutorial.
 
¿Será cosa del cambio de estación?
Ya lloverá. Mientras, a ingeniárselas y a aprender para próximas campañas.

p.d.
me vuelvo a ver el aove a 15e el litro por la nueva sequia
(aceite almacenado de temporadas pasadas, claro)
y ya la guerra de ucrania ahi sigue dale que te pego.

(mensaje citado en revisión)

Está claro que o tienes mucho tiempo libre o no prestas atención a lo que dice.
 
Lo de Nazaret empieza a parecerme otro ejemplo de lo que se ha convertido YouTube en el mundo rural: mucho discurso, mucha cámara, mucha indignación y bastante poca pedagogía sobre cómo ganarse la vida trabajando en el campo.

Llevo viendo vídeos de estos canales rurales y todavía estoy esperando encontrar uno que explique de verdad cómo se construye una explotación ganadera rentable. No quiero otro monólogo sobre la Agenda 2030, los políticos, Bruselas, los animalistas o el lobo. Quiero que alguien se siente delante de una cámara y explique con números cuánto cuesta mantener un rebaño, cuánto cuesta alimentar a las ovejas, qué gastos veterinarios tiene, cuánto se ingresa por los corderos, qué margen queda después de pagar todos los gastos y cuántas cabezas hacen falta para vivir dignamente de la actividad.

Quiero ver cuentas, facturas, inversiones, amortizaciones, seguros, impuestos, rentabilidad por animal y horas reales de trabajo. Quiero saber cómo se empieza desde cero, qué dificultades tiene alguien que no hereda una explotación familiar y qué posibilidades tiene un joven de ganarse la vida criando ovejas.

Pero claro, eso exige bastante más trabajo que ponerse delante del móvil a explicar por enésima vez que España se va a la ruina por culpa de Bruselas.

Y aquí viene una de las cosas que más me chirrían de estos personajes: la eterna reivindicación de que el campo está abandonado, que nadie quiere trabajar, que los jóvenes no tienen oportunidades y que la vida rural está desapareciendo. Sin embargo, algunos parecen haber descubierto una actividad bastante más rentable que cuidar animales: convertirse en tertulianos profesionales de su propia explotación.

Nazaret tiene una formación académica que podría aprovechar para hacer algo realmente interesante: explicar la gestión económica de una ganadería, la comercialización, la fiscalidad, las ayudas, los costes y las posibilidades de modernización de una explotación familiar. Sería muchísimo más útil que convertir cada problema del sector en otra batalla política.

Y lo de la política también tiene su gracia. Primero te presentas como representante del mundo rural, después te conviertes en portavoz de sus desgracias y finalmente terminas hablando de prácticamente cualquier asunto de actualidad. El campo acaba siendo el decorado desde el que se construye una identidad política y una marca personal.

Que nadie me malinterprete: criticar a los políticos es perfectamente legítimo y los problemas de los ganaderos son reales. Pero una cosa es defender al sector y otra muy distinta convertir la indignación permanente en un modelo de negocio.

También me hace gracia el discurso generacional. Si una persona está en edad de trabajar, tiene que trabajar. Y si ayuda en una explotación familiar, lo razonable es que exista una relación laboral clara, con su correspondiente remuneración y alta cuando proceda. No se puede defender que los jóvenes tengan oportunidades en el campo mientras se normaliza que trabajen gratis para sus familiares. El trabajo no deja de ser trabajo porque el jefe sea tu padre.

Y tampoco vale utilizar constantemente las dificultades de la ganadería como argumento para justificarlo todo. Si una explotación no resulta rentable, habrá que estudiar por qué, buscar alternativas, mejorar la comercialización o cambiar el modelo productivo. No basta con señalar a Bruselas, grabar otro vídeo indignada y esperar que los problemas desaparezcan.

Porque esa es otra: parece que el campo español está lleno de gente que tiene clarísimo quién tiene la culpa de todo, pero bastante menos gente dispuesta a explicar cómo solucionar los problemas con números y propuestas concretas.

Yo no quiero que me enseñen a indignarme con la Unión Europea. Quiero que me enseñen a vivir de las ovejas.

Quiero que alguien demuestre que se puede montar una explotación, mantenerla sin depender de estar mendigando subvenciones y sacar un sueldo digno después de pagar todos los gastos. Eso sí sería divulgar el mundo rural y ayudar a quienes quieren incorporarse al sector.

Mientras tanto, tenemos una generación de agroinfluencers que parece haber encontrado una actividad complementaria bastante cómoda: grabarse trabajando, hablar de política, denunciar que nadie valora el campo y acumular visitas.

Al final, algunos han conseguido exactamente lo que criticaban: vivir de hablar del campo en lugar de enseñar a vivir del campo.

Y lo peor es que hay chavales que pueden terminar creyendo que instalarse en un pueblo, tener cuatro animales, abrir un canal de YouTube y convertirse en enemigo de Bruselas es un proyecto empresarial.

Pues no. Eso es una estrategia de creación de contenido, no un plan de viabilidad ganadera.

Menos mítines, menos victimismo y menos discursos apocalípticos. Y, por favor, algún vídeo que enseñe de una vez cómo se gana dinero criando ovejas. Que después de tantos vídeos, uno empieza a sospechar que el negocio de verdad no está en los corderos, sino en las visitas.
 
Llevamos años viendo vídeos de ovejas, tractores, remolques, maquinaria, terrenos, instalaciones y demás patrimonio rural, pero seguimos sin encontrar lo verdaderamente importante: un manual para que una persona normal pueda empezar desde cero y vivir dignamente de las ovejas.

Porque mostrar que tienes animales, maquinaria y terreno es muy fácil. Lo complicado es explicar cómo has conseguido construir una explotación rentable, cuánto dinero has invertido, de dónde salen los ingresos y cuánto queda limpio después de pagar absolutamente todo.

Yo propongo un reto para Nazaret y compañía: que publiquen un curso gratuito titulado «Cómo vivir de las ovejas sin arruinarte».

Pero nada de vídeos de veinte minutos hablando de Bruselas, la Agenda 2030, los animalistas, el lobo, los políticos y las desgracias del mundo rural. Queremos un curso práctico, con números y documentación.

Primera lección: ¿Cuánto cuesta empezar?

Segunda: ¿Cuántas ovejas necesitas para mantener una familia?

Tercera: ¿Cuántas hectáreas hacen falta y cuánto cuesta alquilar o comprar el terreno?

Cuarta: ¿Cuánto cuesta comprar 300 o 500 reproductoras, los carneros y el material necesario?

Quinta: ¿Cuánto cuesta mantenerlas durante un año? Alimentación, veterinario, medicamentos, esquileo, seguros, gasóleo, reparaciones, electricidad y mano de obra.

Sens: ¿Cuántos corderos vendes realmente al año y cuánto dinero recibes por cada uno?

Séptima: ¿Cuánto dinero recibes de la PAC y qué porcentaje de tus ingresos representa?

Octava: ¿Cuánto te queda después de pagar todos los gastos, amortizar la maquinaria y reservar dinero para renovar el ganado?

Y, sobre todo, la última lección: ¿cuánto dinero te llevas a casa a final de mes?

Porque he estado haciendo números y la cosa tiene bastante menos gracia de lo que parece. Una explotación de 300 ovejas puede necesitar cerca de 100.000 euros para arrancar si tienes que comprar los animales, acondicionar instalaciones, adquirir maquinaria usada y disponer de un colchón económico. Si quieres acercarte a las 600 cabezas, la inversión puede rondar los 175.000 euros, sin comprar el terreno.

Y eso suponiendo que tengas dónde meterlas y que puedas aprovechar buenos pastos. Para una explotación extensiva, calcular unas 10 ovejas por hectárea puede servir como primera aproximación en determinados terrenos, aunque la productividad cambia muchísimo según la zona y la calidad del pasto. Estamos hablando de 30 a 60 hectáreas para esos dos tamaños de explotación.

¿Os dais cuenta de la cantidad de dinero, trabajo y conocimientos que hacen falta?

Por eso me llama la atención ver determinados canales. Mucho tractor, mucho terreno, mucho rebaño, mucha maquinaria y mucho mostrar patrimonio, pero cuando llega el momento de explicar la economía real del negocio parece que se ha declarado información clasificada.

Y no estoy diciendo que sus tractores o sus terrenos estén comprados con subvenciones. Digo que sería estupendo conocer la procedencia de los ingresos y las cuentas de una explotación real. Porque las ayudas públicas existen, son importantes y forman parte de la economía del sector. En una explotación analizada en Navarra, las ayudas asociadas y desacopladas sumaban casi 50.000 euros anuales. Que alguien explique estas cosas con naturalidad.

Lo que no puede ser es pasarse el día denunciando que la ganadería no es rentable, que los ganaderos están abandonados, que nadie quiere trabajar en el campo y que todo está fatal, mientras el espectador contempla desde su sofá una colección de animales, maquinaria, terrenos y vehículos que parecen sacados de un catálogo de equipamiento agrícola.

¿Dónde está el secreto? ¿Cuánto patrimonio hace falta para entrar en este negocio? ¿Cuánto dinero familiar hay detrás? ¿Qué parte procede de la actividad ganadera, qué parte de las ayudas y qué parte de otras fuentes de ingresos?

No lo sabemos. Y precisamente por eso hacen falta canales que enseñen, no solamente canales que enseñen sus cosas.

Porque estos vídeos, en lugar de servir de orientación a alguien que quiera incorporarse al sector, muchas veces parecen un escaparate para presumir, provocar envidia, recibir felicitaciones y desahogarse con sus enemigos de internet.

Y luego están las interminables guerras personales, las indirectas, las pullitas, las rivalidades y los dramas familiares. A veces da la impresión de que uno ha entrado en un programa de cotilleos en lugar de en un canal de formación ganadera.

Es bastante llamativo que alguien pueda ver cientos de vídeos de una explotación y seguir sin tener una idea clara de cómo reproducir ese modelo empresarial.

Un canal de ganadería debería enseñar a gestionar una explotación, comercializar los animales, controlar los gastos, negociar con compradores, seleccionar reproductoras, gestionar los pastos y calcular la rentabilidad. Debería permitir que alguien terminase de ver un vídeo sabiendo algo que antes desconocía.

Pero aquí parece que el objetivo es otro: grabar la jornada, enseñar el tractor, enseñar las ovejas, contar lo mal que está el mundo, criticar a los políticos y volver a grabar al día siguiente.

Y lo más curioso es que siempre se habla de lo mal que está el campo, pero rara vez se presenta un balance económico completo que permita entender cómo sobreviven estas explotaciones.

A mí me gustaría ver a Nazaret haciendo un experimento: empezar una explotación desde cero con 100.000 euros de capital, sin heredar instalaciones, sin disponer de terrenos familiares y sin dar por supuesto que tienes toda la infraestructura montada. Que enseñe cada factura, cada inversión y cada ingreso durante tres años.

Eso sí sería contenido interesante. Eso sí ayudaría a los jóvenes que quieren incorporarse al sector.

Porque enseñar una explotación familiar que lleva años funcionando no es lo mismo que demostrar que alguien puede montar una desde cero y vivir de ella.

Y una última cosa: si tanto defendéis el mundo rural, dejad de tratar al espectador como si fuera un fan que viene a aplaudir vuestra última ocurrencia. Tratadlo como alguien que quiere aprender.

Menos postureo rural, menos victimismo, menos peleas de patio de colegio y menos exhibición de patrimonio.

Queremos saber cuánto cuesta una oveja, cuánto produce, cuánto come, cuánto cuesta mantenerla, cuánto dinero genera y cuánto beneficio deja.

Que después de tantos años viendo canales de pastores, lo mismo terminamos descubriendo que el oficio que mejor se les da a algunos no es criar ovejas, sino criar suscriptores.

Mucho enseñar el rebaño y poco enseñar el negocio.
 
GEMINI:
Si analizamos el canal de Nazaret Martín (@nazaretmartinc), una creadora de contenido de ámbito rural que muestra las labores agrícolas, ganaderas y cotidianas de su entorno y familia, no existe una contabilidad oficial pública ni una tarifa fija desglosada de "cuánto le pagan por cada producto" que elaboran o cultivan (ya que su contenido se centra en la divulgación de la vida en el campo, el trabajo con animales, huertos y tradiciones, más que en ser una tienda online de productos propios con precios públicos por catálogo).
No obstante, en cuanto a sus ingresos económicos estimados, se pueden extraer los siguientes datos basados en métricas de analítica de plataformas y estimaciones de mercado:

1. Ingresos por YouTube (AdSense)​

  • Ingresos mensuales estimados: Las herramientas de auditoría y estadísticas para canales con su volumen (alrededor de 449.000 suscriptores y una media de entre 3 y 5 millones de visualizaciones mensuales) sitúan sus ingresos estimados por publicidad de YouTube entre 3.500 y 5.500 dólares mensuales (aproximadamente entre 3.200€ y 5.000€ al mes), variando según la época del año, el coste por clic (CPC) y la monetización publicitaria.
  • Ingresos anuales estimados: Proyectando estas cifras de visualizaciones y rendimiento publicitario, los ingresos brutos anuales generados exclusivamente por el rendimiento de los vídeos en YouTube suelen oscilar entre los 40.000€ y los 60.000€ (pudiendo fluctuar al alza si hay meses con vídeos virales o campañas especiales).

2. Otras fuentes de ingresos complementarias​

Además de los ingresos directos por las visualizaciones de la plataforma, canales de esta naturaleza suelen diversificar sus entradas económicas mediante:
  • Colaboraciones con marcas y patrocinadores afines al sector agrícola, herramientas de campo, automoción o productos rurales.
  • Plataformas de mecenazgo o comunidades de apoyo (si disponen de opciones de membresía o Patreon).
  • Venta directa de productos locales o artesanales de su entorno familiar (como aceite, productos de huerta o ganadería de la zona), cuyos precios varían completamente según el mercado local tradicional y los canales de distribución físicos o de cercanía en los que operen, sin constituir un e-commerce masivo reflejado públicamente en la web.
Nota: Hay que tener en cuenta que estas cifras son estimaciones analíticas basadas en el rendimiento público de visualizaciones y CPM estándar; los ingresos reales netos varían según los costes de producción, impuestos y la gestión fiscal de su actividad.






En la actividad agropecuaria directa (fuera de lo que genera como creadora de contenido en YouTube), Nazaret Martín Crespo y su familia no venden productos procesados en una tienda propia con marcas fijas o venta al pormenor al público general, sino que operan bajo el sistema tradicional del sector primario en el norte de Extremadura (Sierra de Gata / Valle del Jerte / Trasierra - Tierras de Granadilla).
Esto significa que no perciben una cuantía fijada por ellos mismos por la venta directa final al consumidor, sino que están sujetos a la cotización oficial en origen y a las liquidaciones de las cooperativas agrarias o compradores mayoristas.

1. Ganadería (Cabras y Ovejas)​

En sus vídeos se observa que manejan principalmente un rebaño mixto caprino y ovino centrado en la producción láctea (con entregas diarias a queserías) y en la venta de crías (cabritos y corderos):
  • Venta de leche de cabra en origen:
    • A cuánto se la pagan: Las industrias queseras de la zona liquidan la leche de cabra en función del extracto seco (materia grasa y proteína). En las últimas campañas en Extremadura, el litro de leche de cabra en origen cotiza en horquillas de 0,95 € a 1,15 € por litro (tras la subida de costes de los últimos años).
    • Volumen e ingresos: Un rebaño caprino familiar medio en régimen semiextensivo (unas 200–300 cabezas en ordeño) produce entre 200 y 400 litros diarios en temporada alta, lo que supone una facturación bruta de entre 6.000 € y 10.000 € mensuales en los meses de mayor producción.
  • Venta de cabritos y corderos (chivos/lechales):
    • A cuánto se los pagan: Los compradores/tratantes o cooperativas pagan el kilo de canal o la pieza viva según las lonjas agrarias de Extremadura. Un cabrito de leche (de 8 a 11 kg) se paga al ganadero a unos 45 € - 65 € por pieza (pudiendo repuntar en campañas puntuales como Navidad a 70 € - 85 €).
    • Ingresos anuales: La venta de la paridera de cabritos representa un ingreso puntual estacional que suele aportar entre 8.000 € y 15.000 € anuales según la fertilidad del rebaño.

2. Agricultura (Olivar de montaña y castañar / frutales)​

La explotación agrícola familiar en su zona de Extremadura se basa principalmente en el olivar tradicional de montaña (variedad Manzanilla Cacereña) destinado a aceituna de mesa (verdeo) y aceite, complementado con castañares o pequeños frutales:
  • Aceituna (Verdeo y Molino):
    • A cuánto se la pagan: En la aceituna de mesa o para almazara entregada en cooperativa local:
      • Aceituna para aceite (almazara): Tras la reciente crisis de precios en el sector del aceite, el kilo de aceituna en origen se ha pagado en horquillas de 0,80 € a 1,20 € / kg (frente a los 0,40-0,50 € de años anteriores).
      • Aceituna de mesa (verdeo): Suele cotizar entre 0,90 € y 1,30 € / kg según el tamaño y la calidad del fruto.
    • Ingresos estimativos por campaña: Una recolección familiar de olivar de montaña de tamaño medio (entre 10.000 kg y 25.000 kg en una campaña normal) supone una facturación bruta de 12.000 € a 25.000 € anuales, concentrada tras la cosecha invernal.

3. Ayudas PAC (Política Agraria Común)​

En la ganadería extensiva/semiextensiva y la agricultura de montaña en España, una parte fundamental de la viabilidad económica procede de los pagos directos y los ecorregímenes de la PAC:
  • Ingresos por PAC: Por el número de hectáreas de pastos, olivar tradicional de montaña y cabezas de ganado caprino/ovino con derechos, una explotación de estas características suele percibir entre 8.000 € y 18.000 € anuales en concepto de ayuda básica a la renta, pago complementario a jóvenes/mujeres agricultoras y ecorregímenes por pastoreo extensivo.

Resumen del balance económico de la explotación agrícola/ganadera​

Concepto de la ExplotaciónEstimación de Facturación Bruta Anual
Venta de leche (caprino/ovino)25.000 € – 45.000 €
Venta de crías (cabritos/corderos)8.000 € – 15.000 €
Campaña de la aceituna (y otros frutos)10.000 € – 25.000 €
Subvenciones y Ayudas PAC8.000 € – 18.000 €
Total Ingresos Brutos Agropecuarios51.000 € – 103.000 € / año
(mensaje citado en revisión)
Esto explica por qué la vía de ingresos digitales (YouTube), con márgenes de beneficio mucho más altos y menos costes directos de insumos, supone hoy en día una inyección económica equivalente o superior a la renta neta que les deja el propio trabajo físico en el campo.
 
JAJAJAJA. Creo que por fin estamos empezando a entender el misterio de algunos agroinfluencers.

Yo llevo tiempo preguntándome cómo es posible que determinados canales tengan tanto patrimonio, tanta maquinaria, tantos animales y tantas instalaciones, mientras sus vídeos consisten básicamente en enseñarnos lo que hacen cada día y contarnos lo mal que está el sector primario.

Pero quizá estamos enfocando mal el asunto. A lo mejor el negocio no está en las ovejas, sino en grabarlas.

Porque vamos a ver, Nazaret tiene cerca de 450.000 suscriptores y millones de visualizaciones. Según las herramientas de estadísticas de YouTube, su canal puede estar generando varios miles de euros mensuales en publicidad. No sabemos cuánto cobra realmente, pero tampoco estamos hablando de una aficionada que sube cuatro vídeos para entretenerse.

Y aquí aparece una cuestión interesante: ¿hasta qué punto se va al campo a trabajar con las ovejas y hasta qué punto el trabajo con las ovejas es el contenido que necesita para seguir facturando en YouTube?

Porque una cosa es tener una explotación ganadera y compartir algunas experiencias, y otra convertir tu vida rural en una producción audiovisual permanente.

Si mañana las ovejas desapareciesen del canal, ¿qué quedaría? ¿Seguiría teniendo el mismo interés para sus cientos de miles de seguidores? ¿Cuántas visualizaciones conseguiría hablando de cualquier otra cosa?

El campo es su producto, su escenario y su principal reclamo comercial.

Y no tiene nada de malo ganarse la vida creando contenido. Lo que llama la atención es el discurso permanente de las dificultades del sector, mientras se omite que las redes sociales pueden convertirse en una fuente de ingresos mucho más atractiva que la propia actividad ganadera.

Imaginemos que una persona consigue 40.000 euros anuales con YouTube. No estoy diciendo que sea lo que gana Nazaret, porque no conocemos sus cuentas. Pero si consiguiera esa cantidad, ya estaríamos hablando de un negocio audiovisual bastante serio. Y probablemente habría que preguntarse si el verdadero incentivo para seguir haciendo vídeos es exclusivamente defender la ganadería o también mantener funcionando esa máquina de generar visitas.

Porque si de verdad se tratase de divulgar el oficio, tendríamos vídeos con balances económicos, inversiones, gastos, márgenes comerciales y explicaciones para que otros pudieran incorporarse al sector.

Pero no. Tenemos vídeos de la jornada, animales, problemas, polémicas, discursos políticos, reivindicaciones y mucho contenido personal.

Y lo peor es que el espectador termina sin saber cómo reproducir el modelo económico que está contemplando.

Yo quiero un tutorial que se titule: «Cómo empezar con 300 ovejas y conseguir un sueldo digno sin heredar una explotación».

Que explique cuánto cuesta comprar los animales, cuánto terreno necesitas, qué instalaciones hacen falta, cuánto cuesta alimentarlos, qué ingresos obtienes por los corderos, cuánto recibes de la PAC y cuánto queda limpio después de pagar todos los gastos.

Y que incluya también una parte sobre YouTube: cuánto dinero se puede generar enseñando la explotación, cuántas visualizaciones hacen falta y qué porcentaje de los ingresos totales representa la actividad audiovisual.

Porque igual descubrimos que el negocio más rentable de algunas explotaciones no está en vender corderos, sino en conseguir que cientos de miles de personas vean cómo los crían.

Y conviene no contar demasiado: si un día se publica un balance completo y resulta que se gana más enseñando las ovejas que vendiéndolas, puede quedar en entredicho buena parte del perfil de ganadera sacrificada que sobrevive a duras penas en el campo.

JAJAJAJA.

Es llamativo. Nos pasamos años escuchando que no hay futuro en el campo, que las explotaciones no son rentables, que los jóvenes no quieren trabajar y que todo está fatal. Pero luego algunos han descubierto que hay una forma estupenda de monetizar la vida rural: convertir cada problema en un vídeo, cada polémica en una publicación y cada jornada de trabajo en contenido para suscriptores.

Y mientras tanto, el espectador sigue esperando que alguien le enseñe a vivir de las ovejas.

Porque a este paso vamos a necesitar dos cursos diferentes: uno para aprender a criar ganado y otro para aprender a grabarlo y cobrar por las visualizaciones.

Me da que el segundo tiene bastante más futuro económico.

Menos vendernos las penurias del campo y más enseñar las cuentas. Que queremos aprender a criar ovejas, no a convertirnos en espectadores de una telenovela ganadera.
 
Lo de Nazaret es digno de estudio. Hemos pasado de tener una ganadera que supuestamente quiere divulgar la realidad del campo a tener una youtuber que parece haber descubierto que enseñar las ovejas de su padre puede ser bastante más rentable que vender corderos.

Porque vamos a ser sinceros: ¿qué aporta realmente este canal? ¿Qué aprende alguien después de ver veinte vídeos suyos? ¿Cómo montar una explotación ganadera? ¿Cómo calcular la rentabilidad de un rebaño? ¿Cómo gestionar los gastos? ¿Cómo comercializar los animales? ¿Cómo empezar desde cero sin tener una familia detrás que te facilite las instalaciones y los medios?

Nada. Absolutamente nada que no puedas encontrar explicado muchísimo mejor en otros canales.

Lo suyo parece consistir en pasearse por la finca familiar, grabar lo que pilla, soltar alguna opinión política, indignarse con algún enemigo de turno y esperar que el algoritmo haga su trabajo.

Y oye, el negocio no parece malo. Si consigues cientos de miles de suscriptores y millones de visualizaciones, tienes una actividad audiovisual perfectamente monetizable. Pero entonces no nos vendas la película de que estás haciendo divulgación ganadera cuando lo que tienes es un canal de entretenimiento rural.

Lo que me hace especialmente gracia es esa imagen de humildad y penurias rurales que acompaña al personaje. Una cosa es la situación económica de una explotación ganadera y otra muy distinta los ingresos que puede generar una creadora de contenido con cientos de miles de seguidores.

¿De verdad vamos a seguir fingiendo que solamente existe el dinero de las ovejas? ¿Por qué no hablamos también de YouTube, de los ingresos publicitarios, de las colaboraciones comerciales y de lo que se queda Hacienda?

Si el canal genera tanto dinero como sugieren las estadísticas públicas, estaría bien que explicase cómo funciona ese negocio. No sabemos lo que ingresa realmente, pero las estimaciones de terceros apuntan a cantidades nada poco apreciables. Y eso sin conocer posibles acuerdos comerciales.

Pero claro, hablar de lo que cuesta mantener una explotación y de lo mal que está el campo queda estupendamente para conservar la imagen de pastora sacrificada. Hablar de facturar miles de euros gracias a los vídeos, pagar impuestos y vivir de una actividad digital quizá ya no encaja tan bien con el personaje.

Qué curioso: para contar las desgracias del campo nunca falta una cámara, pero para explicar la rentabilidad del negocio audiovisual parece que se acaba la batería.

Y tampoco me extrañaría que un día apareciese con un coche nuevo. Entonces tendríamos que escuchar otra temporada de explicaciones sobre lo complicado que está todo, lo mucho que cuesta mantener las ovejas y lo abandonados que están los ganaderos.

Que igual el tractor termina siendo el vehículo más humilde de la colección.

Porque hay una contradicción bastante evidente entre vender una imagen de pobreza rural y desarrollar una actividad digital que puede proporcionar ingresos muy superiores a los de muchas explotaciones ganaderas.

Y aquí viene otra pregunta: ¿por qué no se marcha a Andorra si tanto dinero genera YouTube? A lo mejor porque su negocio depende precisamente de mantener la imagen de pastora extremeña, de la finca familiar, de las ovejas y de ese escenario rural que tanto juego le da en internet. Si se marcha a un apartamento en Andorra a grabar vídeos delante de una ventana, probablemente pierde buena parte del atractivo comercial del personaje.

Imagínate el titular: «De las ovejas a la nieve: la pastora que descubrió que era más rentable grabar vídeos que criar ganado».

Eso sí que sería una evolución profesional interesante.

La finca de papá se ha convertido en un plató de televisión y las ovejas en figurantes. El tractor hace de estrella invitada, los problemas del campo son el argumento y los suscriptores ponen la taquilla.

Lo que me resulta especialmente llamativo es que siempre hay tiempo para hablar de política, buscar polémicas y repartir carnés de buenos y malos, pero parece que nunca hay tiempo para preparar un contenido verdaderamente didáctico.

Hay canales de política que explican cuestiones económicas, históricas y legislativas con mucha más profundidad, documentación y claridad. Y lo hacen sin necesidad de convertir cada vídeo en una exhibición de su vida privada.

Porque una cosa es tener opiniones y otra tener algo interesante que contar. No basta con ponerse delante de una cámara y hablar durante veinte minutos para convertirse en divulgadora.

Y, por favor, que alguien le explique que gritar más no significa tener más razón. Esa voz tan fuerte tampoco ayuda precisamente a seguir una explicación.

Yo sigo esperando el famoso manual para vivir de las ovejas. Que nos explique cuánto cuesta mantener el rebaño, cuánto ingresa realmente la explotación, qué margen deja cada animal y qué inversión necesita alguien que quiera empezar sin heredar una finca familiar.

Pero me da que ese vídeo no interesa tanto como el siguiente capítulo de las aventuras de la pastora influencer.

Y una recomendación: cuidado con confundir el éxito de YouTube con el éxito de la actividad que supuestamente estás divulgando. Son dos negocios completamente diferentes. Puedes conseguir cientos de miles de seguidores sin haber enseñado a nadie a ganarse la vida criando ganado.

A mí no me molesta que alguien gane dinero con YouTube. Me parece estupendo que haya encontrado una oportunidad de negocio. Lo que me molesta es la falta de transparencia y esa pose permanente de sufrimiento y humildad mientras se explota comercialmente una imagen que genera visitas e ingresos.

Si gana dinero, estupendo. Que lo disfrute, que pague sus impuestos y que explique cómo funciona su negocio si pretende dar lecciones sobre la vida rural. No hay ninguna vergüenza en reconocer que has encontrado una mina de oro en internet.

Lo que resulta bastante menos convincente es hacerse la despistada mientras el canal factura, seguir interpretando el papel de pastora sacrificada y no explicar nunca qué hay detrás de la maquinaria audiovisual que has montado.

Y cuidado también con tanto tractor, tanta maquinaria y tanta imagen. Que la vida real no funciona como un vídeo de YouTube. Mejor que tenga cuidado con la maquinaria y que no convierta el campo en un escenario donde todo vale por conseguir una visualización.

A mí no me molesta que alguien gane dinero en YouTube. Me molesta que se disfrace de divulgación lo que parece fundamentalmente una estrategia para conseguir audiencia.

Si quieres ser youtuber, estupendo. Si quieres ser ganadera, estupendo también. Pero estaría bien distinguir ambas actividades y dejar de vendernos que cada vídeo es una aportación imprescindible al mundo rural.

Porque después de tantos vídeos, sigo sin saber cómo vivir de las ovejas, pero tengo bastante claro cómo conseguir que la gente vea vídeos sobre ellas.

Menos personaje y menos postureo. Que las ovejas no tienen la culpa de que alguien haya descubierto el negocio de hacerse famoso enseñándolas.
 
JAJAJAJA. ¡Pero si esto ya se está convirtiendo en una empresa familiar de creación de contenido! Ahora resulta que hasta el hermano se ha abierto un canal. Dentro de poco tendremos a toda la familia con su propia cuenta, cada uno con su correspondiente cámara y las ovejas haciendo horas extras como figurantes.

Lo de Nazaret tiene bastante gracia. Una chica con cientos de miles de suscriptores, millones de visualizaciones y un negocio audiovisual que, según las estimaciones externas, podría generar ingresos muy importantes. Y, sin embargo, seguimos con el personaje de la pastora humilde que parece estar sobreviviendo a duras penas en el campo.

A ver, mujer, ¡celebra los suscriptores! Da las gracias a la gente que te permite vivir de crear contenido. Cuenta cómo funciona YouTube, qué supone mantener un canal de ese tamaño y qué porcentaje de tus ingresos procede de internet. No hay absolutamente nada vergonzoso en reconocer que has encontrado una oportunidad empresarial extraordinaria.

Lo que resulta llamativo es el silencio sobre la parte económica mientras se habla constantemente de las dificultades de la vida rural.

Porque una cosa es no querer publicar la declaración de la renta y otra muy distinta construir una imagen pública de sacrificio ganadero sin explicar que existe un negocio audiovisual detrás.

Y ahora se incorpora el hermano. ¡Fantástico! La familia ha descubierto que las ovejas no solamente producen corderos, también producen visualizaciones. Ya no hace falta ampliar el rebaño: basta con ampliar la plantilla de youtubers.

Me imagino las reuniones familiares:

—¿Cuántas ovejas tenemos que vender este mes?
—No sé, pero ¿cuántos vídeos podemos sacar?
—¡Abre otro canal, que todavía queda audiencia por monetizar!

JAJAJAJA.

Lo que me gustaría es que alguien hiciera un balance completo de esta aventura empresarial. Ingresos ganaderos por un lado, ingresos digitales por otro, gastos, impuestos, inversiones y beneficios. Porque las estimaciones de internet no son cuentas verificadas y nadie sabe cuánto dinero entra realmente en esa familia.

Pero precisamente por eso sería interesante que dejaran de vender exclusivamente la imagen de las penurias del campo.

Y es que hay algo que me parece especialmente hipócrita: utilizar la identidad de ganadera para construir una marca personal, conseguir audiencia y monetizarla, pero no hablar con la misma naturalidad del negocio que hay detrás.

Si mañana consigue comprarse un cochazo, estupendo. Si gana 40.000, 50.000 o 60.000 euros con internet, estupendo también. Que lo disfrute y que Hacienda se lleve lo que corresponda. Pero que no nos haga creer que el éxito de su canal es una consecuencia milagrosa de trabajar con las ovejas.

Porque igual resulta que el verdadero producto de la explotación no son los corderos, sino los vídeos.

Y mientras tanto, los que realmente quieren aprender a montar una explotación ganadera siguen esperando un tutorial que nunca llega.

La familia ha descubierto el negocio de las ovejas 2.0: unas ponen los corderos y otras ponen las visualizaciones. Y el único que parece no enterarse es el espectador que todavía cree que está viendo un curso de ganadería.
 
Lo de Nazaret da que pensar. Ha encontrado una forma de ganar dinero mostrando las ovejas de su padre y parece que aún está asimilando el éxito que está consiguiendo.

Yo creo que lo más honesto sería que saliera un día delante de la cámara y dijera:

«Quiero dar las gracias a todos los que seguís el canal. Gracias a vosotros he conseguido convertir YouTube en una actividad económica muy importante. Ya no tengo que depender de la paga semanal de mi padre, ni buscarme la vida poniendo copas, vendiendo verduras en el mercadillo o haciendo trabajos que no me apetecen. Ahora tengo una comunidad enorme y unos ingresos que hace unos años ni imaginaba. No soy una gran experta en ganadería ni tengo conocimientos suficientes para dar lecciones sobre cómo montar una explotación rentable. Estoy aprendiendo sobre la marcha y, sinceramente, muchas veces no sé qué contenido subir. Pero he descubierto que grabar mi vida rural funciona y que cada vídeo puede generar ingresos. Así que aquí seguimos».

¿Qué problema habría en reconocerlo?

Incluso podría mudarse a un apartamento en la playa, ponerse delante de una ventana y grabar desde su habitación. Sería mucho más sencillo que presentar cada jornada en la finca como una aventura ganadera imprescindible para la humanidad.

Aunque claro, entonces tendría un pequeño problema comercial: ¿qué hacemos con el personaje de la pastora extremeña? Porque parece que buena parte del atractivo del canal está precisamente en esa imagen rural, las ovejas, la finca familiar, el tractor y la supuesta vida sacrificada del campo.

Así que toca seguir hablando de las ovejas, del tiempo, de las dificultades del sector, de los políticos y de cualquier cosa que permita mantener entretenida a la audiencia.

Y aquí viene lo curioso: cuando otros canales hablan de impuestos, Hacienda y lo que les retienen, parece que tienen bastante material para indignarse. Sin embargo, cuando hablamos de los ingresos que puede generar un canal de YouTube con cientos de miles de seguidores, de repente aparece una discreción extraordinaria.

Si realmente estás facturando cantidades importantes, también sería interesante que explicaras cómo funciona esa actividad, qué impuestos pagas, qué gastos tienes y cuánto te queda después de cumplir con Hacienda. No hay nada vergonzoso en ganar dinero. Al contrario, sería una oportunidad estupenda para enseñar algo que muchos creadores ocultan.

Pero me da la impresión de que existe cierto miedo a romper la imagen de humildad que ha conseguido vender.

Porque una cosa es presentarse como una joven que lucha por salir adelante en el campo y otra muy diferente reconocer que tienes un negocio audiovisual que puede proporcionarte unos ingresos superiores a los de muchos profesionales cualificados.

Imagínate que llega al millón de suscriptores. ¿Seguirá apareciendo con la misma ropa de faena, haciendo vídeos sobre las penurias del campo y explicando que todo está fatal? ¿O llegará un momento en que la audiencia empiece a preguntarse cómo es posible que alguien que aparentemente vive tan mal tenga un negocio digital tan rentable?

Y que conste que no tengo nada contra quien se gana la vida en internet. Me parece estupendo. Lo que no me convence es mantener permanentemente el papel de víctima de las circunstancias mientras se explota comercialmente esa misma imagen.

Lo más llamativo es que el hermano también se ha abierto un canal. ¡Esto ya no es una explotación ganadera, es una incubadora de creadores de contenido! Al final van a tener que contratar ovejas adicionales para que todos los miembros de la familia puedan grabar sus respectivos vídeos.

Yo propondría un cambio de contenido: menos vídeos improvisados y más transparencia. Que reconozca qué sabe y qué no sabe, que explique cómo ha conseguido construir su audiencia y que enseñe las cuentas de su negocio digital si quiere hablar de economía y emprendimiento.

Porque no tiene ninguna obligación de convertirse en profesora de ganadería, pero tampoco debería confundirse una colección de vídeos sobre la vida rural con un manual para vivir de las ovejas.

Y, por favor, que no nos venda cada vídeo como una contribución histórica a la supervivencia del mundo rural.

A lo mejor no está intentando salvar la ganadería española. A lo mejor simplemente ha encontrado un nicho de mercado, ha conseguido una audiencia enorme y está intentando mantenerla.

Y eso tiene mucho más sentido empresarial que todos los discursos apocalípticos que escuchamos habitualmente.

Mi consejo: disfruta del éxito, agradece a tus seguidores que te permitan vivir de YouTube y deja de interpretar permanentemente el papel de pastora sacrificada. Que no pasa nada por reconocer que has encontrado una mina de oro en internet. Lo que resulta cansino es fingir que estás sobreviviendo a duras penas mientras conviertes cada día en una oportunidad de monetización.

Al final, las ovejas ponen los corderos, el algoritmo pone las visualizaciones y el espectador pone el dinero. Lo único que falta es que alguien explique cuál de las tres actividades es realmente la más rentable.
 
No me parece creíble. Que siga con su discurso. Va a terminar con la voz de Constantino Romero.

No me convence su postura. Tiene un sueldo alto y vive con sus padres.

Ahora opina sobre lluvias.
 
@burbubot le hemos puesto en evidencia.

Aquí hay dos negocios metidos en el mismo corral y solo uno paga las facturas.

Y el que paga es el trípode. Cuatro cosas claras:

  • La explotación de verdad es la audiencia. Las ovejas son atrezzo, el tractor es estrella invitada y la finca del padre es un plató que no paga alquiler.
  • En cuanto saques el balance y el margen salga peor que el de un vídeo de 300.000 visitas, se te cae el relato de la penuria. Por eso no se publica.
  • El campo como excusa funciona de perlas para no dar explicaciones: si algo va mal, es la sequía; si algo va bien, no se menciona.
  • Mientras tanto el que quería aprender a criar ovejas se queda mirando cómo una persona le enseña la jornada. Lonchafinismo puro, pero de su bolsillo, no del tuyo.

    Y no, no llueve. Eso es lo único que este proyecto ha clavado sin necesidad de cámara.
 
Es capaz de independizarse a los 50. Va de humilde y mantenida. Es una familia que no contrata a nadie y sigue trabajando para grabar y ganar dinero.
 

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