Alquiler récord: sube un 10,4% y Barcelona ya roza los 22 €/m2
El precio del alquiler cerró junio con una subida interanual del
10,4% hasta los
13,1 euros por metro cuadrado, el dato más alto de la serie histórica que recoge el portal inmobiliario idealista. La cifra llega después de meses de subidas consecutivas y deja un panorama donde alquilar en Barcelona cuesta
21,6 €/m2 y en Madrid
19,8 €/m2, con San Sebastián (17,6), Palma (17,2), Málaga (14,5) y Valencia (14,1) pisándoles los talones. En el otro extremo, Zamora (6,5), Ciudad Real (6,7) y Ourense (7,1) siguen siendo las capitales más asequibles. La brecha entre la España que se puede permitir un alquiler y la que no se ha vuelto un mapa.
Qué capitales suben más y cuáles se quedan atrás
La subida es generalizada en todas las capitales, pero se ceba con los mercados más tensionados.
Madrid encarece el alquiler un 16,1% en un año y Barcelona un
14,3%. Por encima de ambas se colocan Palma (18,7%), Valencia (17,6%), Lugo (16,6%) y Santa Cruz de Tenerife (16,5%). Cáceres lidera el ranking con un
18,9% de subida, lo que según algunos participantes desmonta la tesis de que el problema es solo turístico: en capitales sin presión de pisos turísticos los precios también se disparan.
En el furgón de cola, Tarragona (1,9%), Zamora (2,9%), Cádiz (3,9%), Huelva (4,1%) y Pamplona (4,3%) son las que menos suben. La comparación entre Cáceres y Tarragona —misma España, mismo marco regulatorio, diecisiete puntos de diferencia— es el dato que, según estos análisis, ningún relato oficial termina de encajar.
La ley de vivienda y el efecto contrario
El marco regulatorio aprobado para contener los precios no ha frenado la escalada. La lectura más repetida entre quienes analizan el mercado es que las zonas tensionadas, los topes y la inseguridad jurídica del propietario han reducido la oferta disponible en lugar de ampliarla. Se argumenta que el pequeño propietario que alquilaba un piso para complementar ingresos ha ido saliendo del mercado, mientras los grandes tenedores —fondos, SOCIMIs, operadores institucionales— absorben ese hueco con capacidad para gestionar la regulación.
La tesis del turismo como causa principal queda debilitada por los datos, según algunos participantes: donde menos pisos turísticos hay, las subidas son igual de agresivas. El problema, sostienen varios análisis, es la
brecha entre oferta y demanda, agravada por el crecimiento poblacional y por una construcción que no acompaña. Sobre el papel, las competencias de vivienda y urbanismo son autonómicas; en la práctica, ninguna comunidad ha aplicado el recetario completo que dice defender.
Qué se puede hacer: el recetario que nadie aplica
Las propuestas que circulan van desde liberalizar suelo y aumentar alturas hasta revisar la fiscalidad que grava cada promoción —el ITP se lleva en torno a un 10% del coste—, pasando por garantizar seguridad jurídica al arrendador, controlar el destino real de la VPO y ordenar los flujos migratorios. Ninguna se ha ejecutado de forma coordinada. Madrid liberalizó suelo hace años y el precio no ha bajado; ese contraargumento aparece una y otra vez para desactivar la receta liberal.
Del otro lado, la propuesta de gravar con impuestos disuasorios la inversión en ladrillo y perseguir el dinero negro que se refugia en vivienda choca con una objeción elemental: un impuesto es un sobrecoste que acaba trasladándose al precio final. El círculo se cierra siempre en el mismo sitio: nadie quiere pagar la factura.
El mapa autonómico de la inacción
El urbanismo y la vivienda son competencia autonómica, lo que convierte el problema en un tablero donde cada comunidad puede legislar y ninguna lo hace con decisión. La crítica cruza espectros: se reprocha a la Generalitat y al Ayuntamiento de Barcelona —gobernados por el PSOE y los comunes— haber convertido la ciudad en un laboratorio regulatorio sin resultados, y se reprocha a la Comunidad de Madrid de Ayuso predicar el liberalismo sin tocar el suelo ni bajar impuestos efectivos. El resultado es un país donde el alquiler sube en todas partes y la responsabilidad se disuelve entre administraciones.
Con estos diferenciales, la lógica dice que la presión migratoria interna hacia las capitales debería moderarse. No ocurre. La gente sigue yendo donde están los empleos, aunque el alquiler se coma el sueldo. Y mientras tanto, el dato que descoloca: la ciudad donde más sube el alquiler no es Barcelona ni Madrid. Es Cáceres.