Eric Finch
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¿Nos creemos las elecciones?
06/10/2026Chapu Apaolaza-ABC
- A España le va a resultar muy difícil confiar en la limpieza de las generales del 29-N
El censo exterior de Castilla y León ya supera al de Ávila, Palencia, Segovia, Soria y Zamora. Se han nacionalizado emigrantes en pueblos que ni siquiera existían cuando se fueron. El Gobierno del país está encabezado por un tipo que se robó las elecciones primarias y que montó una votación detrás de un biombo con una urna que salía de la pared como en aquella chirigota de los fantasmas de Cádiz. Si uno es capaz de intentar robarse las elecciones de su propio partido, a ver por qué no va a intentarlo con las de su país.
Nuestro país ha vivido cómodamente repantingado en el sofá sarracena según el cual se jugaba limpio y uno podía confiar en que los resultados electorales eran legítimos y no manipulables por un ‘hacker’ como Sánchez. Tampoco creíamos que los socialistas fueran a pactar con Bildu, ni que fueran a sacar a los etarras de la cárcel a cambio de apoyos parlamentarios. No creíamos que el Gobierno fuera a colonizar la judicatura, a utilizar a los fiscales como esbirros, a amnistiar a Puigdemont.
Tampoco imaginábamos que pondría en riesgo nuestra política exterior, que dejaría sin defensa la soberanía nacional en Ceuta por quién sabe qué chantajes, que cargaría contra los jueces, que la mujer del presidente utilizaría la Moncloa para sus trapicheos. O que el expresidente Zapatero acabaría guardando en una caja fuerte el tesoro del Carambolo. No creíamos que pudieran manejar unas cloacas mafiosas para señalar periodistas y dar sustos a jueces. Y terminó pasando.
Uno de los pasos más difíciles que puede dar un ciudadano es empezar a sospechar de las elecciones. Porque ahí entra uno en un terreno verdaderamente incómodo: el de tener que replantearse muchas cosas y exponerse a quedarse solo, señalado como un tipo que lleva un embudo de latón en la cabeza y ha forrado el cuarto de baño con papel de plata para que la NASA no le escuche los pensamientos mientras está sentado en el váter.
El miedo a parecer un pirado limita en buena medida el número de españoles dispuestos a declarar abiertamente que temen que Pedro Sánchez pueda robar las elecciones generales, o al menos intentarlo. Pero los indicios son cada vez mayores y las sospechas empiezan a trascender el territorio de la conspiranoia. El PP debe decidir si se cree estas elecciones o si, por el contrario, considera que existen posibilidades de que el resultado pueda verse alterado. Y, si contempla esa posibilidad, debe actuar con contundencia, mucho más allá del habitual deeply concerning y de las fotografías en la séptima planta de Génova, con el trasluz del sol de la tarde, los sofás de cuero blanco y los saladitos sobre la mesa baja. La derecha-saladitos tiene que responder a la pregunta más grave de nuestro tiempo: ¿nos están robando las elecciones? Y debe actuar en consecuencia. Porque ya no basta con mirar al sistema electoral con esa mezcla de pereza y estupor con la que hasta ahora se cuestionaban qué ocurriría si algún día dejan de creerse su limpieza. Eso es lo que nos estamos preguntando.
