Novacyt, la biotech del PCR que pasó de 0,12€ a 12€
En noviembre, Novacyt cotizaba a 0,12 euros por acción. En enero ya tenía listo un test PCR para el coronavirus. La biotecnología anglo-francesa —oficinas en Camberley, en Surrey, y en Vélizy-Villacoublay— se convirtió en una de las grandes ganadoras bursátiles de 2020, con subidas que llegaron al
381% y tramos en los que se habló de multiplicar el beneficio por diez. El detonante fue su kit de diagnóstico PCR. El anuncio de un programa de
autocartera ha devuelto el valor al primer plano, con una pregunta incómoda sobrevolando: cuánto de aquel relato sigue en pie.
¿Qué es Novacyt y por qué se disparó en bolsa en 2020?
Novacyt Group es un grupo de biotecnología
anglo-francés centrado en el diagnóstico clínico. Produce pruebas de diagnóstico in vitro y molecular y suministra ensayos y reactivos a medio mundo. Cotiza en Euronext y tiene una capitalización pequeña: alrededor de
58 millones de acciones en circulación. Un capital flotante reducido, terreno abonado para movimientos violentos en ambos sentidos.
Cuando el coronavirus llegó a Europa, la compañía ya tenía comercializado un test PCR. Se adelantó a la competencia y en los mercados británico, alemán y francés encontró una demanda que no paró de crecer. Hay quien sostiene que su cercanía a la
OMS le allanó el camino; también quien apunta a que el salto fue demasiado rápido para ser casualidad. Nada de eso está acreditado. Lo que sí es verificable es la reacción del mercado: aperturas del
27% y sesiones de doble dígito en un solo día.
El dilema moral: ganar dinero con la pandemia
Con la economía en colapso, invertir en una farmacéutica que vive de los test PCR no es una decisión neutral. El razonamiento más repetido es crudo y pragmático: en bolsa se invierte en lo que va a subir, no en lo que uno aprueba. Otros añaden un matiz más retorcido, el de que comprar el valor es
una forma de trolear el relato. El argumento contrario no es menos incómodo: si la empresa se beneficia de la extensión de los confinamientos, el inversor está pagando por aquello que le perjudica. La discusión se quedó sin cerrar.
Los números que sostienen el caso alcista
Un cálculo difundido entre los accionistas minoritarios atribuye a Novacyt la venta de
22 millones de kits Genesig durante la pandemia, a 160 libras cada uno. Sale una cifra redonda: unos
2.500 millones de euros de ingresos frente a los 800 millones de capitalización declarados. A eso se suma la tecnología Q32, una máquina de PCR portátil que, según sus defensores, alcanza una sensibilidad cercana al 100%, no da falsos positivos y detecta todas las mutaciones conocidas. Y el WinterPlex de PrimerDesign, capaz de distinguir el coronavirus de la gripe y del virus respiratorio sincitial.
La hipótesis más agresiva, la que habla de
20 euros por acción, se apoya en ingresos semestrales de 500 millones. Conviene recordar de dónde salen esas proyecciones: de cálculos de parte, no de la contabilidad auditada de la compañía.
¿Qué pasó con los resultados de 2020?
Presentados a primera hora, dejaron un sabor agridulce. Novacyt comunicó
277 millones de ingresos, de los que el 80% —unos 217 millones— procedían directamente del negocio del coronavirus. El beneficio se multiplicó por veinte respecto al primer semestre. Sobre el papel, un hito. En la práctica, muy por debajo de los
500 a 700 millones que se descontaban.
Ese día las acciones se vendieron a
11,30 euros y cerraron a 9,98. El propio bróker de la compañía, Numis, recortó sus previsiones de multiplicar por cuatro la capitalización y dejó el escenario en 700-800 millones de libras para 2021 y 2022, en torno a 12 euros por título, justo el techo que el consejero delegado
Graham Mullis ya había señalado en mayo de 2020. Oddo BHF, por su parte, puso un precio objetivo cercano a 8 euros.
¿Por qué cayó un 50% con la vacuna de Pfizer?
El anuncio de la vacuna de Pfizer partió la cotización por la mitad en una sola sesión. Poco antes, la acción había tocado los
7,40 euros y, según una acusación que circuló en redes, una entidad financiera habría cerrado automáticamente sus coberturas en ese nivel, embolsándose más de un millón de euros. La denuncia no ha sido confirmada por ninguna vía.
Después llegó el lateral. Semanas de movimiento alrededor de los 9 euros, con un descenso del 5% interrumpido en seco cuando un bróker bajó el valor a 8 euros. Sobre la compañía planea además la sospecha de una posible oferta de compra por parte de Avacta o AstraZeneca. Rumores, de momento.
Manipulación, empleo y otras señales contradictorias
24 ofertas de trabajo publicadas en dos días. La máquina Q32 ya instalada en Irán. Una alianza con la distribuidora canadiense AFSBio para vender kits en Canadá. Señales de actividad que contrastan con el silencio informativo de la compañía, que acumuló semanas sin dar noticias y dejó de alimentar su canal divulgativo durante más de 40 días.
El comportamiento del valor alimenta la lectura conspirativa: una empresa que se adelantó a toda la competencia, que se relaciona con organismos internacionales y cuyo reducido capital la hace vulnerable a barridas de stops. Hay quien ve en cada caída una mano que acumula barato. Hay quien ve un mercado que ya agotó la historia. Ninguna de las dos lecturas cuenta con pruebas.
En los tramos de corrección, la media móvil de 200 sesiones —situada entonces en
2,8 euros— actuó como referencia para quien buscaba un suelo. El problema es que la acción pasó semanas sin decidirse: sube a paso de tortuga, llega a máximos y se despeña otra vez.
Con los fundamentales apuntando a un negocio que no va a desaparecer y un precio que se niega a romper hacia arriba, el análisis se atasca en el mismo sitio: demasiadas preguntas para un valor que cotiza con poco papel, muchos rumores y una empresa que apenas comunica. La paciencia, aquí, no es una virtud. Es una necesidad.