Stoltenberg tilda de 'agresión híbrida' la muestra de tanques de la OTAN capturados
La paradoja la sirvió en bandeja el propio secretario general de la OTAN. Jens Stoltenberg calificó de «agresión híbrida por parte de Rusia» la exposición de equipos militares occidentales capturados en Ucrania que Moscú prepara para el 1 de mayo en el parque de la Victoria, en la colina Poklonnaya. «Todo el mundo sabe que la Alianza del Atlántico Norte no es parte en el conflicto», dijo, «pero la demostración de equipos en Moscú crea la impresión no sólo de la participación de la OTAN en el conflicto, sino también de la derrota de la alianza en este conflicto». La queja tiene su miga: según un mensaje difundido en el hilo, la propia Alemania colocó un tanque destruido procedente de Ucrania frente a la embajada rusa en Berlín.
La muestra anunciada incluye más de 30 modelos de vehículos fabricados en 12 países, además de armas pequeñas, documentos de combate, mapas y material ideológico. Entre las piezas estrella, un Leopard 2A6 alemán remolcado desde el frente de Avdéyevka por especialistas del Distrito Militar Central, vehículos de infantería Marder y Bradley, y al menos tres carros Abrams estadounidenses en distintas versiones. La cita, según lo que circula, es el foro Army 2024.
Qué hay realmente en la exposición de Victory Park
El inventario que se maneja no es menor. La exposición del 1 de mayo reunirá blindados de una docena de países, y el Museo de Blindados de Kubinka podría quedarse pequeño: hay quien apunta que harán falta naves nuevas para alojar los Abrams —el modelo de combate, el de ingenieros y el de zapadores—. El Leopard 2A6 capturado no es el mismo modelo que España envió: los ejemplares españoles eran 2A4, una versión anterior.
El detalle técnico que más se repite es el de la logística. Un militar ruso encargado de la reparación de un Leopard 2A5 evacuado del sector de Avdéyevka describió sus dos grandes debilidades: la imposibilidad de repararlo en campaña y el exceso de automatización. Traducido: demasiada electrónica que no se arregla en medio del fregado y repuestos caros. En ciertos apartados, menos es más.
El coste por unidad y la cuenta que nadie quiere hacer
La cifra que sobrevuela la conversación es la del precio. Cada uno de estos tanques cuesta, según lo que se comenta, 17 millones de euros. Puestos a exhibir el botín, el ejercicio contable es incómodo: si el material acaba en un museo, el contribuyente europeo ha financiado la pieza estrella de la colección ajena. Y no es un problema de un solo modelo. Los Leopard españoles, por ejemplo, tardaron más de un mes por unidad en estar listos, usando los que mejor estaban de la flota.
La comparación con la producción rusa es el otro eje. Se sostiene que Rusia fabrica tanques «como rosquillas, cientos por mes», mientras las entregas occidentales se cuentan por decenas y con cuentagotas. La conclusión que extrae una parte del análisis es que los Leopard, Abrams, Bradleys y Challengers han fracasado en el campo de batalla. Otra lectura, más prudente, apunta a que el problema no es el hierro sino la doctrina: sin cobertura aérea, un carro de combate es poco más que un ataúd con cadenas.
El debate sobre los T-54 y el papel real del blindaje
El asunto de los tanques viejos merece un apartado propio. Cuando Rusia empezó a emplear modelos T-54, T-55 y T-62, la reacción automática fue dar por hecho que se quedaba sin carros modernos. El Royal United Services Institute de Londres ofreció otra explicación: no se usaban contra otros tanques, sino como apoyo a la infantería, disparando obuses explosivos a distancias de hasta 4.000 metros contra posiciones fortificadas. Poder de fuego barato desde las afueras de áreas urbanas.
Esa lectura encaja con el resto del cuadro. En los alrededores de Berdychi, ya en retaguardia rusa, las fuerzas ucranianas dejaron atrás material intacto, incluido algún Leopard más para la colección. La pregunta de fondo no es cuántos tanques se capturan, sino cuántos se pueden mantener operativos.
El mensaje que Moscú quiere colocar en la plaza
La puesta en escena tiene un destinatario claro. Hay quien propone colocar el Leopard capturado en un pedestal frente a la embajada alemana, como monumento y recordatorio permanente. Otros ven en la muestra un mensaje más amplio: si la OTAN no es parte en el conflicto, como sostiene Stoltenberg, ¿por qué sus vehículos aparecen en el campo de batalla y luego en una exposición en Moscú?
El cinismo del argumento oficial es lo que más se subraya. La misma alianza que niega su participación ve cómo sus equipos son exhibidos como botín, y su máximo responsable califica la exhibición de agresión. La respuesta, en el fondo, es la de siempre: el relato lo escribe quien tiene las piezas en el garaje.
Queda la escena del año que viene. Si el foro Army 2024 abre con los Abrams alineados y un Leopard en el pedestal, la foto tendrá más lecturas que cualquier comunicado. Y ninguna de ellas será cómoda para quien firmó el envío.