La energía en polvo que se esnifa: el nuevo ‘chute’ legal sin control
¿En qué momento una bebida energética deja de serlo y se convierte en una droga legal? Cuando se administra por vía nasal. Una marca austriaca, apelando a la tradición del rapé alpino, vende botecitos de polvo con cafeína, teanina, guaraná y taurina. Sin receta, sin control sanitario y con el Ministerio de Consumo que, a juzgar por el silencio, aún no se ha enterado de qué va el asunto.
El esnifado de cafeína: ¿placebo o riesgo real?
Hay quien zanja la cuestión con un encogimiento de hombros: los ingredientes son los mismos que en cualquier energizante y, en las dosis que se ofrecen, el efecto es más bien testimonial. Esnifar rodiola o matcha sería la misma tontería. Pero el matiz no es menor: la mucosa nasal absorbe mucho más rápido que el estómago. Un exceso de cafeína puede desembocar en taquicardia, hipertensión o, en el peor de los escenarios, un infarto. Los conejillos de indias no están en un laboratorio; están en la estantería.
El agujero legal
El producto se publicita como estimulante del rendimiento, no como medicamento, y eso lo sitúa en la misma categoría que un complemento alimenticio. La UE persigue el polvo blanco de otra naturaleza; este se vende con la naturalidad del que no tiene nada que esconder. Hasta que alguien acabe en urgencias, probablemente seguirá igual. Si algún día se regula, que alguien se acuerde del vino Mariani, el tónico a base de hoja de coca que tomaba León XIII. Ese sí era de verdad.