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Será en Octubre
Burpees o como se diga..Y qué se supone que vas a desarrollar/producir/vender?
Párrafos?
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Burpees o como se diga..Y qué se supone que vas a desarrollar/producir/vender?
Párrafos?
Serán obviedades para ti. Lo llamativo es que el 99 % de la población sigue atrapada en la rat race, vendiendo su vida por horas al chiringuito local y mendigando subidas de cincuenta eurillos.
Que algo sea obvio no significa que la gente lo haya entendido, y mucho menos que lo ponga en práctica.
De hecho, viendo cómo se gana la vida la mayoría, parece que esas obviedades son física cuántica para el español medio.
¿Quieres ser tu propio jefe?Nunca ha sido más fácil ganar dinero. ¿Por qué la mayoría sigue con el modelo de siempre?
(adjunto visible para usuarios registrados)
Porque siguen intentando ganarse la vida en el siglo XXI con el modelo económico de su abuelo: vender ocho horas diarias a un empresario local y esperar a que les suban cincuenta euros la nómina.
Y encima presumen.
«Yo trabajo doce horas al día».
Un burro también puede pasarse doce horas dando vueltas a una noria. Eso no lo convierte en Warren Buffett.
Primera lección de economía: el mercado no paga por tu esfuerzo, sino por el valor que produces y consigues vender.
No importa cuánto sudas, cuánto madrugas o cuántos años llevas calentando una silla. Importan la demanda, la competencia, la escasez de lo que ofreces y tu capacidad para cobrar por ello.
Puedes trabajar como un condenado y seguir siendo pobre. Millones de personas llevan décadas demostrando empíricamente esta maravillosa propiedad.
Segunda lección: tu mercado ya no es tu pueblo. Es el planeta.
Aquí empieza la ciencia ficción para nuestro héroe nacional, criado entre bares, ladrillo, oposiciones y chiringuitos subvencionados.
Hace treinta años, llegar a miles de clientes requería locales, distribuidores, empleados y capital.
Hoy puedes desarrollar software desde tu dormitorio y venderlo en Estados Unidos, Alemania o Australia.
Sin oficinas. Sin veinte empleados. Sin pedirle permiso al concejal de Comercio de Villaconejos de Abajo.
Internet ha globalizado la distribución y la IA está abaratando la producción.
Un individuo competente puede hacer hoy determinados trabajos que antes exigían un equipo entero.
¿Y qué hace el españolito ante semejante revolución?
Prepararse unas oposiciones para cobrar 1.600 euros y asegurarse de que nadie pueda despedirlo hasta que le dé un infarto.
Tercera lección: deja de vender horas y empieza a vender productos.
Las horas tienen un pequeño inconveniente económico: solo puedes vender un número limitado cada día.
Un producto digital, en cambio, puede reproducirse miles de veces con un coste marginal muy bajo.
Un programador cobra 2.000 euros mensuales vendiendo su trabajo a una empresa local.
Otro desarrolla una herramienta especializada y consigue 100 clientes internacionales que pagan 50 euros mensuales.
5.000 euros de facturación recurrente. Con 1.000 clientes, 50.000.
No es beneficio limpio, faltan gastos, impuestos, captación de clientes y toda la fiesta empresarial. Y nadie garantiza que consigas vender nada.
Pero la diferencia fundamental es brutal:
El empleado tiene que volver a trabajar para cobrar el mes siguiente. El propietario de un producto escalable puede seguir cobrando por algo que ya construyó.
Eso se llama escalabilidad, no magia.
Cuarta lección: la riqueza no depende solamente de cuánto produces, sino de cuánto valor consigues capturar.
Puedes crear un producto extraordinario y arruinarte porque nadie lo conoce.
O resolver un problema aparentemente insignificante para diez mil empresas y ganar una fortuna.
La distribución, el precio, el mercado y el modelo de negocio importan tanto como la producción.
Por eso trabajar muchísimo en algo que nadie quiere comprar es una manera extraordinariamente eficiente de perder el tiempo.
Y ahora viene la paradoja más llamativa.
Nunca había sido tan barato intentar vender un producto a millones de personas, pero buena parte de la población sigue compitiendo con otros quinientos desesperados por una vacante de 1.400 euros en el polígono industrial de su provincia.
Después se pasan veinte años lamentando que los sueldos son bajos y los pisos cuestan una fortuna.
Si has decidido competir exclusivamente en un mercado laboral local mientras los mercados de productos y servicios se han vuelto mundiales.
La economía moderna, resumida para los que todavía viven en 1987:
Naturalmente, emprender tiene riesgos, no todos los trabajos se pueden globalizar y la mayoría no va a hacerse millonaria por abrir una AI y fabricar cuatro cosas.
- Esfuerzo no es valor. Sudar mucho no implica producir algo que alguien quiera pagar.
- Tu mercado no es tu localidad. Puedes vivir en Cuenca y vender a California.
- Tiempo no es escalabilidad. Una hora se vende una vez; un producto reproducible puede venderse miles.
- Facturación no es beneficio. Vender mucho y ganar dinero son dos cosas distintas.
- Producir no es vender. Sin clientes, tu maravillosa idea vale exactamente cero.
Pero la barrera económica para intentar llegar al mercado mundial ha caído como nunca antes.
Y esa es la revolución que muchos todavía no han entendido.
El problema ya no es encontrar un empresario de tu pueblo dispuesto a comprarte ocho horas. Es encontrar un problema en cualquier lugar del mundo que alguien esté dispuesto a pagarte por resolver.
Mientras tanto, nuestro campeón seguirá madrugando a las cinco, trabajando doce horas y esperando que el Gobierno le suba otros cincuenta eurillos.
Y presumiendo de trabajador.
Como el burro de la noria.
El mundo ya funciona como un mercado global. Lo llamativo es cuánta gente sigue intentando ganarse la vida en la economía de su abuelo.
Sí que es fácil. Por este texto generado con IA te han pagado 20 céntimos.Nunca ha sido más fácil ganar dinero. ¿Por qué la mayoría sigue con el modelo de siempre?
(adjunto visible para usuarios registrados)
Porque siguen intentando ganarse la vida en el siglo XXI con el modelo económico de su abuelo: vender ocho horas diarias a un empresario local y esperar a que les suban cincuenta euros la nómina.
Y encima presumen.
«Yo trabajo doce horas al día».
Un burro también puede pasarse doce horas dando vueltas a una noria. Eso no lo convierte en Warren Buffett.
Primera lección de economía: el mercado no paga por tu esfuerzo, sino por el valor que produces y consigues vender.
No importa cuánto sudas, cuánto madrugas o cuántos años llevas calentando una silla. Importan la demanda, la competencia, la escasez de lo que ofreces y tu capacidad para cobrar por ello.
Puedes trabajar como un condenado y seguir siendo pobre. Millones de personas llevan décadas demostrando empíricamente esta maravillosa propiedad.
Segunda lección: tu mercado ya no es tu pueblo. Es el planeta.
Aquí empieza la ciencia ficción para nuestro héroe nacional, criado entre bares, ladrillo, oposiciones y chiringuitos subvencionados.
Hace treinta años, llegar a miles de clientes requería locales, distribuidores, empleados y capital.
Hoy puedes desarrollar software desde tu dormitorio y venderlo en Estados Unidos, Alemania o Australia.
Sin oficinas. Sin veinte empleados. Sin pedirle permiso al concejal de Comercio de Villaconejos de Abajo.
Internet ha globalizado la distribución y la IA está abaratando la producción.
Un individuo competente puede hacer hoy determinados trabajos que antes exigían un equipo entero.
¿Y qué hace el españolito ante semejante revolución?
Prepararse unas oposiciones para cobrar 1.600 euros y asegurarse de que nadie pueda despedirlo hasta que le dé un infarto.
Tercera lección: deja de vender horas y empieza a vender productos.
Las horas tienen un pequeño inconveniente económico: solo puedes vender un número limitado cada día.
Un producto digital, en cambio, puede reproducirse miles de veces con un coste marginal muy bajo.
Un programador cobra 2.000 euros mensuales vendiendo su trabajo a una empresa local.
Otro desarrolla una herramienta especializada y consigue 100 clientes internacionales que pagan 50 euros mensuales.
5.000 euros de facturación recurrente. Con 1.000 clientes, 50.000.
No es beneficio limpio, faltan gastos, impuestos, captación de clientes y toda la fiesta empresarial. Y nadie garantiza que consigas vender nada.
Pero la diferencia fundamental es brutal:
El empleado tiene que volver a trabajar para cobrar el mes siguiente. El propietario de un producto escalable puede seguir cobrando por algo que ya construyó.
Eso se llama escalabilidad, no magia.
Cuarta lección: la riqueza no depende solamente de cuánto produces, sino de cuánto valor consigues capturar.
Puedes crear un producto extraordinario y arruinarte porque nadie lo conoce.
O resolver un problema aparentemente insignificante para diez mil empresas y ganar una fortuna.
La distribución, el precio, el mercado y el modelo de negocio importan tanto como la producción.
Por eso trabajar muchísimo en algo que nadie quiere comprar es una manera extraordinariamente eficiente de perder el tiempo.
Y ahora viene la paradoja más llamativa.
Nunca había sido tan barato intentar vender un producto a millones de personas, pero buena parte de la población sigue compitiendo con otros quinientos desesperados por una vacante de 1.400 euros en el polígono industrial de su provincia.
Después se pasan veinte años lamentando que los sueldos son bajos y los pisos cuestan una fortuna.
Si has decidido competir exclusivamente en un mercado laboral local mientras los mercados de productos y servicios se han vuelto mundiales.
La economía moderna, resumida para los que todavía viven en 1987:
Naturalmente, emprender tiene riesgos, no todos los trabajos se pueden globalizar y la mayoría no va a hacerse millonaria por abrir una AI y fabricar cuatro cosas.
- Esfuerzo no es valor. Sudar mucho no implica producir algo que alguien quiera pagar.
- Tu mercado no es tu localidad. Puedes vivir en Cuenca y vender a California.
- Tiempo no es escalabilidad. Una hora se vende una vez; un producto reproducible puede venderse miles.
- Facturación no es beneficio. Vender mucho y ganar dinero son dos cosas distintas.
- Producir no es vender. Sin clientes, tu maravillosa idea vale exactamente cero.
Pero la barrera económica para intentar llegar al mercado mundial ha caído como nunca antes.
Y esa es la revolución que muchos todavía no han entendido.
El problema ya no es encontrar un empresario de tu pueblo dispuesto a comprarte ocho horas. Es encontrar un problema en cualquier lugar del mundo que alguien esté dispuesto a pagarte por resolver.
Mientras tanto, nuestro campeón seguirá madrugando a las cinco, trabajando doce horas y esperando que el Gobierno le suba otros cincuenta eurillos.
Y presumiendo de trabajador.
Como el burro de la noria.
El mundo ya funciona como un mercado global. Lo llamativo es cuánta gente sigue intentando ganarse la vida en la economía de su abuelo.
Claro es que hay unos pequeños detalles sin importancia en la vida de muchos trabajadores.Razón no te falta, hay mucho trilero financiero forrándose. Pero ahí tienes otra vez al español medio buscando excusas para seguir amarrado a su curro mileurista. Que otros ganen millones moviendo dinero no significa que tú estés condenado a ganar cuatro duros vendiendo horas. Pero nada, mejor echarle la culpa a Wall Street y seguir esperando que el empresario de turno te suba unos eurillos como el que te salva la vida...
Y túPresumes de edad, patrimonio y experiencia para acabar soltando la profecía de cualquier tertuliano: "La burbuja va a estallar y compraré barato".
Lo más llamativo es que mi post trata de vender productos a escala global en lugar de vender horas en mercados locales, y tú me sales con el ciclo bursátil. Comprensión lectora, la justa.
Y encima anuncias lo que ocurrirá dentro de dos años. Con semejante capacidad de predicción, sorprende que todavía tengas que esperar a que estallen las burbujas para hacerte rico.
Por cierto, cumplir años es inevitable. Aprender algo durante esos años, por lo visto, no.
@teperico
Sigues sin entenderlo. Pareto describe cómo se distribuyen ciertos resultados, no quién tiene derecho a conseguirlos. No establece la dificultad de entrar en ese 20 %, ni impide que cambien sus integrantes, ni dice cuánto puede ganar el 80 % restante. Hasta podríamos ser todos millonarios y seguir teniendo una distribución 80/20.
Y tú, incapaz de entender algo tan elemental, concluyes que todo depende de la suerte y de la voluntad del universo. Has convertido la estadística en astrología.
Lo de recomendar a Taleb mientras exhibes semejante analfabetismo matemático es el remate perfecto.
Eres una copia barata de Kiyosaki, un vendehumos tremendo, tratando de vendernos no sé qué producto y tratando de enseñar a otra gente un secreto que algunos ya conocemos. Eres el típico necio con ínfulas. ¿Qué has hecho tú? ¿Qué has conseguido? Ya te lo he dicho y lo repito: estoy seguro de que soy mucho más rico que tú, viniendo de familia humilde, y no he necesitado las recetas de autoayuda barata que quieres vender a inocentes que se crean tus monsergas.Presumes de edad, patrimonio y experiencia para acabar soltando la profecía de cualquier tertuliano: "La burbuja va a estallar y compraré barato".
Lo más llamativo es que mi post trata de vender productos a escala global en lugar de vender horas en mercados locales, y tú me sales con el ciclo bursátil. Comprensión lectora, la justa.
Y encima anuncias lo que ocurrirá dentro de dos años. Con semejante capacidad de predicción, sorprende que todavía tengas que esperar a que estallen las burbujas para hacerte rico.
Por cierto, cumplir años es inevitable. Aprender algo durante esos años, por lo visto, no.
Creo que no lo estás entendiendo: hablar de superioridad intelectual no sirve de nada si se compara con zonas desfavorecidas.Vamos, que consideras que quien no tiene recursos quiere ver el mundo arder y que les vaya mal a quienes tienen más capacidades intelectuales. ¿Es así? Y luego te quejarás de los comunistas... Si es que hay que quereros como sois. ¿Alguna vez esos trabajadores de verdad han tenido una posición dominante? Sois y seréis lumpen y vuestra frustración os hace desear la caída del sistema. Pues va a ser que no. spoiler: vas a vivir una vida de miseria.