Nueve jubiladas asturianas, varadas en Tailandia y sin medicación
Nueve amigas asturianas, en su mayoría jubiladas, llevan desde el 6 de marzo varadas en
Tailandia. Su vuelo de regreso hacía escala en Abu Dabi, cuyo espacio aéreo estaba cerrado por el conflicto. La agencia les ha ido dando fechas que se caían una tras otra: primero el 16, luego el 20, ahora el 17 vía Singapur y China. A algunas se les está terminando la medicación que trajeron para 16 o 17 días. La embajada española en Bangkok no ha respondido a sus correos más allá de un acuse automático.
Qué ha pasado: del aeropuerto al hotel por su cuenta
Salieron de España el día 22 y aterrizaron en Tailandia el 23. Tenían previsto volver el 6 de marzo. Ese día, en el aeropuerto, les comunicaron que el vuelo estaba cancelado. «Tuvimos que buscarnos la vida, buscar un hotel. Parecía que nadie se quería hacer cargo de nada», relata una de las integrantes del grupo,
María Cruz Cuevas. La agencia las recolocó «para volver en fechas más adelante, pero siempre nos contaban vaguedades».
El grupo no es homogéneo. Casi todas están jubiladas, pero hay amigas en activo que ya deberían haberse incorporado a sus puestos. Eso añade una presión que no aparece en el folleto del paquete turístico.
La medicación que se acaba y la embajada que no llama
«Vienes por 13 o 15 días y traes la medicación para 16 o 17 días, por si acaso se retrasa el avión. Pero no cuentas con esto», explica Cuevas. Es el punto más delicado del relato: un viaje planificado con margen de uno o dos días no cubre una estancia que ya va por
siete días por encima de lo previsto y aún quedan cinco más.
Con la embajada española en Bangkok el resultado ha sido un correo automático. Se registraron en el Ministerio de Asuntos Exteriores, escribieron a la legación dando los datos de las nueve y recibieron confirmación de recepción. Nada más. «Por teléfono, no podemos llamar. Por Whatsapp y vía correo electrónico lo intentamos y tampoco nos contactaron», añade.
El gabinete de Barbón sí contesta
La vía que sí funcionó fue la política autonómica. El grupo escribió a la presidencia del Principado y una persona del gabinete del presidente Barbón contactó con ellas por WhatsApp, el único canal que tienen operativo. Les fue indicando rutas que evitaran el Golfo —ni Abu Dabi, ni Doha, ni Dubái—, pero sin capacidad de resolver el billete. «El problema nos lo tenía que solucionar la agencia y la agencia decía que no encontraba, que era todo muy difícil».
Ahí está el nudo del asunto. La administración orienta; la agencia ejecuta; y entre una y otra, nueve señoras pagando hotel con tarjeta porque el efectivo que trajeron ya no llega.
¿Por qué no vuelan por otra ruta?
La respuesta corta: pueden, pero cuesta. Hay quien sostiene que con dinero la agencia encuentra conexiones en minutos —vía Azerbaiyán, Turquía o Serbia— y que el bloqueo real es la diferencia entre lo que cubre el paquete contratado y lo que costaría un itinerario alternativo. El grupo, mientras tanto, espera una salida el día 17 con escala en Singapur y un aeropuerto chino hasta Madrid. «Casi diría que hemos visto la luz», dice Cuevas.
El episodio deja una pregunta incómoda sobre el turismo de largo radio en zonas sensibles: ¿qué obligación de asistencia tiene una agencia cuando el cierre del espacio aéreo no depende de ella, y qué pasa cuando el viajero ya ha agotado su provisión de fármacos? La respuesta, a fecha de esta discusión, sigue en el aire.