O Putin moviliza 4 millones o se lo comen
Cuatro millones de soldados, la industria fabricando artillería y misiles al 200%, Bielorrusia empujada al conflicto y un puñado de agentes enviados a atentar contra magnates ucranianos que colaboran con la OTAN. Ese es el paquete que, según un participante en el debate, Rusia necesita aplicar ya para no perder la guerra de Ucrania. El punto de partida de ese diagnóstico es una tesis incómoda: con un millón de hombres en lugar de los
200.000 con los que entró, la contienda podría haberse cerrado en el primer mes. La cautela inicial, sostiene esta lectura, está saliendo más cara que la escalada.
Frente a ese plan hay una objeción que no tiene nada que ver con la política y sí con el carburante.
Qué medidas concretas propone la vía de la escalada
El paquete no disimula su intención de convertir el conflicto en una guerra total: presionar a Bielorrusia para que entre en combate —o al menos para que el ejército ucraniano lo crea y mantenga tropas retenidas en esa frontera—, bombardear
a saco los aeropuertos, carreteras y ferrocarriles por los que entra munición y dejar el país aislado del exterior. A eso se suma la
movilización general, una economía volcada en la producción bélica, propaganda en televisión, radio y cualquier soporte imaginable, y agentes enviados a atentar contra magnates ucranianos.
La justificación numérica es contundente sobre el papel. Ese participante cifra el ejército ucraniano en
750.000 hombres y 250.000 más en la retaguardia, proporción que, según su cálculo, obligaría a multiplicar por veinte la fuerza rusa inicial. Con ese enemigo enfrente y armamento de la OTAN llegando sin pausa, la conclusión es que una guerra limitada no basta.
Por qué el problema no era el número de soldados
Aquí llega el contraataque. La planificación, no la aritmética, decidió el arranque de la invasión. Las columnas no se atascaron de camino a Kiev porque faltaran soldados, sino porque no había forma de hacerles llegar el combustible. Enviar 1.500 carros en vez de 750 no habría cambiado nada si el escalón logístico se desmorona antes de la primera línea. Las imágenes de posiciones defensivas improvisadas, que apenas protegían del sol, apuntan en la misma dirección.
Hay una segunda vuelta de tuerca: 4 millones de hombres no se despliegan en un mes. Irían entrando en escalones de
50.000 al mes en el mejor de los escenarios, armados con lo que hubiera y movidos como se pudiera. La masa no gana guerras por sí sola.
La aritmética económica: 1,5 frente a 38
El argumento más repetido contra la escalada es el tamaño de las economías:
1,5 (billones de dólares) de PIB ruso frente a 38 de la OTAN, según el cálculo que se cita en el debate. En una guerra de desgaste, la conclusión parecía
cantada. La réplica no se queda corta: ese PIB aliado está inflado, se alimenta de transacciones financieras que mueven el mismo dinero una y otra vez sin generar riqueza real. Rusia, en cambio, acumula recursos naturales, y la producción bélica vive de ellos. El gas, en pleno invierno europeo, funciona como argumento propio.
Járkov, Jersón y el Moskva: el pulso sobre el terreno
El balance material que se esgrime contra Rusia es severo: un
40% de los blindados operativos perdidos, misiles de precisión agotados, el hundimiento del crucero Moskva con 400 personas a bordo según esa versión y 25.000 efectivos con problemas de suministro en Jersón. La contraofensiva ucraniana en el entorno de Járkov y el repliegue ruso alimentaron el relato del colapso.
No todo el mundo lo ve igual. Desde la otra orilla se habla de un movimiento ordenado —
reagrupamiento para los medios estatales— y de la dificultad de defender posiciones cuando el escalón logístico ha sido borrado del mapa. El líder checheno Ramzan Kadyrov prometió que las ciudades volverían y anunció 10.000 combatientes más listos para partir, con Odessa en el horizonte.
Sobre el arsenal, el desacuerdo es total. Unos dan por agotados los misiles de precisión y señalan compras de drones a Irán y munición caducada a Corea del Norte; otros recuerdan los KH-101 lanzados desde bombarderos estratégicos, con alcance de hasta 3.000 kilómetros y precisión de nueve metros, de los que se afirma que existen miles.
¿Cuánto tarda en movilizarse un ejército de 4 millones?
La respuesta que se da desde la trinchera numérica es que no se mueve en un mes. Los escalones de 50.000 al mes implicarían una incorporación lenta, con equipo precario, mientras el frente sigue consumiendo efectivos y material. Una movilización así no acelera el final: lo alarga.
Entre una cosa y otra queda un dato que no encaja en ningún relato. En el debate se maneja una entrada con
200.000 hombres y una estimación de 750.000 al otro lado, y la propuesta de multiplicar por veinte la fuerza inicial, mientras las columnas siguen sin tener garantizado el gasoil. La distancia entre el plan y el depósito vacío es, por ahora, la única respuesta que nadie ha conseguido rebatir.