Ceuta y Melilla: la plaza que Marruecos nunca ha tomado
La Marcha Verde cumple 50 años y en el debate público español vuelve el mismo runrún: si Marruecos lo intentó con el Sáhara en 1975, ¿por qué no con Ceuta y Melilla? La respuesta corta es que nunca lo ha conseguido. La larga tiene que ver con el apoyo exterior, el coste económico y una geografía que no juega a favor del atacante. En el aniversario, la conversación se ha reabierto con un dato sobre la mesa: según un participante, Marruecos ya cuenta con el beneplácito de Estados Unidos y Francia para su posición sobre el Sáhara, y eso reordena el tablero.
Qué pasó en 1975 y por qué no se repite igual
La Marcha Verde fue posible porque Estados Unidos la toleró. Sin ese respaldo, Marruecos no habría movido 350.000 civiles hacia la frontera. El Sáhara era entonces un territorio con un valor estratégico en plena Guerra Fría: si no lo tomaba Rabat, lo haría Argelia con apoyo soviético. Ceuta y Melilla no juegan en esa liga. No hay una potencia que necesite que Marruecos las controle para frenar a otra.
El cálculo económico tampoco cuadra. Marruecos vive en buena medida de la extorsión diplomática a España y del trato de favor en la UE. Anexionarse las plazas le costaría su enemigo externo imaginario, ese que toda dictadura necesita para cohesionar hacia dentro. Y le costaría el flujo de dinero europeo que hoy sostiene su economía.
La defensa de Ceuta y Melilla: por qué no es una invasión fácil
Hay un argumento que se repite: Marruecos no ha tomado nunca una plaza fuerte española. Sidi Ifni no se conquistó, se entregó. En 1957, las tropas marroquíes no se acercaron a 10 kilómetros de la ciudad, defendida por una bandera de la Legión. Cuando han tenido superioridad o la guarnición estaba en las últimas, han sido eficaces. Contra una defensa organizada, el historial es otro.
Ceuta es una plaza muy defendible. Melilla lo es menos, y ahí está el riesgo. El escenario que se maneja no es una invasión convencional, sino una presión híbrida: incidentes fronterizos, túneles como los de Hamás, una insurgencia financiada desde fuera. El campo de batalla no estaría en África, estaría en las calles de Málaga o Badajoz.
El papel de la UE y de Estados Unidos
En 2002, durante el incidente de Perejil, Francia se puso del lado de Marruecos. Los países del norte de Europa, con Dinamarca a la cabeza, respaldaron a España. La UE no envió aviones ni barcos, pero Estados Unidos ordenó a Marruecos retirarse y los marroquíes se rindieron en cuanto asomó un helicóptero con tropas españolas. Ese es el precedente.
La pregunta es si ese respaldo se repetiría hoy. Una parte del análisis sostiene que Estados Unidos no tiene en Ceuta y Melilla el mismo interés que tenía en el Sáhara, y que no se enemistaría con España por ello. Otra parte recuerda que Francia pesa mucho en Bruselas y que su historial no invita al optimismo.
La quinta columna y el relato de la demografía
Hay un hilo subterráneo en la conversación: la idea de que Marruecos está trabajando desde abajo, ocupando sectores económicos y enviando agentes entre los flujos migratorios. Es una tesis que se lanza sin pruebas y que conviene tratar como lo que es, una sospecha. Lo que sí es verificable es que la dependencia de mano de obra marroquí en sectores como la construcción o la agricultura es alta en varias zonas de España.
El riesgo real no es militar, es político. Si algún día Ceuta y Melilla cambian de manos, será por una decisión tomada en Madrid, no por un desembarco en la playa. La historia reciente lo respalda: Sidi Ifni se entregó sin ser conquistada.
Con estos mimbres, la predicción para noviembre es la de siempre: ruido, gestos y ninguna bala. Pero el tablero se mueve. Y el día que alguien en Madrid firme lo que no debe, no habrá helicóptero que lo arregle.