Puente dedica recursos a buscar insultos mientras los trenes descarrilan
El 31 de mayo de 2025, un tren Alvia descarriló en Adamuz (Córdoba) causando 45 muertos. Las asistencias tardaron más de una hora en llegar porque ni Adif ni Renfe sabían que el tren había descarrilado. Mientras, el ministro Óscar Puente ha confesado que ordenó a su equipo recopilar todas las columnas de opinión que le insultan. La pregunta que nadie responde es: ¿en qué gasta el ministerio su tiempo?
El orden de prioridades del ministro
La declaración de Puente, recogida en una entrevista, ha desatado una oleada de críticas. Mientras los familiares de las víctimas del accidente ferroviario piden responsabilidades, el ministro dedica recursos públicos a una caza de brujas personal. El coste de esta iniciativa, que incluye horas de trabajo de funcionarios y posiblemente asesoría legal, se financia con dinero de todos los contribuyentes. Un análisis de los mensajes en redes muestra una indignación transversal: desde quienes consideran que es malversación de caudales públicos hasta quienes lo ven como una muestra de la desconexión del gobierno con la realidad.
45 muertos y una hora de retraso
El accidente de Adamuz ha puesto en evidencia las carencias del sistema ferroviario. Según los testimonios, los servicios de emergencia tardaron más de 60 minutos en llegar al lugar del siniestro, porque ni Adif ni Renfe tenían constancia del descarrilamiento. "Tantos controles inteligentes, tanta vanguardia tecnológica y nadie echó de menos ese tren", se lamenta un análisis. La comparación es inevitable: mientras el ministerio no sabe dónde está un tren con 45 muertos, sí tiene capacidad para rastrear insultos en la prensa.
El coste del orgullo
La reacción del mercado no se ha hecho esperar. Los precios de los billetes de AVE en la ruta Oviedo-León han caído de 25-30 € a 10-15 € en horario de tarde, según datos recogidos. El pánico a viajar en tren se extiende, y no es para menos: cuando se produjo el accidente, el ministerio estaba más preocupado por su imagen que por la seguridad de las vías. La ironía es que la misma estructura que ahora busca columnas insultantes podría haber evitado la tragedia si hubiera revisado a tiempo el estado de las infraestructuras.
La conclusión es amarga: mientras el ministerio busca fantasmas, los trenes siguen descarrilando. Y nosotros pagamos.
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