Rusia cobrará el gas en rublos y Alemania ya lo ve viable
En marzo de 2022, con el primer paquete de sanciones occidentales ya en vigor, Moscú anunció que el gas natural vendido a los países incluidos en la lista de «naciones hostiles» —la Unión Europea entre ellas— tendría que pagarse en rublos. La justificación difundida desde la administración rusa fue escueta: cobrar en dólares o euros «ya no tiene ningún sentido». El movimiento no buscaba cerrar el grifo, sino obligar al comprador a entrar en el mercado del rublo si quería seguir recibiendo gas.
Qué cambia pagar el gas en rublos
El efecto mecánico es sencillo de describir y difícil de digerir para Bruselas. Para pagar el gas, los bancos europeos necesitan
rublos que no tienen en sus balances, y el rublo solo se compra en Rusia. Eso empuja a entidades y empresas europeas a operar dentro del sistema financiero ruso en plena campaña de sanciones, un equilibrio inestable que deja la pelota en el tejado de cada capital.
El resultado inmediato es una revalorización de facto de la moneda rusa, que pasa de ser objeto de castigo a convertirse en peaje obligatorio. La operación se ha descrito como una doble ventaja: Rusia coloca su gas y, de paso, fuerza demanda de su divisa. Si el comprador europeo se niega, no hay gas; si acepta, financia al adversario que sanciona. El dilema no admite trampa.
¿Se compran los rublos con oro?
El anuncio no lo dice. El comunicado oficial no detalla el mecanismo de compra de rublos, y esa laguna se ha rellenado con interpretaciones. La más repetida sostiene que
los compradores entregan onzas de oro y reciben a cambio los rublos equivalentes al cambio, que luego se usan para pagar el gas. Circula sin confirmación del Banco Central ruso.
Hay una vía menos exótica y también apuntada: una empresa europea con operaciones en Rusia —cobrando allí en rublos— sirve de intermediaria a otra que necesita pagar gas y no tiene divisa rusa. El intercambio se resuelve entre compañías, sin pasar por el metal. En esa lectura, la jugada sería defensiva, de protección del valor de la moneda propia, más que un ataque frontal contra el dólar.
De la negativa al «técnicamente posible»: Bulgaria y Alemania
El 23 de marzo de 2022,
Bulgaria anunció su disposición a pagar el gas ruso en rublos. Lo dijo su ministro de Energía, Alexander Nikolov, que señaló que existe una contraparte financiera en el país capaz de hacer una transacción en rublos. El mismo día, el jefe del comité de energía y protección climática del Bundestag, Klaus Ernst, declaró que el pago en rublos es «técnicamente posible», admitiendo que obligaría a los países de la lista a eludir las sanciones.
Alemania tiene poco margen de maniobra. Su dependencia del gas ruso se estima en un mínimo de dos inviernos más, y no hay gasoductos ni buques metaneros que sustituyan ese volumen de un día para otro. Lo que unos presentaron como capitulación, otros lo leen como simple aritmética energética.
Desdolarización: India en rupias, China en yuanes
Putin anunció que los contratos de gas con Europa se pagarían en rublos. A la vez, se conoció que Rusia negocia vender petróleo a India en rupias y mantiene conversaciones con China; Pekín, por su parte, tantea con Arabia Saudí pagarle en yuanes. El paquete entero se ha etiquetado como desdolarización, y es el punto donde el relato más se infla.
Los contrapesos existen. India no puede absorber todo el crudo que Occidente deja de comprar, y Rusia se vería forzada a vender con descuento; un rublo debilitado pasa factura a su propia economía. El comercio energético no se reordena por decreto: quien vende crudo a media docena de clientes nuevos tarda más en cobrar que quien lo hacía a un solo bloque.
El coste para la industria europea
El gas estadounidense obtenido por fracking cuesta
alrededor de cuatro veces más traerlo a Europa que el gas ruso. Cualquier industria europea que produzca con esa materia prima queda en desventaja frente a competidores de China, India o Pakistán que compren gas ruso barato. Comprar a los americanos, se sostiene, sale un 40% más caro y con peor calidad.
Los telediarios alemanes ya abrían con los precios de la energía destrozando la competitividad de su industria manufacturera. La Unión Europea, mientras tanto, ha ido reculando en su intención de embargar el petróleo ruso, atrapada entre el compromiso político y la factura.
¿Quién cede primero?
Nadie sabe aún cómo se liquida el primer pago ni qué forma tendrá el mecanismo definitivo. Alemania necesitará gas ruso dos inviernos más, Rusia necesita vender, y las dos cosas son ciertas al mismo tiempo. La conversación se queda ahí, esperando saber quién se sienta antes a firmar.