Drogaba a una anciana para robarle las joyas: el agujero de la ayuda a domicilio
Un caso reciente ha vuelto a poner el foco en la vulnerabilidad de los mayores atendidos en su domicilio. Una cuidadora, presuntamente, suministró droga a una anciana para sustraerle joyas y dinero, según la denuncia. El caso, aún bajo investigación, reabre preguntas incómodas sobre cómo se contrata y supervisa al personal de ayuda a domicilio.
Subcontratación hasta el final de la cadena: CLECE y los servicios sociales
El detalle clave es que la cuidadora habría sido subcontratada por CLECE, una de las grandes empresas de servicios que trabajan para la administración, y ofrecida por los servicios sociales. La externalización multiplica los controles: la administración contrata a CLECE, que a su vez subcontrata a la cuidadora. La pregunta es si alguien verificó sus antecedentes. El patrón se repite: ancianos solos, intermediarios sin filtro y protocolos que se saltan en la práctica.
El sesgo migratorio en escena
El suceso se ha mezclado con el discurso político que señala a las personas migrantes del sector, muchas en situación irregular. Se ha llegado a discutir si compartir religión es garantía de fiabilidad. Pero el problema no es el perfil del cuidador, sino la precarización del sector: salarios bajos, sin incentivos para la verificación y con una rotación alta que atrae también a quien no debería estar cuidando a nadie.
El caso sigue en los tribunales. La justicia decidirá sobre la presunta culpable. Pero el problema de fondo – la externalización sin control del cuidado de mayores – sigue sin respuesta. Y otra anciana ha perdido sus joyas. La confianza, esa no la devuelve nadie.