La violación grupal de una menor con discapacidad que no movilizó a las feministas
En agosto de 2023, una joven con discapacidad fue violada en grupo por dos menores en las inmediaciones del parque Fuente de la Salud, en el barrio de Las Delicias de Valladolid. La fiscalía pide cinco años de internamiento, tres de libertad vigilada y dos de prohibición de aproximación. Sin embargo, a diferencia de otros casos de violación grupal mediáticos, como el de La Manada en Sanfermines, este no ha generado ni una sola manifestación feminista. La pregunta es: ¿por qué?
El factor étnico que divide la opinión
Los comentarios en el espacio público apuntan a un sesgo: los agresores no son jóvenes blancos españoles, sino de etnia gitana o magrebí. Se señala que cuando el perfil del violador encaja en el estereotipo del 'hombre blanco', la reacción feminista es inmediata y masiva. Pero cuando los acusados son menores y de origen extranjero, el silencio es ensordecedor. Algunos argumentan que la falta de movilización se debe a que el caso no ha tenido la misma cobertura mediática, o a que la víctima es discapacitada y pasa más desapercibida. Otros, en cambio, sostienen que el feminismo mainstream prioriza la lucha contra el 'patriarcado blanco' y esquiva los casos donde los agresores provienen de colectivos minoritarios para no ser tachados de racistas.
La comparación con otros casos de violación grupal
Cuando el caso de La Manada llegó a los tribunales, las calles se llenaron de pancartas exigiendo justicia. Aquí, la pena solicitada es menor (cinco años frente a los nueve de aquel caso) y los acusados son menores, lo que jurídicamente explica parte del menor ruido. Pero el argumento no termina de convencer: la violencia sexual contra una menor con discapacidad es si cabe más grave, y la intimidación grupal está presente. La diferencia cualitativa radica en la identidad de los agresores: mientras en La Manada eran cinco amigos de clase media sevillana, aquí son dos chicos de origen inmigrante con expresiones como "paya de mierda" o "me cago en la caja de tus muertos".
Lo que el dato no dice es si el silencio feminista responde a una estrategia política o a simple desinterés mediático. La pregunta que nadie responde del todo es: ¿habría habido manifestaciones si los agresores fueran blancos y españoles?
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