RTVE critica a los antifeministas y reabre la guerra cultural
La radiotelevisión pública ha puesto en el punto de mira a los antifeministas. Pero mientras la corporación dedica su artillería a un colectivo sin poder real, los datos de natalidad siguen cayendo y la inmigración irregular se mantiene como el gran desafío. El debate, como casi siempre, esconde más de lo que muestra.
¿Quiénes son los antifeministas?
La crítica de RTVE se centra en un movimiento difuso que agrupa desde negacionistas de la violencia machista hasta defensores de las llamadas 'tradwives'. Estas últimas, mujeres que reivindican un rol doméstico tradicional, han sido acusadas por algunos sectores de ser un producto de las redes sociales, una estética de nostalgia que no se sostiene económicamente. Sin embargo, también se ha señalado la contradicción de quienes defienden la libertad de elección pero atacan a las mujeres que eligen ese camino. La etiqueta de 'supremacismo blanco' o 'extrema derecha' se ha lanzado contra ellas, y también contra los natalistas, en un intento de deslegitimar cualquier posición que cuestione el relato dominante.
La contradicción de la libertad de elección
Hay quien sostiene que la progresía siempre estuvo a favor de que cada mujer decida su vida, pero cuando esa decisión es la de quedarse en casa, se convierte en sospechosa. El argumento de que las tradwives no tienen ningún poder político para semejante drama parece razonable, pero la corporación pública ha decidido que son un enemigo a batir. Mientras tanto, se han escuchado posiciones más extremas, como la de quienes afirman que las mujeres no deberían dirigir nada porque las emociones las dominan, o que el aborto es asesinato. Estas opiniones, aunque minoritarias, alimentan la percepción de un auge machista que justificaría la reacción de RTVE.
El elefante en la habitación
En paralelo, el debate ha sacado a relucir otros asuntos incómodos. Se ha mencionado la cifra de 100.000 migrantes en Ceuta, un dato que algunos consideran ignorado por los medios mientras se presta atención a una secta cristiana minúscula. La caída de la natalidad en Estados Unidos y Europa, que se desploma en parte por ideologías contrarias al fenómeno tradwife, también ha sido señalada como una paradoja que nadie explica. La sensación de que la guerra cultural es un humo para entretener al personal mientras los problemas reales se acumulan es cada vez más extendida.
Mientras tanto, la guerra cultural sigue su curso. Si RTVE espera que el público se olvide de la crisis demográfica y de la presión migratoria, puede que esta vez el truco no funcione. La realidad, como siempre, se impone a la agenda.