España vendió 34 Lamborghini en ocho meses: el relato de los ricos no cuadra
Entre el 1 de enero y el 31 de agosto de 2024 se matricularon en España exactamente
34 Lamborghini, según los datos de ANFAC que cita el planteamiento del asunto. De esos 34, catorce se quedaron en Barcelona y diez en Madrid. El resto se reparte por Málaga, Sevilla, Baleares, Tenerife, Salamanca, Valladolid, La Coruña y Pontevedra, con una o dos unidades por provincia. La cifra descoloca a quien esperaba un parque de superdeportivos acorde con el discurso de que aquí sobran millonarios.
El contraste con el resto del mundo es lo que convierte el dato en una anomalía. Estados Unidos matricula
3.000 unidades, Alemania 961, China 845, Reino Unido 801, Japón 660, Italia 409 y Francia con Mónaco 255. España, con una economía teóricamente comparable a la italiana, se queda en 34. La comparación internacional no admite muchas lecturas: aquí no hay ni el dinero ni las ganas de exhibirlo que sí existen en otros mercados.
¿Cuántos Lamborghini se venden en España y por qué tan pocos?
La respuesta corta es que el Lamborghini es un coche incómodo, caro de mantener y diseñado para llamar la atención. Nada de eso encaja con el comprador español de renta alta, que según varios análisis del asunto prefiere un
Mercedes o un BMW de gama alta sin distintivos, o directamente un Porsche para el fin de semana. El superdeportivo se asocia a futbolistas, youtubers y ganadores de lotería, no al patrimonio consolidado.
Hay quien sostiene que la escasez de Lamborghini mide en realidad la falta de
nuevos ricos en España. El país tendría dinero viejo, discreto, y muy poco dinero nuevo dispuesto a gastarlo en algo tan visible. La movilidad social se mide así, con matrículas: quien se enriquece de golpe compra el coche que grita; quien nació rico compra el que susurra. Y aquí el segundo grupo es amplio, pero el primero escasea.
El impuesto que se paga al comprar un Lamborghini en España
Un Lamborghini no solo cuesta lo que marca el concesionario. Por cada 100.000 euros de precio, unos
35.750 euros son impuestos directos entre IVA e impuesto de matriculación, según el desglose que circula en el asunto. A eso se suma que aproximadamente la mitad de lo que se paga por cada litro de gasolina son también impuestos. El coche es, fiscalmente, una máquina de recaudar.
Ese detalle desmonta parte del relato político sobre los superdeportivos como símbolo de privilegio. El que compra un Lamborghini en España ya está pagando una factura fiscal considerable. La discusión, por tanto, no es si los ricos pagan o no, sino cuántos ricos hay y qué hacen con su dinero cuando lo tienen.
La guerra de los apodos: Lamborghini, LamborYIni y Jaguar
El nombre de la marca genera su propia polémica. Hay quien recuerda que Lamborghini fue un fabricante de tractores y que el coche es, en esencia, una carrocería incómoda con motor de tractor. Otros corrigen la pronunciación castellanizada y recuerdan que la marca pertenece al grupo
VAG, lo que desmonta la idea de un artesano independiente.
La derivada lingüística llega hasta Jaguar, pronunciado a la española como
yaguar incluso por quienes se burlan de otras castellanizaciones. El detalle es menor, pero retrata una manía nacional: corregir al vecino mientras se comete el mismo error con otra marca. La anécdota sirve para medir el tono del asunto, más centrado en la pose que en el motor.
Quién compra realmente un superdeportivo en España
El perfil del comprador español de Lamborghini no es el empresario discreto. Es el deportista de élite, el cantante de éxito temprano, el creador de contenido con ingresos súbitos. Gente que se enriquece antes de los 30 y necesita demostrarlo. El empresario de 55 años con patrimonio consolidado rara vez entra en ese perfil: prefiere comodidad, seguridad y pasar desapercibido.
Esa diferencia explica por qué Barcelona y Madrid concentran 24 de las 34 unidades. Son las plazas donde vive el dinero nuevo y donde tiene sentido exhibirlo. En provincias pequeñas, un Lamborghini es una anomalía que llama la atención en el garaje y en la puerta del colegio. Nadie con dinero viejo quiere ese nivel de exposición.
Queda la pregunta incómoda: si España tiene millones de personas con capacidad de compra alta y solo se venden 34 unidades al año de un coche icónico, ¿el problema es que no hay ricos, que los ricos no son horteras o que los horteras se han quedado sin dinero?