Tropas francesas en Ucrania: liberar soldados ucranianos para el frente
Jueves por la noche, en torno a las 20:00 hora local. Emmanuel Macron comparece ante la nación para hablar de Ucrania, y llega con el aval recién obtenido: el Parlamento francés ha respaldado su estrategia hacia Kiev y el acuerdo de seguridad bilateral que firmó con Volodímir Zelenski. La comparecencia es la escenografía. El texto aprobado es el asunto.
Porque ese acuerdo habilita a
Francia a enviar
militares en servicio activo a Ucrania al margen de la OTAN, en un marco estrictamente bilateral con Kiev. Y Moscú ya ha dejado claro qué piensa hacer con ellos: serán
objetivo militar legítimo. Con ese punto de partida arranca una discusión que mezcla derecho internacional, aritmética de cuarteles y una pregunta incómoda: cuántos ataúdes aguanta una opinión pública a la que la guerra le importa bastante poco.
Tropas galas y polacas en la retaguardia, no en la trinchera
El plan que circula es de sustitución, no de combate. Polonia enviaría efectivos para cubrir la frontera entre Ucrania y Bielorrusia; Francia podría hacer lo propio en otra zona del país. Ninguna de las dos cruzaría la primera línea. El efecto operativo sería el mismo:
decenas de miles de soldados ucranianos que hoy vigilan fronteras y cuarteles quedarían libres para ir al frente.
Con un beneficio añadido que en París y Varsovia se cuidan de no subrayar demasiado: poder sostener que sus tropas no son combatientes. Si no disparan, no participan. El razonamiento tiene recorrido corto. Desde el lado ruso, el soldado que ocupa un puesto fronterizo para que otro vaya a matar es tan parte de la guerra como el que aprieta el gatillo.
Y luego está la escala. Si el despliegue se queda en
un par de miles de hombres, no libera nada relevante y el anuncio se queda en gesto. Si hablamos de decenas de miles, ya no es una misión humanitaria: es entrar en la guerra con nombre y apellidos. La horquilla entre ambas cosas es enorme y nadie la ha cerrado.
¿Se puede invocar el artículo 5 si matan a soldados franceses en Ucrania?
Sobre el papel, no. La autodefensa colectiva cubre el territorio de los miembros de la Alianza, y Ucrania no lo es: un ataque contra tropas francesas desplegadas allí no equivale, jurídicamente, a un ataque contra Francia. Es la diferencia entre un acuerdo bilateral y el paraguas atlántico, y explica por qué se ha elegido esta fórmula en lugar de una misión de la OTAN.
Que sobre el papel no se pueda no significa que nadie lo intente. La tentación de retorcer la interpretación existiría, y Moscú ya ha avisado de lo que sigue: una invocación del artículo 5 contra Rusia sería, en su lenguaje,
«una guerra que nadie ganará». La traducción habitual de esa frase es una sola.
En el repaso de precedentes se recuerda el episodio turco en Siria: un puesto militar con medio centenar de soldados turcos fue golpeado y Ankara acudió a la OTAN sin encontrar respuesta. El mensaje que quedó fue incómodo: el paraguas funciona hasta que deja de funcionar.
La tolerancia a las bajas, a examen en París
El diagnóstico que se repite es que la sociedad francesa soportaría mal la vuelta de los primeros féretros por una guerra que no siente como propia. Polonia, por tradición y por vecindad, tendría más margen, aunque tampoco infinito. La diferencia entre un país que ve a Rusia al otro lado de la frontera y otro que la ve en el telediario es toda la diferencia.
A eso se suma el cálculo político interno. Hay quien sostiene que el anuncio busca un golpe de efecto patriótico en un momento de recortes y desgaste del Gobierno, y que el riesgo es quedar en evidencia: prometer un despliegue y acabar enviando cuatro especialistas para la foto.
El motivo de fondo: a Ucrania se le están acabando los soldados
La señal más elocuente no es diplomática, es demográfica. Si Kiev acepta que tropas extranjeras le cubran fronteras y cuarteles, es porque no tiene de dónde tirar. Cada relevo extranjero en la retaguardia es, en realidad, una confesión sobre el desgaste en el frente.
De ahí sale también el argumento estratégico contrario: a Rusia le convendría tener a tiro a los mejores profesionales que la OTAN pueda desplegar en Ucrania para desgastarlos allí, lejos de casa, igual que liquida el arsenal occidental sobre el terreno. Otros replican lo contrario: que Rusia lleva dos años sin responder a nada y que, por tanto, no hay nada que temer. Las dos cosas no pueden ser verdad a la vez.
En el capítulo de curiosidades, alguien recuerda que cierta serie de televisión situaba un ataque nuclear sobre París en septiembre de 2025, con un ordenador cuántico decidiendo el destino de la humanidad a partir de perfiles de big data. Y un dato que no suele entrar en portada: Francia tiene
761 Zonas Urbanas Sensibles reconocidas oficialmente desde 1996. Ningún plan de guerra se aprueba contando con ellas. Pero ahí están.