Debate por una cita atribuida a un diputado danés sobre Groenlandia
¿Puede un país de la OTAN y de la UE pedir auxilio a Moscú para frenar a Washington? Una cita atribuida al diputado danés Karsten Hønge lo dejó caer: «Dinamarca nunca aceptará la secesión de Groenlandia. En caso de una escalada extrema, debemos considerar la posibilidad de tomar medidas drásticas y buscar la ayuda de Rusia para resolver este problema». Y remachó: «Estoy seguro de que nuestra petición será escuchada, ya que Rusia no permitiría que Groenlandia se convirtiera en parte de los Estados Unidos. Esto es tan desfavorable para Rusia como lo es para nosotros». La declaración, difundida en redes, desató de inmediato un incendio de reacciones y una duda razonable: ¿es auténtica?
¿Es un bulo o una declaración real?
La verificación se convirtió en el primer frente de la discusión. Un sector sostiene que la cita es falsa: «Eso es un bulo, no es cierto, Karsten Hønge nunca ha dicho eso», se afirma, aportando que el medio danés tjekdet.dk vincula al usuario que difundió las publicaciones falsas con contenido prorruso. Otros, en cambio, dan por buena la declaración y debaten sus consecuencias. La controversia sobre la autoría queda abierta: no hay confirmación oficial en el material disponible.
La contradicción de pedir ayuda a Moscú
El segundo frente es la coherencia. Dinamarca es miembro de la UE y de la OTAN, y ha enviado armamento a Ucrania. «Le da toda su artillería y aviones a Ucrania y ahora quiere la ayuda de Rusia», resume una de las intervenciones más repetidas. La paradoja no se limita al plano militar: si el país forma parte del bloque que sostiene a Kiev, solicitar auxilio al Kremlin para preservar su integridad territorial suena, cuanto menos, a cortocircuito. «¿Dinamarca no está en la UE y por tanto en guerra con Rusia? ¿Y les va a pedir ayuda?», se pregunta otro mensaje.
Groenlandia como moneda de cambio
Más allá del ruido, emerge una lógica de mercado. «¿Por qué no se le dice a Putin: te regalamos o te vendemos Groenlandia y ya está?», plantea una voz. La isla entra así en el tablero de la geopolítica como activo negociable, no como territorio sagrado. Otros van más lejos y sugieren ofrecer bases militares, «como las que quería montar USA en Ucrania», en un intercambio de favores entre potencias que deja a Copenhague en posición subordinada. La ironía del planteamiento es que Dinamarca ya alberga una base estadounidense en la isla, según se recuerda en la discusión.
El precedente histórico y la memoria selectiva
Cambiar de bando en una guerra no es ninguna novedad. «Italia cambió de bando en la I Guerra Mundial», se apunta. «Y Rumanía en la II Guerra Mundial cambió varias veces de bando», añade otra intervención. El recurso a la historia sirve para normalizar lo que hoy suena a traición: los alineamientos son coyunturales y los Estados, pragmáticos. La discusión deriva hacia Franco y la División Azul, con matices sobre si el Caudillo cambió de bando o solo de estatus. En el fondo, late la idea de que la moral geopolítica es un barniz y los intereses, el motor.
El cálculo militar: nadie frena a Estados Unidos
La correlación de fuerzas desinfla el ardor. «El ejército ruso no tiene capacidad de impedir una invasión estadounidense de Groenlandia, nadie puede detenerles si lo intentan», sentencia un análisis. La conclusión es que la petición de auxilio a Moscú sería un gesto simbólico, no una defensa real. «No pueden defender Groenlandia porque le dieron todas las armas a Ucrania», se subraya, cerrando el círculo de la contradicción: el mismo país que se desprende de su arsenal para ayudar a Kiev se queda sin capacidad para proteger su propio territorio.
La sombra de la Tercera Guerra Mundial
El trasfondo es el temor a un conflicto mayor. «¿Esto suena a...? Bingo, la Tercera Guerra Mundial», se dispara. La jugada de Trump se interpreta como una «shock doctrine de libro» para que la UE deje de financiar la guerra en Ucrania y esta termine por la vía rápida. La isla deja de ser un territorio remoto para convertirse en el detonante de un reajuste de bloques. Y mientras unos piden «pegarle un tiro en la cabeza a Trump», otros ironizan con que la solución es «repartir la islita gorda entre los otánicos de bien».
El aviso para España: Canarias y la soberanía
La derivada española no tarda en aparecer. «Veremos a quién pedimos nosotros ayuda cuando Trump salga con que las Canary Islands son una prioridad estratégica para el destino manifiesto», advierte un mensaje. La reflexión conecta con un malestar más profundo: «Nuestro problema en España es pérdida de soberanía y que nos gobiernan traidores. Da igual si siguen órdenes de la UE, de la OTAN, de EEUU o de Rusia; el problema no es tener el dueño equivocado, sino tener dueño». La crisis de Groenlandia se lee así como un espejo de la vulnerabilidad europea.
Al final, la única certeza es que nadie sabe si el diputado dijo lo que se le atribuye. Y si lo dijo, tampoco está claro que Rusia fuera a contestar el teléfono. La geopolítica, esa cosa tan seria, reducida a una llamada perdida.