Duelo inversor a 500 euros por empresa: Norsk Hydro contra carbón polaco
Mayo de 2020. La economía europea sale del confinamiento con los balances rotos y las bolsas en modo montaña rusa. En ese escenario, dos inversores acuerdan algo poco habitual: en lugar de intercambiar opiniones sueltas, cada mes propondrán una sola empresa, discutirán únicamente esa y la comprarán si alcanzan un acuerdo. La cifra pactada es de
500 euros por posición, idéntica para los dos, para que nadie juegue con ventaja. Si el consenso no llega, en los meses pares decide uno y en los impares, el otro. La primera compra se cierra en mayo.
El experimento arranca con dos valores que se parecen más de lo que aparentan. Ambos son cíclicas de materias primas, ambas arrastran caídas y en las dos el Estado es accionista. La diferencia está en el producto y, sobre todo, en la tendencia.
Norsk Hydro o la minera de carbón de coque polaco
La apuesta noruega es Norsk Hydro, una compañía con el
34% del capital en manos del Estado y una lectura sencilla: quien controla las reservas de petróleo no va a quedarse sin oxígeno cuando lleguen los rescates. Reparte en torno al
6% de dividendo, tiene un valor contable por acción de unos 4 euros, declara un cashflow de 13.800 millones y un EBITDA de 9.000 millones en 2019. Hay quien añade un argumento de gestión: una dirección con formación económica que preside la cámara de comercio del país.
Frente a ella, Jastrzębska Spółka Węglowa, el mayor productor europeo de carbón de coque, con el
55% en manos del Estado polaco. Sus múltiplos son de
derribo: PER de 1,55, EV/EBITDA de 0,80 y precio sobre valor contable de 0,30. El razonamiento es industrial y va contra la corriente: por mucho que se venda el relato de las renovables, el carbón de coque seguirá siendo imprescindible para reactivar la
industria.
¿Por qué la minera polaca lleva todo 2019 cayendo?
Porque no es el coronavirus. Ese es el reproche que recibe la tesis del carbón: el valor pasó de
60 zlotys a 19 a lo largo de 2019, mucho antes de que hubiera pandemia alguna. La caída responde a la demanda y a un problema de fondo, la divisa. Polonia tiene margen para devaluar el zloty y una inflación por encima del
4%, lo que se come el atractivo de un dividendo calculado en moneda local.
En el lado noruego ocurre lo contrario. El precio se mantuvo estable desde mediados de 2019 y el desplome llegó con el virus, no antes. Para el comprador, la secuencia importa: un activo que cae por el ciclo general y otro que cae por sí mismo no son la misma apuesta, aunque los dos compartan el respaldo estatal.
¿Se puede reactivar la industria europea sin carbón?
Aquí el duelo deja de ser una comparación de balances y entra en política energética. Se sostiene que sin carbón no hay electricidad barata y que, sin electricidad barata, la industria se marcha. Desde esa lógica, el cierre de plantas que algunos celebran no sería una victoria ambiental sino una cesión de terreno productivo.
El ejemplo que se usa es Alemania: sin uranio propio, decide apagar sus nucleares y compensa con un gasoducto por el Báltico para traer gas ruso. La alternativa, según esta lectura, es volver a quemar carbón a destajo. La respuesta desde el otro lado es menos épica: da igual el relato, los números de la empresa que ya venía cayendo en 2019 son los que son.
Xiaomi y el hueco que deja Huawei
Para junio llega la propuesta tecnológica: Xiaomi. La tesis no es la marca ni el catálogo, sino el vacío que abre su principal competidor chino. Huawei fue acusado de espionaje y ha perdido la posibilidad de fabricar teléfonos con Android, lo que compromete su acceso al mercado de consumo. Si Xiaomi ocupa ese espacio en la gama media, tiene el terreno rodado.
El horizonte declarado es de
cinco a siete años, con una regla de gestión poco frecuente: a partir del tercer año, si el valor despega, se fija un límite equivalente a la inversión original más un 5%. La operativa tiene trampa técnica. El mismo valor cotiza con tres códigos distintos: el de Fráncfort, el de Hong Kong con cambio de divisa y, en el bróker elegido, lotes forzosos de 200 títulos, y un tercero en Estados Unidos a través de una empresa interpuesta que conviene evitar. En este pulso también hay sitio para el automóvil: hay quien espera el relevo en la cúpula de un fabricante francés con la
pistola preparada.
El broker, ese campo de batalla inesperado
El plan de operar los dos en la misma plataforma choca con la realidad: el bróker elegido ha bloqueado temporalmente el alta de nuevos clientes. Los registros que van llegando muestran además algo desconcertante:
un número 1.562 para uno y un 2.969 para el otro, con el orden invertido respecto a la fecha de alta. La hipótesis del país de residencia no termina de encajar.
Las alternativas se abren paso por precio. Una plataforma móvil cobra
un euro por operación con independencia del importe; otra no cobra nada a partir de 500 euros, aunque su catálogo es limitado. Mientras, un banco clásico mantiene 20 euros de comisión por cualquier compra fuera del selectivo español. Para carteras pequeñas y horizontes largos, la diferencia no es cosmética, y explica por qué medio mercado anda buscando puerta de salida.
Ahí se queda el pulso. Dos tesis casi idénticas en la forma —empresa vieja, Estado dentro, precio castigado— y opuestas en el fondo: una espera el rebote de lo que cayó con el virus, la otra confía en que el carbón vuelva a ser motor industrial. Y una discrepancia técnica que nadie ha resuelto: cuándo entrar en Norsk Hydro, si antes o después del dividendo, cuando la respuesta depende de una caída que todavía no ha ocurrido.