Preston desmonta el mito militar de Franco: quería exterminar, no vencer
Paul Preston lleva más de medio siglo estudiando la figura de Francisco Franco. El historiador británico, autor de tres biografías consideradas canónicas sobre el dictador, sostiene en una entrevista reciente que Franco no ganó la Guerra Civil por brillantez militar, sino porque su objetivo declarado era exterminar al pueblo republicano. La afirmación ha reabierto una discusión que parece no cerrarse nunca: la del relato sobre el franquismo, sus mitos y las cifras reales de la represión.
Preston no se anda con matices. Compara a Franco con Rommel o Montgomery y concluye que «no está a la altura». Argumenta que la educación en las academias militares españolas estaba cincuenta años por detrás del resto de Europa, porque España no había participado en las grandes guerras. Eso, dice, forjó una mentalidad de guerra colonial que Franco aplicó después contra la población del sur: «tratar a la población del sur de la misma forma en que había tratado a los marroquíes cuando estaba en África. Con crueldad».
El mito del militar brillante y la crueldad como estrategia
La tesis central de Preston es que Franco no buscaba una victoria rápida, sino una conquista lenta y sistemática. «Su objetivo, como dijo en entrevistas, fue conquistar España centímetro por centímetro. Lo que quería era exterminar al pueblo republicano», afirma. Esa estrategia, sostiene, supuso «la eliminación de una cantidad de conciudadanos que fue de una crueldad masiva».
El historiador también reconoce que él mismo tardó en dimensionar la corrupción del régimen. «Existía el mito, que yo también me creí cuando comencé a estudiar su figura, de que Franco era un hombre por encima de la avaricia», admite. En ediciones posteriores de su biografía y en su libro
Un pueblo traicionado ya habla del «enriquecimiento de Franco y de su familia, que es alucinante».
La máquina de propaganda que creó el mito
Preston insiste en algo que considera poco reconocido: el «gran lavado de cerebro» que el régimen puso en marcha desde 1939. «Todo esto de las fake news no es un invento de Donald Trump, es algo que han hecho muchos regímenes. Pero con Franco fue a gran escala», señala. El control de los medios, el dominio del sistema educativo a través de la Iglesia y casi cuatro décadas para construir la imagen del «salvador de España» hicieron el resto.
Sobre la capacidad intelectual del dictador, Preston no duda: «Era mediocre intelectualmente, pero tenía alrededor suyo todo un aparato». Reconoce, eso sí, una «astucia alucinante» que le permitió manipular a Mussolini para que Italia interviniera masivamente en la guerra. «Una gran contribución en la ruina de Mussolini fue el propio Franco», llega a decir.
Las cifras de la represión: el punto que nadie cierra
Aquí el consenso se rompe. Un participante del debate sostiene que las asociaciones de memoria democrática cifran en 135.000 las personas ejecutadas por el bando franquista durante la guerra, basándose en el censo oficial de entonces, y que la Causa General posterior juzgó a 275.000 personas, de las cuales unas 32.000 fueron ejecutadas. En el otro lado, el mismo participante apunta a unos 60.000 asesinados sin juicio en los primeros meses de la guerra, incluidos 7.000 religiosos.
La cifra del millón de muertos que se maneja en algunos sectores es contestada con dureza. «De ahí al bulo de un millón de muertos hay mucho margen», se argumenta. Otros defienden que el recuento es sencillo: la guerra la empiezan los golpistas, luego todos los muertos posteriores son su responsabilidad. El cálculo, dicen, ronda el millón de víctimas si se suman guerra y posguerra.
Franco, ¿mejor militar que Montgomery y Rommel?
La comparación que hace Preston con los generales aliados y alemanes ha encendido el debate. Hay quien sostiene que Montgomery fue el peor de los generales aliados y que Rommel ha sido sobrevalorado precisamente para engrandecer al primero. Desde esa óptica, Franco habría sido «mucho mejor que cualquiera de ellos».
Otros recuerdan que Franco fue cuestionado por sus propios compañeros de armas desde el inicio del golpe. «Una serie de carambolas, casualidades, su ambición personal, muertes oportunas etc. hicieron que acabara dirigiendo el alzamiento militar», se afirma. La conclusión de esta corriente es que Franco no destacó por genio táctico, sino por capacidad de infundir miedo y eliminar rivales.
El problema de definir a Franco como fascista
Preston evita el adjetivo. «El uso de la palabra fascista es un problema», dice, sin cerrar del todo la cuestión. La discusión sobre si el régimen fue fascista, autoritario o simplemente una dictadura personalista sigue abierta. Lo que sí parece claro es que el relato sobre Franco no se agota: cada generación vuelve sobre él.
El propio Preston admite que cada vez le gusta menos hablar del personaje. «Es incapaz de encontrar algún ángulo atractivo», se resume. Pero acepta que su voz sigue siendo imprescindible. Y ahí está el problema: cincuenta años después, seguimos discutiendo lo mismo.