Ser madre a los 28 es noticia: la española media espera a los 32,2
Paula García tiene 28 años, vive en Madrid, trabaja en una consultora de comunicación y le quedan dos meses para dar a luz. Su embarazo no tendría nada de particular si no fuera porque, en España, es una rareza estadística:
solo el 4% de las mujeres tiene un bebé a esa edad. El reportaje que le dedica
Yo Dona —texto de Mar Muñiz, fotos de Ángel Navarrete— abre con una frase suya: «Mis amigas están en una etapa preciosa de viajes y diversión, y sé que mis planes ahora serán distintos».
Que eso sea titular dice bastante más del país que de ella. A Paula le han hecho ya todas las preguntas clásicas: por qué un hijo tan joven, si el embarazo ha sido buscado, si hay motivación religiosa, si su marido es mayor. Con 35 años probablemente no habría tenido que responder a ninguna.
De 27,5 a 32,2 años: cómo se ha retrasado la maternidad en España
En 1992, año de la Expo de Sevilla y de los Juegos de Barcelona, las mujeres tenían su primer hijo con
27,5 años y una media de
1,3 hijos. Tres décadas después, el INE dibuja el retrato inverso:
31,5 años para el primero y
1,16 hijos por mujer en 2022. La cifra incluye a españolas y extranjeras; si se mira solo a las primeras, la cosa empeora:
1,12 hijos y
32,2 años. En 1975 el promedio era de casi tres criaturas por mujer.
El demógrafo Albert Esteve, director del Centro de Estudios Demográficos, ordena el fenómeno por edades: las causas no son las mismas para alguien de 22, de 32 o de 42 años. A la primera, cuya abuela probablemente ya había sido madre con su edad, ni le pasa por la cabeza tener un hijo. En la treintena pesan los condicionantes materiales y, a partir de los 40, aparecen los problemas de fertilidad. El resultado es que esa ventana para procrear se estrecha y el país se queda por debajo de los nacimientos que necesita para sostener su población.
Por qué las españolas retrasan el primer hijo
Tres causas se repiten en el diagnóstico: la transformación sociocultural del país, la necesidad de alcanzar estabilidad económica y laboral antes de plantearse un hijo, y los problemas de fertilidad. Sobre la primera pesa un dato doméstico incómodo. Los jóvenes españoles se emancipan a los
30,3 años, frente a una media europea de 26,4; solo Croacia, Grecia, Bulgaria y Eslovaquia aguantan más tiempo en casa de los padres. Sin independencia económica no hay proyecto familiar, y con 30 años recién salidos de casa el calendario se comprime.
El contraste internacional lo remacha. La fecundidad española se parece más a la de Japón o Corea del Sur —por debajo de un hijo— que a la de Suecia, Noruega o Estados Unidos, y la primera consecuencia es el adelgazamiento de la población infantil. Se argumenta que la inmigración compensa parcialmente los nacimientos, pero no llena una escuela: quienes llegan tienen pocos hijos más que los autóctonos, aunque los tienen algo más jóvenes. Rellenan la población por arriba, no por abajo.
¿Qué ayudas hay por tener un hijo antes de los 30?
En la Comunidad de Madrid, donde reside la protagonista, existe una ayuda de
500 euros mensuales por nacimiento para menores de 30 años, que se cobra hasta que el bebé cumple dos. El requisito es no superar los
30.000 euros de renta individual o
36.200 en el caso de la pareja. Paula y su marido, ambos de 28, entran en el supuesto, aunque su solvencia no les libra de echar cuentas: llevan año y medio casados y seis años en la misma empresa.
Los planes que no coinciden con los de las amigas
La frase que más ha circulado es la de los viajes y la diversión. En el fondo describe un choque de calendarios. Una corriente de opinión sostiene que ese modelo de ocio prolongado —viajar, salir, posponer— se ha vendido como proyecto vital y deja a mucha gente con la vida resuelta a plazos y sin nada montado a los 40. Otra lectura, más pegada a los números, es que no hay tal elección libre: si la vivienda, el empleo y la emancipación se retrasan, el hijo también.
Entre medias queda el asombro. Que una mujer de 28 años decida ser madre se ha convertido en noticia, y eso funciona mejor como termómetro que como anécdota. Hay quien sostiene que el relato público lleva años tratando la maternidad como una interrupción del proyecto personal y que el resultado está a la vista en las estadísticas.
A la decisión de Paula hay un factor que no sale en las encuestas de fecundidad. Su madre sufrió cáncer de mama y ella no ha querido dejar correr el tiempo poniendo en riesgo su fertilidad: «Es verdad que he tenido ese riesgo muy presente», admite. El embarazo llegó cuando su vida encajó —trabajo estable, pareja de años, independencia— y no antes. En 1975 las españolas parían casi tres hijos de media. Hoy, cuando solo el 4% de las madres tiene un bebé a los 28, la anomalía estadística no es ella.