The Tale: la escena de abuso en HBO que reabre el caso Lolita
Una película alojada en HBO muestra a un adulto abusando de una niña y ha encendido, otra vez, la misma mecha.
The Tale, estrenada en 2018, dedica su tramo central a ese abuso, y una parte del público describe la secuencia como «vomitiva» y reclama que la plataforma la retire. Otra parte avisa justo de lo contrario: que prohibir es el camino que nunca conviene tomar. El choque no es nuevo. Lo nuevo es el altavoz.
Qué es The Tale y qué muestra la escena señalada
La cinta es una producción de
2018 que lleva años disponible en catálogo y que ahora vuelve al foco por una secuencia concreta: la de un adulto sobre una menor. No hace falta el detalle gráfico para entender el revuelo; basta con leer la reacción. Quien la ha visto habla de una escena que «da muy mal rollo» y de un producto de masas que, a su juicio, ha cruzado una línea que no tocaba.
El dato que más se repite en la conversación es el de la valoración crítica. La película aparece con un
99% en Rotten Tomatoes, y ese número se usa como munición: si la crítica la bendijo, ¿qué estaba bendiciendo exactamente? Se apunta también, sin más desarrollo, que el movimiento
MeToo la respaldó en su día. Ahí empieza a mezclarse el contenido de la obra con la industria que la premió, y esa mezcla es la que nutre casi todo el enfado.
Lolita tenía 18 años; la actriz de The Tale, 14
El contraargumento más citado es la comparación con
Lolita, la novela llevada al cine en 1997. La respuesta llega rápido y con números: la intérprete de aquella película tenía
18 años; la de esta, según se sostiene en la discusión, tenía
14. La diferencia no es de matiz, es de categoría. De ahí sale la pregunta incómoda: ¿por qué se llama hipócrita a quien no protestó en 1997?
La respuesta que se da en el otro lado tiene su lógica. En 1997 no había redes ni foros donde dejar constancia de una queja, y quien hoy tiene canas entonces era un adolescente sin altavoz. La cuestión de fondo, si se aparta el ruido, es otra: que no se protestara antes no desactiva el derecho a protestar ahora. Cambiar de opinión hacia posiciones más duras contra el abuso no es una incoherencia, es un ajuste.
Censurar o no: el argumento que atraviesa todo el episodio
Aquí está la grieta de verdad. Un bloque defiende que se retire, y no por gusto estético: por decencia. El otro bloque, sin negar el asco, recuerda el
Código Hays y la
censura que durante décadas mutiló el cine, la literatura y la música. La frase que resume esa postura es la de quien dice preferir la libertad de expresión antes que volver a aquellos tiempos.
Hay una línea de análisis que no se resigna y sostiene que la estrategia pasiva lleva
muchos años sin funcionar: que basta con mirar la velocidad a la que se mueven las costumbres para concluir que esperar sentado no frena nada. Y enfrente, el argumento clásico: si cada barbaridad que aparece en pantalla se retira a la primera queja, mañana alguien dará un paso más y otro después, y el criterio deja de ser el abuso para pasar a ser simplemente lo que incomoda. La conclusión de esa parte es una frase seca: a los monstruos, no mirar. Nadie concreta cómo se aplica eso sin censurar.
De la escena al relato conspirativo: accionistas, Epstein y Avicii
En el tramo final la conversación se despeña hacia terrenos que no guardan relación con la película. Se afirma,
sin aportar prueba alguna, que los accionistas de Netflix, HBO, Amazon y Disney son los mismos y que responden a un mismo proyecto político. Se llega a atribuir a un presidente estadounidense la muerte de un financiero conocido por un escándalo sexual, algo que no está respaldado por ningún dato y que se lanza como ocurrencia.
El salto al caso
Avicii es el más llamativo. Se encadena la publicación de un videoclip con la fecha de la muerte del músico y se subraya una cifra:
966 días entre ambos hechos. De ahí a sugerir que tenía información comprometedora hay un paso que se da, pero que nadie sostiene con nada. Es el patrón habitual de estos tramos: cuanto menos se sabe, más se afirma.
Ficción no es lo mismo que apología
Hay una objeción que se repite y que ordena el asunto: si mostrar a un asesino en una serie sirviera para normalizar el crimen, media parrilla sería un manual de delincuencia. La obra de ficción puede retratar el horror sin bendecirlo, y buena parte de las producciones que tocan el abuso infantil lo hacen presentando al agresor como lo que es. Otra cosa es el tono, el enfoque y a quién se pone la cámara encima. Ahí sí se puede discutir, y esa discusión no se ha tenido: se ha saltado directamente al insulto y al titular.
El cierre que se impone es incómodo para todos. Nadie ha demostrado que exista un plan para normalizar nada, y a la vez nadie ha explicado cómo se pide responsabilidad a una plataforma sin abrir la puerta a que otro decida qué se puede ver. Con este clima, lo previsible es que la escena siga disponible y el enfado siga subiendo. O que la retiren, celebren la victoria y nadie recuerde quién pagará el próximo turno de tijera.