El aceite de oliva se dispara un 84,4% y la cesta no cuadra
Un litro de aceite de oliva cuesta esta campaña un
84,4% más que la anterior y un
98,1% más que hace dos, según los datos que abren la discusión. La subida, además, no es un fenómeno local: el encarecimiento es similar en toda la zona mediterránea. Con ese punto de partida, la conversación derivó hacia una pregunta incómoda: si el precio en origen se ha cuadruplicado en tres años —hasta un precio medio de
7,34 euros por kilo—, ¿por qué la inflación oficial de alimentos que se presume acumulada no refleja esa magnitud en la cesta de la compra?
Por qué sube el aceite de oliva y hasta cuándo
La explicación agronómica es la que más peso tiene en el análisis: el olivar español es mayoritariamente de
secano, así que el precio depende de la lluvia. Si llueve bien, el árbol da muchos kilos y el precio baja; si llueve poco, el árbol se protege y genera poco fruto, y el precio sube. Llevamos dos campañas malas y, si este otoño no llueve con ganas, habrá una tercera y los precios seguirán altos.
Hay un límite estructural que refuerza esa tesis: el aceite de oliva es casi exclusivamente un producto del Mediterráneo y, en especial, de España. No se puede traer aceituna de Vietnam para compensar la cosecha, como sí ocurre con otros alimentos. Cuando la producción propia falla, no hay válvula de escape en el mercado internacional.
La conclusión práctica que se extrae de ese razonamiento es incómoda para el consumidor: con la cosecha que hay, el producto podría acabar vendiéndose casi como un artículo de farmacia. El precio no es un capricho de la distribución, es el resultado de una oferta que se ha quedado corta frente a una demanda que no cede.
La inflación que no se mide: menos producto, misma etiqueta
Más allá del aceite, el hilo apunta a una inflación invisible que ningún índice recoge: la
pérdida de calidad y de cantidad en los productos envasados. Las bolsas de snacks y las galletas vienen con menos gramos, y los porcentajes de materia prima real caen sin que el precio baje. El caso más citado es el de la pechuga de pavo: fiambres que antes rondaban el 70% de pavo y ahora no llegan ni a ese porcentaje.
Esa reducción silenciosa de calidad y cantidad equivale a una subida de precio encubierta que no aparece en las estadísticas. El consumidor paga lo mismo —o más— por menos producto y de peor calidad, y ese diferencial no lo captura ningún IPC.
El cálculo acumulado que se maneja en la conversación es contundente: en los últimos dos o tres años, la cesta de la compra podría haberse encarecido en torno a un
50%. Hay productos que llevaban más de un lustro con precio de referencia estable y que se han disparado: las espinacas pasaron de 1,00 a 1,50 euros, y una conocida marca de cerveza alemana, de 0,97 a 1,55 euros.
El euríbor, la hipoteca y el doble golpe
El encarecimiento de la cesta no llega solo. Quien se hipotecó en 2017 por
180.000 euros a 30 años con euríbor más 0,89 pagaba unos 570 euros al mes; con el euríbor en el
4,13%, la cuota ronda los 1.076 euros. Casi el doble. La educación financiera, ironizan, no parecía importante.
La lectura más ácida del asunto es que la factura la acabarán pagando los no hipotecados. El argumento que circula es que los hipotecados verán aliviar su carga en pocos meses —como ya ocurrió otras veces— mientras el resto seguirá soportando el coste de la política monetaria y fiscal. La impresora del banco central y la deuda pública aparecen en el centro del reproche.
El relato oficial frente al precio en el supermercado
Frente a los datos de la cesta, el relato institucional sostiene que España es el segundo país de Europa con menos inflación y que la armonizada no estaba tan baja desde marzo de 2021. La respuesta desde la tribuna de la calle es que las cifras no cuadran con lo que se paga en caja. La brecha entre el dato macro y el ticket de compra es, en sí misma, el fenómeno.
El cierre del asunto no lo da ningún índice. Lo da el precio en origen del aceite, que sigue creciendo sin techo y pulverizando récords. Mientras el árbol no reciba agua, la estadística podrá decir lo que quiera: la botella seguirá subiendo.