Renunciar a la herencia de un piso en Málaga para evitar el pleito
Un inmueble comprado en 1987 en Málaga, sin reformar desde entonces y con un valor que en el hilo se calcula en torno a 200.000 euros, tiene un heredero que ha decidido no quererlo. Según el propio interesado, la renuncia pura y simple a la herencia evita impuestos, deudas y obligaciones ante Hacienda. También evita un pleito que ya estaba servido. El padre falleció hace unos meses y el reparto sigue sin firmarse.
La clave está en un papel: el testamento. El fallecido dejó a su esposa como usufructuaria de todos sus bienes y a los hijos como herederos. Nada más. Con ese documento y el régimen de gananciales se reconstruye el reparto, y el resultado explica por qué la renuncia a la herencia empieza a parecer una salida razonable.
Qué reparto fija la ley cuando hay gananciales y usufructo
El piso se compró estando ya casado —en la escritura consta el nombre del cónyuge— y nunca se usó como vivienda habitual. En régimen de gananciales, la mitad es de la madre por derecho propio. Del otro 50%, la mitad va a cada hijo:
un 25% para cada hermano. La madre suma además el usufructo vitalicio sobre el resto.
Traducción práctica que hacen varias intervenciones del hilo: el inmueble queda bloqueado mientras ella viva. Una de las aportaciones del hilo insiste en que
la sociedad de gananciales funciona como una empresa al 50%, y que eso se aplica a todos los bienes puestos a nombre del fallecido, salvo los heredados.
La factura que no aparece en el testamento
Aquí empieza el problema real. El impuesto de plusvalía se estima en
unos 2.000 euros por cada hermano, con un plazo de seis meses que vencía en enero de 2025 y la posibilidad de pedir prórroga. La parte de un heredero la pagaría la madre; la del otro, él mismo. «Porque tú tienes dinero», es el argumento.
Luego está el inmueble. Sin cocina montada, con el baño de la época y papel pintado de los años 80, la reforma se calcula en
unos 30.000 euros. Y eso sin contar IBI, comunidad y seguros, que siguen corriendo aunque nadie viva allí. Alquilarlo exige esa inversión previa y asumir el riesgo de impago. El propietario que reside fuera de España añade a la lista una obligación anual de declarar como no residente.
Cómo se sale de un proindiviso cuando el otro no quiere vender
El escenario es de manual:
el 50% para la madre y el 25% para cada hijo, con la hermana ocupando el piso y negándose tanto a comprar la parte ajena como a vender la propia. No tiene un euro. La salida legal existe: la extinción de condominio, que en última instancia puede acabar en subasta pública, donde el bien sale a la venta y el importe se reparte.
El proceso es largo, caro y desgastante. Se plantea otra vía más rápida y peor pagada: vender el porcentaje a fondos o particulares que compran proindivisos, acostumbrados a pleitear. Se saca poco, pero desaparece el marrón. Y hay quien recuerda que la renuncia también puede doler: si la otra parte acaba vendiendo el piso completo, el que se quedó fuera se queda fuera para siempre.
La renta antigua, la hermana de 50 años y el Ingreso Mínimo Vital
El otro piso es un alquiler de renta antigua de los años 70, subrogado a nombre de la madre, pensionista con
1.000 euros al mes. Cuando ella falte, la hija pierde la protección en un par de años. Tiene 50, ninguna experiencia laboral y ninguna cotización: no llega al subsidio de mayores de 52. La alternativa que se menciona es el Ingreso Mínimo Vital.
La decisión final: renunciar
Finalmente se ha optado por rechazar la herencia. El razonamiento: no pagar plusvalía, no cargar con obligaciones fiscales de un inmueble que no se va a disfrutar, no seguir discutiendo cada conversación familiar. «Que cada palo aguante su vela».
Queda un dato sin resolver. Si la herencia se rechaza, el piso queda en manos de la madre y de la hermana, y quien trabajó desde que le correspondía no hereda nada mientras la otra recibe un inmueble en una ciudad cara sin haber cotizado jamás. ¿Cuántas herencias españolas van a acabar así, con un piso que nadie puede pagar, nadie puede vender y una familia que deja de hablarse?