Perdió 6,5 millones de la Bonoloto y el juez exculpa al banco
Un vecino de Castellón ganó cerca de 6,5 millones de euros en la Bonoloto en 2005 y acabó pidiendo cuentas en los tribunales. Su demanda contra el Banco de Santander, en la que reclamaba una indemnización por mala praxis en el asesoramiento financiero, fue desestimada. La cifra que rompe el relato no es el premio, sino otra mucho más pequeña: según la perito de la entidad, las pérdidas de la cartera de fondos de inversión no llegaban al 1% de los 3 millones colocados y se cuantificaban en
29.743 euros. Con ese dato sobre la mesa, el destino del resto del dinero nunca quedó del todo explicado.
Francisco Guerrero se dedicó toda su vida laboral a la
pesca, la construcción y, durante un periodo breve, a la hostelería. En el juicio declaró su hijo, que lo acompañaba a la mayoría de las gestiones bancarias: ni él ni su padre entendían de fondos, y firmaban sin leer porque confiaban «plenamente» en la entidad. El banco, según su versión, les presentó aquellos productos como seguros y sin riesgo. El propio Guerrero lo resumió ante las cámaras:
«Estoy muerto en vida».
Qué ocurrió con los 6,5 millones de la Bonoloto
La demanda pedía una condena por incumplimiento del contrato de asesoramiento financiero, mala praxis y daños y perjuicios. La sentencia descartó que la entidad hubiera incumplido su deber de dar una información clara y no engañosa en la contratación de los fondos de inversión. El fallo pone el foco en una operativa que va mucho más allá de una simple cartera: desde 2007 el cliente suscribió fondos, contrató un préstamo personal y firmó seis pólizas de crédito a favor de su empresa promotora.
Guerrero pidió al banco que pagara el daño causado y aseguró que ha ganado ya tres juicios «con la verdad». También dejó una frase incómoda: dijo que el premio fue su muerte, porque se lo quitaron todo y sostiene que no tiene ni para comer.
Ahí está la clave que la mayoría de resúmenes se salta. El producto estrella del caso —los fondos— movía 3 millones y, siempre según la perito del banco, apenas perdió 29.743 euros. El resto del patrimonio no se esfumó dentro de esa cartera concreta. Se fue por otras vías que la demanda mezclaba en el mismo escrito y que la sentencia no desglosa con la claridad que uno querría.
Perfil agresivo frente a cartera conservadora
Las declaraciones de los empleados del Santander dibujan a un cliente muy distinto del que describía su propia parte. El entonces director de la sucursal sostuvo que Guerrero tenía un
perfil inversor agresivo y que él mismo le advirtió de que cuanto más quisiera ganar, más riesgo tendría. Añadió que el cliente quería «ganar más del doble de lo que se pagaba en plazos fijos». Otros dos empleados coincidieron en calificarle de arriesgado y aseguraron que no tenía problemas en entender lo que se le explicaba.
La letra pequeña de esas mismas declaraciones introduce matices incómodos. Uno de los empleados reconoció que la mayor parte de los fondos eran garantizados, con una pérdida máxima del 10%, aunque también admitió que había productos de riesgo. «El global de la cartera de fondos de inversión era conservador», zanjaron.
El perito de la parte demandante llegó a la conclusión opuesta. Aceptó que los fondos eran seguros, pero señaló que otros productos contratados elevaban el riesgo hasta el
46%, de modo que la cartera general no podía considerarse conservadora. Un perito situó sus capacidades intelectuales en una zona límite respecto a la normalidad, y otro añadió que padece un trastorno de ansiedad y un cuadro clínico depresivo, con una causalidad que consideró «evidente» entre el conflicto bancario y la enfermedad.
Qué haría la mayoría con ese dinero
Puesto a imaginar el escenario, uno de los cálculos más repetidos del hilo es repartir los 6,5 millones en depósitos de varios bancos, cobrar lo que den y no complicarse. La cuenta mental que circula es sencilla: 150.000 euros al año durante 40 años, con un tope de gasto de 60.000 anuales los primeros veinte y revisión posterior. Otros bajan aún más la cifra y se autoimponen un sueldo de 3.000 a 4.000 euros al mes.
En el hilo aparece una tercera vía: casas, pisos y locales. La idea de que un alquiler en zona buena sostiene una familia sin sobresaltos —y sin necesidad de entender un folleto financiero— aparece una y otra vez. El problema es que ese camino exige lo mismo que el otro: saber qué se firma. Y eso, con un premio de lotería y un director de sucursal al otro lado de la mesa, es justo lo que, según los propios relatos del caso, no se hizo.
Con 6,5 millones en la cuenta y asesoramiento de por medio, ¿cuánto hay de mala fe, cuánto de mala suerte y cuánto de analfabetismo financiero que nadie quiso corregir a tiempo?