Vox ofrece sus 33 diputados a Feijóo sin exigir entrar en el Gobierno
El comunicado de Vox de este domingo tiene un destinatario claro: Alberto Núñez Feijóo. La formación que dirige Santiago Abascal se declara dispuesta a no exigir entrar en un futuro Gobierno del PP si eso evita una reedición del Ejecutivo de Pedro Sánchez apoyado por los grupos independentistas. El gesto, que el líder del PP calificó como «un avance» en la dirección de «reconocer la victoria» del ganador de las
elecciones generales, llega sin líneas rojas y con los 33 escaños de la formación sobre la mesa.
La aritmética, sin embargo, no da. El propio comunicado de Vox advierte del «peligro» que supondría un gobierno apoyado por Carles Puigdemont y la posibilidad de que Sánchez «acceda a un referéndum de autodeterminación». «No seremos la excusa de nadie para no avalar un Gobierno que respete los fundamentos de la Constitución», reza el texto. La jugada busca abrir una ventana que el PNV había cerrado de golpe: los nacionalistas vascos rechazaron cualquier opción en la que Vox entrara en la ecuación. Ahora, sin Vox en el Ejecutivo, esa puerta podría entreabrirse.
La aritmética de la investidura: 172 contra 171
En la primera votación de investidura se exige mayoría absoluta y el resultado es inviable. En la segunda basta con mayoría simple, y ahí los números cambian. Según un cálculo que circula en el debate, con la abstención del PNV —posible si Vox no entra al Gobierno— y la de Coalición Canaria, a Feijóo le saldrían las cuentas si Vox vota sí. Ese cálculo apunta a un escenario de 172 contra 171, con los siete diputados de Junts como ficha que nadie sabe si se presentará a la votación.
El problema es que Feijóo no tiene garantizado ni el sí de Vox ni la abstención de los nacionalistas vascos. El PNV ha reiterado que no apoyará al líder del PP. «Estimamos oportuno refrescar su memoria», respondieron desde el partido vasco cuando se les preguntó por un posible acuerdo. Hay quien sostiene que la formación vasca valora lo que perdería si facilitara un gobierno al PP en este contexto: el que Vox no entre al Gobierno no significa que el PP no necesite sus votos para legislar y aprobar presupuestos. Y en las próximas elecciones vascas, el riesgo de que Bildu gane terreno es real.
Por qué el votante de Vox no lo ve claro
La reacción en el electorado de Vox es todo menos entusiasta. Una parte significativa de sus votantes considera que el gesto es una claudicación. «Es sumisión, es abrir la puerta a que PNV y similares apoyen la investidura del PP porque VOX no va a pedir nada, anulación total», sostiene una corriente de opinión que se repite con variaciones a lo largo del debate. Otra parte lo ve como un movimiento táctico sin coste real: «Saben que Frijol no tiene ninguna oportunidad, así que el gesto les sale gratis».
El argumento más repetido entre los críticos es que Vox se arriesga a desaparecer como le pasó a Ciudadanos. «Si permiten el gobierno del PP después de haber sido vilipendiados, insultados y despreciados, VOX firmaría su desaparición», advierte una de las posturas más votadas. La comparación con el partido naranja no es gratuita: ambos comparten haber sido socios preferentes del PP y haber acabado diluidos en el espacio político.
Los defensores del movimiento, en cambio, ponen el foco en la lealtad al votante. «Yo como votante de VOX lo prefiero. Lealtad a nosotros ante todo», resume una intervención. Para este sector, el objetivo prioritario es evitar que Sánchez siga en La Moncloa, aunque sea a costa de gobernar en minoría y sin cuotas de poder. «Gran gesto el de VOX. Los españoles no nos merecemos otros 4 años de sufrimiento sanchista», añaden.
El precedente que nadie quiere repetir: Ciudadanos
La sombra de Ciudadanos planea sobre todo el debate. La formación naranja pasó de ser decisiva en el Congreso a desaparecer del mapa en apenas dos legislaturas. El paralelismo es inevitable: un partido que se presenta como alternativa al PP, que pacta con el PP y que acaba fagocitado por el PP. «A este paso acaban como Ciudadanos de tanto achantarse», sentencia una de las voces más repetidas.
La diferencia, argumentan otros, es que Vox no está pactando entrar en el Gobierno ni renunciando a sus escaños. «No veo que hayan hincado la rodilla», rebate una corriente que interpreta el comunicado como un órdago a Feijóo. «El ofrecimiento tiene veneno para Frijolito y compañía», añaden. La tesis es que Vox deja al PP en evidencia: si no logra la investidura, será porque no ha querido o no ha sabido, no porque Vox le haya bloqueado.
El problema de fondo es que Vox no puede hacer oposición a un gobierno del PP que ha ayudado a investir. «¿Qué oposición seria y coherente podría hacer si ellos mismos los han legitimado para gobernar, regalándoles sus diputados?», se pregunta una de las intervenciones más valoradas. Es el dilema clásico del socio externo: apoyas sin entrar y luego no puedes criticar sin desautorizarte.
El PNV y la ley electoral: el chantaje de los cuatro votos
La discusión deriva hacia el sistema electoral. Una corriente del debate sostiene que el problema no es Vox ni Feijóo, sino una ley que permite que partidos con pocos escaños condicionen gobiernos enteros. «Deben cambiar la ley electoral ya mismo a una doble vuelta porque es delictivo el chantaje constante de las minorías», reclama una de las posturas más repetidas. La propuesta de la doble vuelta electoral aparece varias veces como solución al bloqueo.
El PNV vuelve a ser el centro de todas las miradas. «Queda saber el precio de PNV que va a volver a sacar pasta de nuevo como siempre ha hecho por cuatro votos de mierda», apunta una intervención que resume el sentir mayoritario. La formación vasca ya ha sacado rédito en forma de inversiones y competencias en anteriores legislaturas, y todo apunta a que volverá a hacerlo.
Coalición Canaria entra en la ecuación con un papel menos comentado pero igualmente decisivo. «La señora Oramás no traga a Pedro Sánchez», recuerda una voz, lo que abre la puerta a su abstención. Con todo, el escenario sigue siendo frágil: «Puede ser peor. Puede que ahora PNV y Junts pongan un precio aún más alto y Pedro Sanchez acepte».
Qué puede pasar ahora: escenarios abiertos
El comunicado de Vox no cierra ninguna puerta, pero tampoco abre ninguna de par en par. Feijóo sigue sin los números y Sánchez sigue teniendo la llave de la amnistía y el referéndum. La repetición electoral, que muchos descartaban hace semanas, vuelve a aparecer en las quinielas. «Repetir elecciones sólo servirá para consolidar a la izquierda», advierte una de las predicciones más repetidas, aunque otros creen que Vox y el PP sacarían resultados similares.
La pelota está en el tejado del PNV. Si los nacionalistas vascos se abstienen, Feijóo puede ser presidente por mayoría simple en segunda votación. Si no, todo apunta a que Sánchez seguirá en La Moncloa con el apoyo de Junts y Bildu. La decisión de los cinco diputados vascos vale, en la práctica, un gobierno. Y su precio, como siempre, está por ver.
¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Vox para que no gobierne Sánchez? ¿Y hasta dónde el PNV para que no gobierne el PP? Las respuestas, a día de hoy, no están escritas.