Putin culpa a Occidente del conflicto y niega responsabilidad rusa
En un discurso televisado ante los líderes de los grupos parlamentarios y la directiva de la Cámara Baja en el Kremlin, Vladímir Putin negó cualquier responsabilidad de Rusia en la guerra de Ucrania y señaló directamente a Occidente como instigador del conflicto. «Nos dicen que nosotros comenzamos una guerra en el Donbás, en Ucrania. No, la desató este mismo Occidente colectivo al organizar y apoyar en Ucrania un golpe armado anticonstitucional en 2014», afirmó el presidente ruso. El mandatario insistió en que sus propuestas para un nuevo sistema de seguridad en Europa fueron rechazadas, al igual que sus advertencias sobre la expansión de la OTAN hacia las antiguas repúblicas soviéticas.
El discurso que reabre el debate sobre 2014
Putin dedicó buena parte de su intervención a reconstruir su versión de los hechos: las iniciativas rusas para un nuevo sistema de seguridad europeo habrían sido desestimadas, al igual que las advertencias sobre la defensa antimisiles estadounidense en el Viejo Continente. Según su relato, Occidente estimuló y justificó lo que calificó como genocidio de la población del Donbás. «Este mismo Occidente es el instigador y el culpable de lo que hoy ocurre», sentenció.
La reacción no se hizo esperar. Una parte del análisis sostiene que la OTAN lleva años buscando el enfrentamiento con Rusia y que ahora toca asumir las consecuencias. Otra corriente, en cambio, califica el discurso de cinismo puro y recuerda que Putin «siempre en el mismo canalla hasta que abandone este mundo». Entre ambos extremos, hay quien defiende que el presidente ruso «tiene razón» y que hacía demasiado tiempo que un político no decía lo que piensa.
¿Quién dio la orden de invadir Ucrania?
El debate derivó rápidamente hacia la autoría real del conflicto. Frente a la tesis del Kremlin, algunos participantes sostienen que la orden de invadir Ucrania la dio «von der Leyen», en referencia a la presidenta de la Comisión Europea, o que fue el «deep state americano» quien la impulsó. Otros replican que Ucrania invadió Rusia, invirtiendo por completo el relato. La discusión se enreda en acusaciones cruzadas sobre quién empezó qué y cuándo.
Lo que sí aparece con claridad en el material es la existencia de un golpe de Estado en 2014 como punto de inflexión. Hay quien afirma que «no hay soberanía nacional que valga cuando se echa al gobierno electo con un golpe de Estado apoyado por USA». La fecha se repite como bisagra entre dos interpretaciones irreconciliables de la legalidad internacional.
Sanciones, gas y el coste real para Europa
Más allá de la retórica, el análisis económico ocupa un lugar central. Se argumenta que las sanciones a Rusia han encarecido las materias primas que Europa sigue comprando: «Ahora compramos el gas a Rusia al doble que hace un mes. Y unas 10 veces más caro que hace un año», según un cálculo que circula en la discusión. El 40% del gas que consume España vendría de Argelia, y el resto de los mercados internacionales, de modo que el tensionamiento del mercado europeo eleva el precio en toda Europa, incluida España.
La comparación con Estados Unidos es recurrente: se sostiene que Washington ha desestabilizado, invadido y destruido multitud de países sin que se le apliquen sanciones equivalentes. La pregunta que sobrevuela el análisis es por qué el rigor se aplica a Rusia y no a otros actores. La respuesta, para algunos, es simple: aquí no hay bondad ni maldad, solo intereses.
El acuerdo de desnuclearización y la letra pequeña
El tratado firmado en 1994 vuelve al centro de la disputa. Una interpretación sostiene que Ucrania se desnuclearizó a cambio de que la OTAN no operara en su territorio, «golpe de Estado mediante». Otra réplica es tajante: «Fue desnuclearización a cambio de reconocimiento de la soberanía nacional y compromiso de no agresión, punto». La discusión se centra en si el texto permite o no la ruptura alegando cambios políticos internos.
El argumento jurídico se despliega con detalle: si firmas un tratado, al igual que un contrato, tienes que atenerte a su literalidad, y no vale aducir después motivos que no aparecen en el texto. La conclusión que se extrae es que Rusia habría roto el tratado sin una justificación reconocida por el derecho internacional. La objeción inmediata es que la legalidad la escriben los vencedores.
El Donbás como espejo de otros conflictos
La comparación con España aparece en varios momentos. Se plantea un paralelismo entre el Donbás y una hipotética Tabarnia, sosteniendo que si en Cataluña estallase una guerra civil por culpa de los separatistas, los catalanes que no tienen ningún problema por ser españoles serían los combatientes más feroces. El símil se usa para justificar la reacción rusa en términos de identidad nacional.
Otra línea de análisis se centra en las fosas comunes y los desplazamientos forzados en las zonas ocupadas o liberadas. La respuesta desde el otro lado es que las fosas las harán tanto rusos como ucranianos y que eso no demuestra nada. El intercambio se vuelve estéril cuando se cruzan acusaciones de crímenes de guerra sin que ninguna parte aporte pruebas verificables.
El discurso de Putin no ha cerrado ninguna puerta: ha vuelto a abrir la de 2014. Con las sanciones encareciendo el gas que Europa sigue comprando y el tratado de 1994 reinterpretado por cada bando a su conveniencia, el desenlace depende de factores que ninguno de los dos bandos controla del todo. La única predicción razonable es que el coste lo seguirán pagando los mismos.