Pisos de 1,7 millones en Madrid con vistas a un descampado
La promoción de obra nueva Skyline Madrid pone a la venta áticos de lujo en el barrio de Tetuán, junto al parque Rodríguez Sahagún, con precios que alcanzan los
1.700.000 euros. El proyecto se publicita con una piscina «infinity» y vistas panorámicas, pero la realidad del entorno que describen quienes conocen la zona dista mucho del folleto comercial. Un día nublado y lluvioso sirvió de telón de fondo para el vídeo promocional, lo que desató las burlas: «disfrutar de un día fantástico» mientras caían chuzos.
El precio por metro cuadrado resultante —en torno a
6.000 euros según los cálculos que circulan— ha puesto el foco sobre una operación que muchos consideran desconectada del mercado real. La horquilla va de los
440.000 euros por un dos habitaciones hasta el millón y medio largo del ático más caro. La pregunta que sobrevuela no es si es caro, sino quién demonios paga eso por vivir en Valdeacederas.
El barrio que no sale en el folleto
La promoción se ubica en el entorno del
paseo de la Dirección y el parque Rodríguez Sahagún, una zona que quienes la conocen describen como tensionada y con graves carencias de servicios. «No hay donde aparcar y estás al lado del parque más multicultural del norte de Madrid», resume un análisis repetido. La conexión con zonas comerciales relevantes brilla por su ausencia: la estación de la Vaguada queda a
20 o 25 minutos andando.
Hay quien va más allá y sostiene que el edificio se levanta entre áreas dominadas por bandas latinas, con episodios de violencia que la prensa local ha recogido. Esa afirmación, que circula con enlaces a
El Diario,
Telemadrid,
El Español y
La Razón, no está verificada de forma independiente y se atribuye a quienes conocen el barrio. Lo que sí es un hecho es que la zona ha cambiado en las últimas décadas: «cuando era chaval atravesaba ese barrio para ir de marcha al centro y nunca vi bandas», recuerda alguien que frecuentó el Pilar.
La estética tampoco ayuda. Los edificios, descritos como «colmenas sin personalidad» y «edificios cebra», recuerdan a un hospital más que a viviendas de lujo. La piscina infinity, ese supuesto argumento de venta, queda reducida a «un metro de ancho por diez de largo»: un charco de ranas, sentencia la crítica.
El cálculo del metro cuadrado que desmonta el precio
Más allá del precio de salida, el análisis fino llega cuando se calculan los metros útiles. Un piso anunciado con
54 metros cuadrados útiles reales —sumando cada habitación— y situado en primera planta, donde se pierde la principal ventaja de las vistas, roza el medio millón de euros. El precio por metro cuadrado se dispara entonces muy por encima de lo que sugiere el folleto. El desglose completo, partida a partida, arroja una diferencia que sorprende incluso a los más curtidos en burbujas.
La comparación con otros mercados es inevitable. Por ese dinero, argumentan algunos, se compra un unifamiliar «de sueño americano» en cualquier ciudad cercana a Nashville, Houston o Atlanta, o un casoplón junto al mar en Miami Beach Norte. Incluso dentro de España, en Málaga se anuncian viviendas desde
2.878.000 euros, lo que convierte el caso madrileño en una ganga relativa. O no.
¿Quién compra un piso de 1,7 millones en Tetuán?
La respuesta que se repite es incómoda: inversores extranjeros con capital opaco, compradores que blanquean dinero o simplemente especuladores que no piensan vivir allí. «Si no fuera por venezolanos ricos y demás, no compraba esos pisos ni el tato», sostiene una opinión recurrente. Los langostas —así se llama en la jerga a quienes alquilan pisos turísticos— ya especulan con el inmobiliario en la Gran Vía y les da igual el barrio mientras la rentabilidad siga subiendo.
Frente a eso, el comprador final que busca vivienda habitual no aparece por ningún lado. El perfil del hipotético residente es alguien con coche, porque salir a pie del edificio es poco recomendable, y con paciencia para juntas de vecinos en un bloque de 160 viviendas más 100 metros de terraza. Poca cosa para 1,7 millones.
La burbuja que no pinchó
El fenómeno no es aislado. La promoción lleva
dos o tres años acabada y apenas ha vendido. Mientras, a un kilómetro de distancia se levanta otro skyline que competirá por los mismos compradores. La conclusión que se impone es que el mercado de lujo madrileño se ha convertido en un juego de suma cero donde los precios suben porque alguien paga, no porque alguien viva.
El cierre no llega. Con estos diferenciales, la corrección debería ser inminente. No lo es. Y nadie termina de explicar por qué.