La Revolución Rusa en el cine: un vacío que el catálogo soviético llena mejor que Hollywood
El cine occidental ha tratado la Revolución Rusa como un telón de fondo exótico; el soviético, como una épica fundacional. Entre ambos, una laguna que en España apenas se ha explorado. La filmografía sobre 1917 y la guerra civil que le siguió es más rica de lo que el gran público supone, pero exige saber dónde mirar.
El clásico que no es lo que parece
Acorazado Potemkin es la referencia inevitable, aunque conviene corregir un error frecuente: no narra la guerra civil, sino la revolución de 1905. Para el conflicto posterior, la lista se amplía con títulos como Reds, de Warren Beatty, que conecta la izquierda burguesa norteamericana con el episodio histórico. La cinta se rodó en España, y en las minas de Alquife quedó durante años una vagoneta con letras en cirílico, resto de aquel rodaje surrealista en pleno franquismo.
La veta soviética: propaganda con conocimiento de causa
Hay quien sostiene que el cine soviético es casi todo propaganda, pero está hecho por gente que conocía Rusia desde dentro. Esa autenticidad se nota en obras como La infancia de Iván (1962) o Masacre: Ven y mira (1985), ambientadas en la Segunda Guerra Mundial pero impregnadas de esa «alma rusa» que el cine estadounidense no sabe capturar. El canal de Mosfilm en YouTube ofrece un catálogo inmenso de cine histórico ruso, desde la revolución hasta la caída del zarismo.
Dos joyas para el aficionado
Nicolás y Alejandra (1971), de Franklin J. Schaffner, retrata los últimos años de los Romanoff con ambientación fiel, aunque le pesan sus tres horas y la distancia emocional de sus personajes. Y para los que buscan épica siberiana, hay una película que narra la historia de dos familias a lo largo de más de sesenta años, comenzando con la revolución bolchevique de 1917. Dividida en cuatro partes, se hace amena pese a su duración.
Mientras el catálogo de Mosfilm siga accesible en YouTube, la brecha se irá cerrando. Pero no esperen que Hollywood la cubra: la revolución rusa sigue siendo un hueso duro de roer para la taquilla. Quien quiera entenderla, tendrá que mirar hacia el este.