El cruce dorado del S&P 500 acierta el 78% de las veces desde 1950
El cruce dorado del S&P 500 es la señal más celebrada del análisis técnico y, según las estadísticas, la más rentable: de los 36 precedentes registrados desde 1950, el
78% terminó en positivo con una rentabilidad media del
13%. El actual sería el número 37. Llegó con la ruptura al alza de la resistencia de los
4.100 puntos y con la media móvil simple de 50 sesiones cruzando por encima de la de 200. Y con dos avisos en el mismo paquete: en 2015 esa misma señal
falló, y una corrección hasta la antigua directriz bajista se llevaría por delante un 4% del índice.
Qué es el golden cross y por qué se considera una señal de compra
La mecánica es simple. Cuando la media de 50 sesiones supera la de 200, el mercado da por confirmado un cambio de tendencia. No es una fórmula mágica, es una convención que se cumple lo bastante a menudo como para mover dinero. En el caso del S&P 500 se suma el contexto: el índice ha roto la directriz bajista, ha hecho el correspondiente
pull back y acumula mínimos y máximos crecientes. El Dow Jones dejó atrás esa misma directriz tiempo antes y el Nasdaq lo ha hecho con un doble suelo incluido. Con esos mimbres, el sesgo técnico es alcista.
El escepticismo de fondo se resume en una vieja manía de mercado: cuando una señal técnica aterriza en los titulares generalistas, más de uno la lee como contraseñal. Es gratis. También es gratis equivocarse.
Tres precedentes, dos aciertos y un fiasco
La hemeroteca juega a favor. En julio de 2020 el cruce se activó con el S&P 500 en los 3.150 puntos; un año y medio después marcaba máximos históricos en 4.818, un 53% más. En abril de 2019 la señal se repitió y el índice subió cerca del 20% en los diez meses siguientes. El lunar está en finales de 2015: aquel cruce alcista no sirvió de nada. Ninguna herramienta es infalible, y el escenario admite correcciones, incluso violentas, en el corto plazo. La referencia bajista apunta a los
3.965 puntos, donde pasa la antigua directriz, un 4% por debajo. Por arriba, consolidar los 4.100 abre la puerta a los 4.300.
El cálculo completo de rentabilidades por episodio es más matizado que el titular, y ahí es donde el inversor paciente saca ventaja al que solo mira el gráfico grande.
Técnicamente alcista, fundamentalmente bajista
Aquí empieza la discrepancia de verdad. Los mercados no cotizan el presente: descuentan lo que creen probable, aunque se equivoquen. Por eso en los grandes suelos —burbuja tecnológica, crisis financiera— los datos de empleo, consumo y PIB son espantosos justo cuando el precio ya ha dejado de caer: lo malo estaba descontado. Quien exige que la macro confirme antes de entrar sostiene que la señal técnica, por sí sola, no basta. Quien mira solo el gráfico responde que el gráfico ya contiene la macro. Entre las dos corrientes se mueve el dinero de cada sesión, y la última palabra suele tenerla un dato de inflación o de tipos.
El DAX alemán también marca máximos, pero con truco
Europa no va por detrás. El DAX alemán cotiza pegado a máximos históricos, el Eurostoxx se ha anotado más de
450 puntos en apenas 40 días y el IBEX acumula un recorrido notable. Conviene un matiz que muchos pasan por alto: el índice alemán es
total return, es decir, incorpora los dividendos que reparten sus componentes. Eso infla la comparación con el S&P 500 y con el propio Eurostoxx, que no recogen ese efecto igual. Comparar rentabilidades sin ajustar esa diferencia es comparar peras con manzanas, y sirve para vender un relato que los números no sostienen.
Del DCA tranquilo al vértigo de los 5.600 puntos
Bajo el ruido de las medias móviles está el inversor de a pie. Hay quien acaba de entrar con un primer montante en un ETF del S&P 500 y quien reparte 300 euros mensuales en un MSCI World con un plan a veinte años y la convicción de que un mes malo es una ocasión para comprar más barato. Los productos no escasean: el fondo de Fidelity
IE00BYX5MX67 cobra un 0,06% y el Vanguard
IE0032126645 un 0,10%. La máxima del indexado —el mejor día para invertir fue ayer, el segundo mejor es hoy— se sostiene en la teoría.
En la práctica, cuando el índice rozó los 5.600 puntos y subía casi en vertical, el propio inversor reconocía el vértigo y el
FOMO de ver récords semana tras semana. La duda es siempre la misma: seguir aportando o guardar liquidez esperando una corrección. La respuesta honesta es que esperar tiene un coste, y el tiempo fuera del mercado no se recupera.
Con 36 cruces a la espalda y un 78% de aciertos, la estadística invita a confiar. Pero el 22% restante también existe, y la señal que tardó año y medio en dar fruto en 2020 es la misma que se apagó sin gloria en 2015. Si el S&P 500 consolida los 4.100 sin perderlos, el escenario alcista tendrá argumentos. Si los pierde, los 3.965 vuelven al mapa, y entonces habrá que ver quién sostiene el tipo.