¿Quién se ha gastado 50 millones de dólares en un esqueleto de T-Rex?
El fósil ‘Gus’, un Tyrannosaurus rex de 11,6 metros descubierto en Dakota del Sur en 2021, fue adjudicado por 50,1 millones de dólares en una subasta de Sotheby’s en Nueva York. Con 183 huesos conservados y un 63% de reconstrucción, es uno de los ejemplares más completos jamás hallados. Pero el anonimato del comprador reabre el debate: ¿deben estos fósiles acabar en colecciones privadas o pertenecer a la ciencia?
El negocio de los dinosaurios: de la ciencia a la especulación
La venta récord no es un caso aislado. Con la inflación desbocada y los tipos reales negativos, los activos tangibles —desde el arte a los fósiles— se han convertido en refugio para los ultrarricos. Como se ha señalado, la rareza objetiva de un esqueleto de dinosaurio permite tasarlo con menos subjetividad que una pintura, lo que lo hace atractivo como inversión. “Con la cantidad de nuevos ultrarricos excéntricos que no saben qué hacer con su dinero”, apunta algún análisis, el precio de ‘Gus’ podría multiplicarse en pocos años.
Pero el reverso es la pérdida para la comunidad científica. Sin acceso público al fósil, estudios futuros sobre biomecánica, evolución o paleoecología quedan limitados. La polémica no es nueva: en 2020, otro T-Rex llamado ‘Stan’ se vendió por 31,8 millones y acabó en un museo privado en Abu Dabi, generando críticas similares.
La sombra de la autenticidad y el coleccionismo de salón
La compra plantea preguntas adicionales: ¿quién necesita un dinosaurio de 11 metros en el salón? La ironía no falta cuando se sugiere regalarlo a la pareja en el aniversario, o cuando se menciona que el comprador podría ser Elon Musk. Una corriente minoritaria, escéptica con la reconstrucción paleontológica, cuestiona incluso si los dinosaurios eran como nos los pintan, apuntando que el “negocio” arrancó con un hueso hallado en el siglo XVII.
Sea como sea, el debate sobre la privatización del patrimonio paleontológico está servido. Mientras, el nuevo dueño de ‘Gus’ —quienquiera que sea— se frota las manos. O quizá prepara el caldo de huesos, como broma macabra circula en la red.