Er Fili 9/11 vuelve a internet: «soy ex vagabundo y ex toxicómano»
Hay regresos que se anuncian con nota de prensa y otros que llegan con faltas de ortografía, un prado de seis meses por delante y la promesa de «destilar saver». El personaje que firma como Er Fili 9/11 reaparece en un foro de geopolítica con un mensaje inicial que es a la vez autobiografía, manifiesto y currículum: ex vagabundo, ex toxicómano, ex presidiario, seguidor del Betis, fan de Los Chichos y de Rosalía. La comunidad responde como responde una comunidad: con burlas, con dudas y con un puñado de mensajes que, debajo del chiste, discuten si el personaje es auténtico o una imitación.
El texto de presentación no esconde nada. «La vida me trajo mierda pero yo soy bueno con ella», escribe, y agradece a varios participantes los discursos y las lágrimas derramadas por su vuelta. El detalle técnico —16 GB de RAM, tarjeta NVIDIA de dos gigas— funciona como declaración de intenciones: vuelve con máquina nueva y con tiempo.
«Un prado de seis meses para tomar decisiones tranquilamente», resume, antes de cerrar con un «DIOS ES GRANDE» que no admite réplica.
La autenticidad, a examen
La primera reacción no es de alegría. Un participante veterano sentencia que se trata de «una mala copia del Fili real» y le concede un 3/10, aunque reconoce el esfuerzo del troleo. El recién llegado responde con un desafío: «pongame a prueba, cosas que solo er fili sabe y que la IA ni podría saber». Y ahí empieza el problema, porque el propio veterano admite que del Fili original solo se conocen retazos: «era un hombre secreto, reservado, diría misterioso incluso».
La discusión se convierte en un ejercicio de verificación imposible. Un participante sostiene que es el auténtico y señala la fecha del 11 como un día importante. Otros recuerdan que desde que desapareció el original no dejan de aparecer imitaciones «como setas». La prueba definitiva que se propone es musical: qué canción elegiría el original. La respuesta no llega a cerrarse.
De la identidad al contenido: la música como argumento
El personaje no se queda en la presentación. A lo largo de la conversación va soltando reflexiones sobre la amistad tomadas de la
Ética a Nicómaco, distinguiendo entre la amistad por utilidad, la amistad por placer y la amistad por el bien. También defiende que «en la música hay mucha sabiduría encerrada» y que la diferencia la marca el intérprete, porque «es fácil que entren lobos con piel de cordero».
Otro participante aporta una lectura del Eclesiastés a través de una canción y advierte de que ciertas letras «parecen hablar de una cosa cuando están hablando de la contraria». El intercambio deriva hacia el Camino de Santiago, hacia
Galicia como tierra de agua y hacia la experiencia de caminar la Vía de la Plata. El relato del peregrinaje —entrada por Ourense, Pontevedra y A Coruña, cena en casas particulares, una carta escrita en Fisterra para desembarazarse de los pecados— es uno de los pasajes más concretos de todo el material.
Tensiones, bloqueos y un gallinero
No todo es cordialidad. El personaje denuncia haber sido ignorado por otro participante y sospecha que este usa una cuenta secundaria para leer sus mensajes. También relata una discusión con tres personas en la calle a las que describe con dureza y ante las que, dice, se limitó a señalar el cielo mirándoles a los ojos: «a veces basta con poco y se ahorra uno palabras».
La conversación se enreda cuando dos participantes empiezan a ajustar cuentas entre ellos y uno reconoce que están «troleando malamente» el espacio del recién llegado. El propio protagonista lo zanja con ironía: «el Tigre siempre me revientas mis hilos pero lo perdono». La pelea se cierra con un consejo mutuo de volver a la vida real y con una oferta inesperada: enseñarle a hacer pan.
El fin de los tiempos y el positivismo como método
El tramo final del material desplaza el foco hacia lo escatológico. El personaje dice sentirse triste por no haber sido «arrebatado» y concluye que le tocará vivir los tiempos finales, que sitúa en octubre. Lejos de dramatizarlo, anuncia que piensa afrontarlos «animoso y claro de espíritu, sin miedo a la muerte y con mi conciencia tranquila», y promete seguir poniendo «rumbas guapas» como los músicos del Titanic mientras el barco se hunde.
La mezcla de humor, mística de barrio y confesión personal es lo que sostiene el interés del texto. No hay datos verificables, no hay tesis comprobable, pero sí un personaje que se construye a sí mismo en tiempo real y una comunidad que no termina de decidir si le cree. La predicción más honesta es que la duda seguirá abierta: si vuelve a desaparecer, nadie podrá confirmar quién era; si se queda, la carga de la prueba seguirá recayendo sobre él.